viernes, 10 de junio de 2016

7674. LOS PROTOCOLOS Y LA POLÍTICA MEXICANA 1.

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Los Protocolos y la política mexicana 1.

La aristocracia que disfrutaba, antes, enteramente del derecho al trabajo de los obreros, tenía interés en que éstos vivieran bien alimentados, sanos y fuertes. A nosotros, por lo contrario, lo que nos interesa es que los Gentiles degeneren. Nuestra fuerza radica en el hambre crónica, en la debilidad del obrero, porque éstas lo subyugan a nuestro capricho, y porque así carecerá en su impotencia de la energía y la fuerza necesarias para oponerse a ese capricho. El hambre dará al Capital más derechos sobre el obrero que los que jamás otorgaron a la Aristocracia la ley y el poder de los monarcas.
Los protocolos de los sabios de Sión.
(Protocolo III)


Leer Los Protocolos de los sabios de Sión, un texto anónimo que revela los planes secretos de dominación mundial de un grupo judío, es como leer el plan de ruta de la llamada dictadura perfecta o partidocracia, un sistema político, económico y social que ha impuesto en México un régimen de miedo y pobreza y que ha empujado a buena parte del pueblo a la corrupción, todo esto de acuerdo a uno de los objetivos básicos de los Protocolos: la degeneración del pueblo por todos los medios, entre ellos el hambre.

La degeneración del pueblo es uno de los objetivos del gobierno invisible, la degeneración física, mental y espiritual, para lograrlo se han propuesto mantener al pueblo, a la sociedad en el miedo y la pobreza.  En nuestro país la mafia partidocrática aplica muy bien las lecciones de los Protocolos aprendidas en sus diplomados en las universidades gringas de Yale o Harvard: mantener al pueblo en la miseria tiene grandes ventajas, la primera, que el pueblo tiene que desentenderse de la política enfocando sus escasas fuerzas en la satisfacción de las necesidades más urgentes. Además hay un beneficio electoral que se sintetiza en la ecuación: un pobre=un voto.

La degeneración física del pueblo se alcanza por diversos medios, entre ellos está la alimentación chatarra y la dependencia vitalicia a medicamentos que controlan enfermedades crónicas cada vez más extendidas. La vacunación en masa, el fomento de la vida sedentaria, el consumismo son parte de este plan de degeneración que se promueve desde el gobierno mexicano, por ejemplo, apoyando a la perversa Monsanto en sus fines de penetración en territorio mexicano.

La degeneración mental del pueblo sigue varios caminos, entre los más importantes, el control del aparato educativo. La férrea determinación del gobierno de Peña Nieto para imponer a sangre y fuego la reforma educativa,  la desaparición en el gobierno de Felipe Calderón de las materias filosóficas de los planes académicos de nivel medio superior y superior, las telenovelas y el fútbol, todo es parte de este plan de degeneración mental del pueblo.

En cuanto a la degeneración espiritual en este proceso intervienen la compra-venta del voto (acabar con lo que queda de la dignidad de las personas), la promoción del sexo y los matrimonios gay, el aborto y la religiosidad basada en el culto que se impone desde las más altas esferas de la jerarquía religiosa, las adicciones en sus más diversas presentaciones y el materialismo.

En los Protocolos se plantea abiertamente que uno de los objetivos es destruir la fe del pueblo:

 “He aquí por qué es necesario que nosotros arruinemos la fe y arranquemos de los espíritus Gentiles el principio mismo de la Divinidad sustituyéndolo por los cálculos y las necesidades materiales.

Estas sociedades sentirán repugnancia por la política noble y elevada y por la Religión. Su único culto, su única guía será el cálculo, o lo que es lo mismo, el oro, al que se tributará una verdadera adoración, por razón de los bienes materiales que proporciona.”.

Desde hace 40 años las políticas de combate a la pobreza de los gobiernos mexicanos han profundizado la desigualdad; la pobreza es uno de los pilares en los que la clase en el poder se sostiene.

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