miércoles, 15 de junio de 2016

7695. LA PUERTA.

REPORTE Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

La Puerta.

Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
Platón. (427 AC-347 AC)
Filósofo griego.


Un ser querido acaba de morir, en plena madurez. Lo importante es que es un ser de luz y ella lo sabía, lo sabe; ahora brilla más intensamente que nunca antes, en
la presencia maravillosa de Dios.

Cada vez que una persona cercana muere se nos plantean las mismas preguntas, ¿Por qué tenemos que morir? ¿Todo acaba con la muerte? ¿A dónde va el espíritu? Hay muchas respuestas a estas preguntas. Para algunas culturas orientales la muerte es el momento culminante de esta vida, viven conscientes de esto y se preparan, saben que desde el instante mismo en que empieza el fenómeno de la encarnación del nuevo ser en la matriz femenina, comienza la cuenta regresiva hacia la muerte.

Los cristianos creen que al morir van a vivir de nuevo en la Casa del Padre. La alegría de esta certeza es un bálsamo para los que se quedan, para los seres queridos de las personas que pasan a otra dimensión espiritual. No se entiende a católicos que sufren y manifiestan su apego a los seres que parten con expresiones dramáticas de dolor.

Para otros la muerte es una puerta hacia dimensiones superiores del ser, es una necesidad en el eterno proceso de renovación que es la vida en sus múltiples manifestaciones.

La muerte como regreso a las entrañas de nuestra Madre Tierra, como un proceso natural que es parte de la vida, ¿Para qué plantearse la vida en otras dimensiones? Es suficiente con vivir conscientes de que nuestras cenizas irán a parar al mar o a la Tierra y que, de nuevo seremos microbio, semilla,  oruga, planta, vida.

La sublimación de la existencia por la vía científica nos demuestra que la materia es una ilusión que se fragmenta en átomos, moléculas, antimateria, todo en diferentes grados de vibración, de luminosidad, y así hasta el más impenetrable acero, en una fusión que nos parece impenetrable sólo gracias a las carencias de nuestros sentidos perceptuales. Regresar a la Casa del Padre, al Paraíso de las religiones monoteístas es re-unirse con el Todo, dejar atrás la pesadez del cuerpo para perder nuestra identidad en el Gran Ser, en Dios, en el Tao.

La muerte como una puerta hacia otras vidas, a miles de vidas como creen millones de seres humanos: la reencarnación, otra forma de ver la trascendencia, el hecho esencial es la creencia en otra vida. La vida como un escuela en la que aprendes lecciones (A amar, a perdonar) que te llevan a niveles más altos de desarrollo de la conciencia.

Tantas interpretaciones como seres humanos.

Antes de cumplir su condena (beber la cicuta veneno que le provocaría la muerte), el filósofo Sócrates les habló así a los jueces que lo condenaron: 

“Reflexionemos también que hay gran esperanza que la muerte sea un bien, pues la muerte es una de estas dos cosas: ...o bien no es nada, no tiene sensación de nada, o bien, según se dice, es una transformación, un cambio de morada para el alma... Si es una ausencia de sensación es como una noche que se duerme y se descansa sin soñar...sería una ganancia maravillosa... Si la muerte fuera como emigrar de aquí a otro lugar y es verdad que están todos los que han muerto, ¿Qué bien habría mayor que este, jueces?...sería el colmo de la felicidad"... 

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