viernes, 10 de junio de 2016

7670. TABIQUES CON BABAS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tabiques con babas.
Ayer, ante el Presidente de la república, empresarios nacionales del Consejo Mexicano de Negocios, anunciaron una inversión para este año de 33 mil 500 millones de dólares, que significan la creación de un total de un millón 735 mil empleos, que es casi otro tanto de los creados en los últimos tres años.

El presidente Peña Nieto, con ese motivo declaró: -"Soy el primero en reconocer que aún nos falta mucho por hacer. Al gobierno de la república, a su presidente, no escapa, no es omiso, ni es insensible de lo que está en demanda de la sociedad mexicana. Hay una clara demanda por una mayor seguridad, por tener corporaciones policíacas mucho más profesionales que estén a altura de combatir con mayor eficacia al crimen organizado (…) Tampoco soy omiso a reconocer que hoy hay una demanda por combatir la corrupción y la impunidad”.

O sea: la declaración del Presidente no tuvo nada que ver con el motivo de la reunión, pero como los analistas y comentaristas de política, junto con los más conspicuos miembros de su club tricolor, le están echando encima la responsabilidad por la tragedia electoral del domingo pasado, que atribuyen a su desempeño en el cargo y a que se muestra del todo ajeno -insensible-, ante los reclamos de la sociedad, pues, salió al paso para declarar que no es su culpa, con lo que sin darse cuenta, abona la sospecha general: los resultados electorales son un reflejo de lo que el peladaje piensa de él, de su equipo, sus compañeros de partido y los gobernantes que nos endilgan.

Propone este López aceptarle al Presidente su afirmación: no es omiso ni insensible (¿sabrá el Presidente que ‘omiso’ significa flojo, negligente y descuidado?... ¿usted qué opina?). Entonces, si no es omiso es ineficiente, incapaz, lerdo (que significa “tardo y torpe para comprender o ejecutar algo”), y sí, no parece ser un tipo flojo (omiso), luego debe ser algo de lo otro, muy probablemente, lerdo (lento y torpe). Y que no es insensible, lo podemos aceptar sin inconvenientes: si le duele, le preocupa, si llora que llora por los rincones al pensar en los males que aquejan a la patria, es lo de menos, que podría ser duro como un Plutarco Elías Calles, pero eficiente como un Plutarco Elías Calles y entonces, estaríamos muy lejos de estar como estamos.

También dijo el Presidente como adecuada respuesta al anuncio de tamaña inversión: “(…) nuestro gran lastre social que es el de la corrupción, lo he señalado y no soy omiso en decir que este es un fenómeno a veces de orden cultural pero también estoy convencido que se puede cambiar” (“y no soy omiso en decir”… mmm, no, no sabe qué significa ‘omiso’; bueno, no pasa nada, ya tendremos luego un Presidente que hable español, bien).

Si de verdad sabe que el “gran lastre social” es la corrupción, se le solicita a usted sea tan amable de regresar adonde dice ‘lerdo’, a menos que prefiera endilgarle otro adjetivo, por ejemplo: cínico. En lo personal prefiere el del teclado quedarse con ‘lerdo’, lento y torpe, porque para ser cínico se requieren dos cosas: conocimiento de la realidad y rapidez intelectual para presentarla de manera impúdicamente procaz, casi siempre burlona… y no, francamente no: lerdo, eso sí, lento, torpe (pues además, es muy torpe la autodefensa con baba, que esas cosas se demuestran como el andar: caminando, con hechos, sin saliva como sustituto de los actos).

Si en México según nuestro Presidente, la corrupción es un fenómeno cultural (que es tanto como decir que la corrupción es parte de nuestro modo de vida y costumbres), a quien menos le toca decirlo es a él como Jefe de Estado, digo, por pudor, que luego se puede enterar algún extranjero que somos un país de corruptos según afirma nuestro mero Presidente y francamente da penita (aunque algo hay de cierto… mucho); pero no debiera decirlo pues aparte, parece que se excusa a sí mismo y malandrines que lo acompañan (“ni nos critiquen, que todos somos iguales”).

Aquí entre usted y yo, y sin que lo vaya a contar por ahí: sí es cierto que la corrupción es parte de nuestra vida cotidiana, de nuestro modo de ser, pero eso no exime al Presidente de la obligación que tiene de meter en cintura a los que integran su gobierno (más si ya sabe del barro que están hechos o del que él supone, porque lo dice él), y más aún: no es excusa ni atenuante de sus propios actos y omisiones (“así somos los mexicanos, no sé de qué se espantan de mí”). 

Peña Nieto debería asumir que es responsable de cumplir y hacer cumplir la ley, y si hiciera eso, le aseguro a usted que atajaría muchísimo la corrupción, con y sin Sistema Nacional Anticorrupción, con o sin nuevas leyes, que dejar de robar no depende de qué diga la ley, se deja de tomar lo ajeno y ya (y con las leyes que hay, basta y sobra para meter al aro a los malos funcionarios).

Antes hemos clamado: que alguien ayude a este hombre. De verdad, que alguien se apiade de él (y de nosotros): dijo estar “convencido que se puede cambiar” eso de la corrupción como parte de nuestro modo de vida… o sea, “se puede”, con aroma a propósito de inicio de año, aspiración de seminarista a ser casto, promesa de alcohólico en recuperación. ¡Caramba!, no habla así un Presidente, “se puede”; un Presidente con sus actos habla y dice “ya se les acabó nenes”, y créamelo, mucho se endereza el rumbo si el Presidente le para el alto a sus gentes y le mete el santo temor de Dios a los gobernadores… con un par de cabezas que corte. “Se puede”, sí, nomás que el Congreso no aprueba las leyes mágicas que propuso, o sea: no es de él la responsabilidad, él ya hizo lo que pudo.

Agregue usted que a los presidentes en México los endiosamos con nuestra cortesanía y luego queremos que razonen como si pisaran la banqueta igual que cualquier mortal; eso es grave, pero mucho más cuando se trata de gente que considera la moral como una actitud romántica ante la vida, y sin moral, gobernar es construir con voces vacías (flatus vocis), con mentiras, y no se pegan tabiques con babas.

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