lunes, 13 de junio de 2016

7678. TERCERA LLAMADA, TERCERA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tercera llamada, tercera.
Tía Linda (Hermelinda, nomás no lo ande contando), y tío Neto (Ernesto), formaron la familia menos funcional de entre la extensa galería de familias esperpénticas del lado materno toluqueño de este menda. Si llegaba usted a esa casa, estaba ordenada y limpia; si comía ahí, comía bien; los hijos iban a la escuela y los esposos se llevaban mejor que bien, porque el problema de tía Linda y tío Neto es que lo de ellos no era amor, era una enfermedad progresiva y no tenían cabeza para nada distinto a estar juntos y alimentar su mutua avidez voluptuosa que no respetaba horarios (más que Olga y Óscar, mucho más). Pensará usted que un matrimonio tan bien avenido, no es de criticar… sí, pero lo que no sabe es que los hijos (tres varones y dos señoritas), trabajaban desde muy chicos y mantenían la casa, se encargaban de todo y mandaba Neto Chico (el hijo mayor). Y los papás, muy felices, dedicados a lo suyo. Una vez pregunté cómo empezó eso y Neto Chico mismo me contó que sus papás con cierta frecuencia nomás se desaparecían, días y a veces semanas; cuando chicos, la abuela se los llevaba a su casa hasta que reaparecían los esposos. Los tíos acabaron solos cuando Neto Chico rentó un departamento y todos sus hermanos se fueron yendo con él. Solos se hicieron viejos y solos murieron. Triste.

Cuando el gobierno de este país nos explica que, con la pena, pero las muertes por la guerra contra el narcotráfico son algo así como una tragedia necesaria, porque nos tienen que devolver a como dé lugar la seguridad pública (y las cifras menos alarmistas son: 101,129 fiambres durante el sexenio del generalito Calderón; y del 1o de diciembre de 2012 a marzo del 2015, en lo que va de este sexenio: 62,176 difuntos, más los que calcule usted hasta junio de este año; en todo caso cerca de 165,000 muertos; agregue más de 24,000 desaparecidos… para entrar en escala compare usted con Vietnam, que dejó traumatizada a la sociedad yanqui con sus 58,159 bajas y cerca de 1,700 desaparecidos ¡y todavía no se les olvida ese horror!).

Cuando el gobierno de este país nos vende el actual conflicto magisterial como un mal necesario pues la ley en México se cumple a rajatabla (ese que se está riendo, ¡se me sale!), y que apenas descubrieron que algunos líderes de la CNTE son delincuentes, como si durante años no los hubieran padecido en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas, cometiendo flagrantemente delitos a plena luz del día, cerrando carreteras, bloqueando centros comerciales, tomando casetas de peaje, cerrando aeropuertos, todos esos, actos ilícitos, claramente prohibidos por la ley.

Cuando el gobierno dice que metió a la cárcel a la Ma’Baker Gordillo, cabeza visible del SNTE porque casi con espanto se dieron cuenta que debía impuestos por casi dos millones 200 mil pesos, que usaba dinero de procedencia ilícita y que como tenía cómplices parece que era delincuente organizada (pero deja a ese sindicato en manos de su mozo de estoques y segundo de a bordo).

Cuando todo eso, entra la duda y se queda uno pensando que puede ser que el gobierno esté haciendo lo correcto, puede ser, aunque sería deseable que ya dejaran la estrategia de matar mosquitos escopetazos, porque en lo del narco ha resultado peor el remedio que le enfermedad (y no se ve muy claro que la cosa esté mejorando mucho, digo, para el precio que se ha pagado), y que la limpieza de malos liderazgos sindicales fuera pareja. Pero, hablando en serio, sí piensa uno que bien puede ser que, aunque no nos guste, estén haciendo lo que deben hacer.

¿Por qué entonces está cada vez más enchilada la gente?... ¿porque a don Peña Nieto lo cacharon con lo de la blanca casita?... ¿porque don Videgaray es tan agradable como una gripe con diarrea?... ¿por qué?

Y vuelve a entrar la duda: ¿será cierto que la gente anda brava?... ¿eso del malestar social es de veras? Averígüelo Vargas…

Se pone uno a leer y a revisar. ¿Cómo saber que está pasando en México?, porque espero que no sea usted tan ingenuo como para suponer que el resultado de la última votación es la radiografía de neumotórax de la patria (el electorado ‘è mobile qual piuma al vento’, si no, explíqueme el regreso del PRI a Los Pinos).

Bueno, pues el que porfía mata venado: sí hay un indicador, de pena ajena, pero infalible: cuando la gente hace justicia por propia mano, se puede suponer que el gobierno no tiene la confianza de la ciudadanía; que las instituciones, tampoco; y que el gobierno falla en lo más importante: dar seguridad a la población y garantizar la impartición de justicia. Sí, señor, los linchamientos indican sin posibilidad de error cómo anda la relación entre la gente y el gobierno.

Nuestro país se ubica entre los países del mundo impresentables en este rubro. Según el estudio hecho por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), “Linchamientos en México: recuento de un periodo largo (1988-2014)”, en esos años, hubo 366 linchamientos (cifra africana, terrorífica); nada más en 2015, se contabilizaron otros 112 linchamientos, casi la tercera parte de los ocurridos en los últimos 27 años.

La gente lincha a quienes cree son delincuentes y los mata a golpes o los quema vivos, ¿por qué?... porque desconfía de la impartición de justicia, porque está harta de la delincuencia, porque el gobierno no le garantiza lo más elemental. Y ahí surge otra pregunta: ¿qué nos garantiza el gobierno en México?... seguridad no, ya quedamos, ¿salud pública? (¿sin medicamentos ni material de curación?)... ¿educación pública de calidad? (o nomás educación, como fuera): tampoco; ¿empleo?... ¿qué los impuestos se gasten bien?... ¿qué nos da el gobierno?

Aparte del espectáculo vergonzoso de su vida de boato, frivolidad y excesos, nada presentan nuestros gobernantes que amerite llamarlos así, y la gente, ya que no puede hacer todo, perdida la esperanza, se hace justicia por propia mano, injusta y brutal… pero no hay quien se las asegure.


Señores del gobierno, de todo el gobierno: tercera llamada, tercera.

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