martes, 21 de junio de 2016

7708. “HOY ESTOY MURIENDO”

Por EVERILDO GONZÁLEZ ALVAREZ.
Ambientalista, periodista, reportero, articulista y escritor.
Desde Zamora, Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

La Historia de Dos Arbolitos

Un buen día, de pronto me encontré en un lugar totalmente oscuro, no se veía nada pero era muy cómodo, todo era tierra a mi alrededor y todo estaba frío y en un clima mucho muy agradable. Así estuve unos pocos días, tiempo en el que creí que así permanecería, pero en una ocasión, sentí que algo de mí se extendía, que se sumergía y noté que a ese algo le salían unas pequeñísimas ramificaciones y sentí una sensación de satisfacción ya que por esas llamadas raíces me comenzaron a llegar nutrientes, además de un líquido que luego supe era el llamado agua, con los que me fortalecí y empecé a ir hacia arriba, al opuesto de donde iba una parte de mí que ahora no me cabe la menor duda, sí son lo que llaman raíces, éstas que además de nutrirme, me aferraban para que no fuera a ladearme o bien a caer.

 Lo que se llama mi tallo empezó a crecer y a crecer hasta que un día salí de la tierra al mundo exterior y así pude sentir el aire y conocí el sol, el agua y varios seres pequeños como yo que también iban saliendo de la tierra y pude conocer a los seres que llaman animales,  Qué hermosos ¡más las aves, esas que vuelan y que muy temprano se posaban en alguno de mis congéneres y que al oír su canto, pasaba momentos muy agradables qué bello canto el de esas aves, no se puede vivir sin esos agradables sonidos.  Las aves,  qué sonoro su canto y su plumaje, son para deleitar a cualquiera así como  esa forma de volar, qué vistosa la forma de ir por el aire. Yo volteaba a verlas y me quedaba atónito y quería seguir viéndolas pero ya luego se perdían, ya no estaban en mi vista y así esperaba un rato a ver si volvían pero ya en ese momento no, ya no volvían y su canto se escuchaba más lejos y más lejos hasta que ya nada se oía y ya sólo me quedaba la satisfacción del momento recién pasado.  Las aves,  ¡Qué hermosas¡ desde que las vi y escuché su canto, toda mi vida no dejé de admirarlas....

Al muy poco tiempo y cerca de donde yo me encontraba, salió de la tierra un ser de los de mi especie, tan sorprendido como cuando yo había salido, estaba como asustado, incrédulo ante tanta belleza que podía admirar y el solo verlo me causó mucha risa, y entonces él volteó hacia mí y se quedó peor de asustado de cuando salió y más risa me dio, se dio cuenta que así como era yo así él era también.  Muy pronto nos relacionamos e iniciamos una bella amistad y entonces comenzamos a jugar, nos inventamos un juego que consistía en que con nuestras ramitas espantábamos a los pequeños insectos que por ahí rondaban y cuando llegaban muy cerca de nosotros, cautelosamente los dejábamos acercarse más y más y entonces, según a quien le tocara, movía alguna ramita y el insecto se iba despavorido; ¡Qué risa nos daba¡ claro que había ocasiones en que algún insecto no se iba e insistía en pararse en nuestro tallo o en alguna de las ramitas, cuando eso sucedía, perdía aquél que no había logrado espantarlo, aquí entre nos, casi siempre ganaba yo pero en ocasiones me dejaba ganar para que mi amiguito se sintiera bien, porque aunque no lo crean, sí se entristecía si perdía y no se trataba de eso sino que  el chiste era divertirnos, pasar un rato agradable. Otro de nuestros juegos preferidos que habíamos inventado, consistía en ver quien atrapaba la mayor cantidad de hojas que soltaban nuestros congéneres mayores, era tan divertido, de pronto veíamos como una de esas hojas venía desde grandes alturas, y caía, y caía, y veíamos que venía en nuestra dirección y la tenía que atrapar a quien le tocara y había ocasiones en que alguna leve oleadita de aire la zarandeaba y la alejaba y entonces nos inclinábamos para que no se fuera y ¡zaz¡ quedaba atrapada y el festejo era tan enorme como enorme había sido el esfuerzo, En este juego nos tardábamos más tiempo ya que en ocasiones el aire era más fuerte y la hoja se iba desde arriba en otra dirección pero esto también nos sirvió ya que aprendimos a calcular las distancias.

Otro juego que no resultó tan agradable, consistía en balancearnos y con alguna de nuestras ramitas recogía tierra y se la lanzaba a mi amiguito, esto no le agradó ya que una de sus pequeñas hojitas se dobló y apareció en él un dejo de tristeza pero no dijo nada e intentó hacer lo mismo que yo había hecho, para compensar su tristeza, cuando me aventó la tierra, me hice el sorprendido, el molesto y entonces él se rió y yo de igual manera ¡Cómo recuerdo a mi gran amigo¡ ¡Qué divertidas nos dábamos¡ así jugando, nos pasábamos mucho tiempo a pura carcajada y carcajada y ni cuenta nos dábamos de que el astro rey, caminaba y de pronto ya lo veíamos en otro lugar y al rato en otro y así hasta que ya luego se ocultaba y entonces hacía acto de presencia  esa hermosura de astro, la luna que iniciaba su rondín por el firmamento  y ya entonces no se escuchaban los animalitos del bosque sino otros que más tarde supe eran insectos y para nada me agradaron sus ruidos ni a mi amiguito,  qué diferencia entre ellos y las aves, por eso ansiaba que el astro rey, el sol, volviera a aparecer para de nuevo  escuchar el canto de mis amigas las aves. Desde entonces pensé que la vida no es vida sin la vida, o sea sin las aves ¡qué canto¡ ¡qué plumaje¡ vaya que son de lo mejor que ha hecho el creador.

Los días iban pasando e iba creciendo. Me gustaba observar cómo mis ramitas se extendían y cómo las hojitas se iban haciendo más grandes y como cambiaban de color, de un verde medio claro a uno medio cafetoso lo que significaba que ya se iban a caer, que ya no formarían parte de mi ser, y también veía como mi tallito crecía y engrosaba y era algo bueno porque ahora ya resistiría mejor cuando llegara el viento, ése que al llegar a nuestros vecinos los pinos hace un sonido muy agradable. Todo en ese tiempo era tan bonito, tan divertido que se nos pasaba, a mi amiguito y a mi  sin darnos cuenta y en un momento ya era oscuro y los juegos se terminaban al igual que los ruidos y entonces reinaba una gran quietud que duraba hasta que la luz hacía acto de presencia, claro que, en ocasiones, la quietud la interrumpían los ruidosos insectos o algún otro animalito típico de esos lugares y que después supe formaban parte de la llamada fauna... Recuerdo esos amaneceres tan agradables, con un gran bullicio, con infinidad de sonidos, yo me quedaba atento observando cómo muchos animalitos salían a disfrutar de la salida de, a quien más tarde, consideramos nuestro amigo, el sol, disfrutaban asoleándose y yo disfrutaba viéndolos y me quedaba atolondrado viendo todo lo que sucedía y así me estaba y el tiempo pasaba más pronto pero en mí ser se quedaba un dejo de tranquilidad, de calma y me daba cuenta que eso me hacía bien.

Un buen día en que mi gran amigo y yo nos encontrábamos de ociosos, se me ocurrió otro entretenimiento que consistía en jugar con los troncos de los vecinos. Los dos amigos nos pusimos de acuerdo, nos inclinábamos  hacia el tronco más cercano y con nuestras ramitas le hacíamos cosquillas. qué risas soltaban¡ y nosotros felices a carcajadas con nuestras ocurrencias e insistíamos y más risas de ellos y más carcajadas de nosotros.  Unos minutos después recibíamos una buena regañada y las cantaletas llegaban: que no debíamos molestar a los mayores, que les debíamos respeto y toda una sarta de regaños. Un rato nos quedamos sin hacer nada como muestra de obediencia y después seguíamos con algún juego o con el mismo pero para que no se enojaran lo hicimos muy leve. Resulto que a la segunda vez oímos una voz estruendosa que nos dijo: estense quietos muchachos juguetones; tú Verdito, deja de jugar tanto y estate quieto y tú Cafito no hagas todo lo que te dice tu inquieto amigo, razona y determina qué es bueno y que no de lo que te dice tu amiguito.

Seguimos jugando pero de pronto reaccioné y me quedé quieto, pensativo, aquél gran  árbol se había dirigido a nosotros llamándonos Verdito a mí y Cafito a mi amigo, de momento no entendí esas palabras hasta que volvió a llamarnos así y comprendí que esos eran nuestros nombres, así nos llamarían todos. Mi amigo aceptó llamarse como lo nombraron y pues yo también y seguimos jugando pero yo procuré que no se me olvidaran los nombres. Volvimos a hacerle cosquillas y el árbol grande que nos vuelve a gritar que no lo molestáramos, lo dejamos en paz  pero también le pusimos un nombre, primero habíamos acordado llamarle Tronco Viejo pero optamos por ponerle Casca de cascarrabias, ese nombre le quedaba a la perfección pues nos había demostrado ser enojón, la verdad es que no lo era tanto lo que sucede es que no lo comprendimos por nuestro afán de jugar, y además cómo no se iba a enojar si lo molestábamos a cada rato, no solo el sino cualquier otro se enojaría pero ni modo a veces hasta los regaños nos caían bien.

Otro día, un  árbol ya más viejo y al que sí llamamos Tronco Viejo, y que estaba cercano a nosotros, nos explicó que todos los árboles mayores merecían nuestro respeto y Cafito me  preguntó qué era eso, pues no sé pero haz como que sí entiendes para que no nos diga más cosas y así lo hicimos y Tronco Viejo se calló y no volvió a dirigirnos la palabra en ese día y ya sin los regaños Cafito y yo volvimos a nuestros juegos que tanto nos divertían y nos hacían reír¡ qué vida tan bonita llevábamos qué momentos tan agradables, yo a veces deseaba que el tiempo no pasara, que el astro rey no se fuera y que la hermosa luna no apareciera para seguir con mi amiguito jugando, divirtiéndome a mis anchas, aunque también anhelaba que saliera la luna para admirarla  ¡qué belleza¡  a veces sentía cómo ella daba más luz hacia donde estábamos y pensaba que le gustaba que yo la viera y yo deseaba que me dijera algo, que me platicara y que se uniera a nuestros juegos, pero no, ella seguía en su lugar y yo en el mío junto a mi amiguito y mis maestros¡ qué hermosos paisajes se veían cuando la hermosa luna estaba en todo su esplendor. ¡qué inolvidables noches¡.

El tiempo pasaba y era verdaderamente asombroso la forma en que me sentía: mis raíces crecían hacia abajo y a los lados y encontraban otros muchos nutrientes para que mi tallito creciera y se fuera engrosando y mis ramitas también crecieran y se extendieran cubriéndose de las hojitas que me iban saliendo. Veía a mis congéneres y no me agradaba que un día fuera a ser como ellos, yo quería ser como estaba, así sin crecer y que mi amiguito Cafito tampoco creciera, que los dos estuviéramos como estábamos para siempre jugar y jugar y reír y carcajearnos. En ocasiones me quedaba viendo a mis congéneres y pensaba que creciendo ya no jugaría más y que tampoco apreciaría a los animalitos, en especial a las aves, y decía que a lo mejor de grande ya no me gustaría escuchar el canto de esas bellas aves y que pudiera ser que entonces, de grande, me llegaría a gustar el pavoroso ruido de los insectos y esto me ponía molesto y entonces les decía a mis raicitas que ya no me dieran nutrientes, consideré que así ya no crecería pero, Tronco Viejo me escuchó y me regañó.

Mira Verdito dijo en tono amable, si no te dan nutrientes tus raíces,  morirás, te irás secando y nada podrás hacer, deja que la vida transcurra como el creador lo determinó, crecerás y serás como nosotros y tu vida cambiará y harás otras cosas agradables, verás que cada tiempo de la vida tiene su razón de ser, si no fuera así no creceríamos y ten la seguridad que el creador no hubiera determinado las fases de nuestra existencia . Por eso es importante sacar provecho a los tiempos que tenemos, en cada uno encontrarás forma de tener satisfacciones, forma de divertirte.  Cuando seas grande te sentirás bien y te divertirás y disfrutarás de la vida como lo haces ahora, tú confía en el creador, siempre a lo largo de la vida hay satisfacciones aunque estas no siempre son las mismas. Ya cuando estés grande te gustará que el aire te roce y sentirás una agradable sensación que será una satisfacción y también podrás ver un amplio panorama y te deleitarás viendo en las alturas a otras aves que ahora no ves como los zopilotes y te quedarás perplejo con su vuelo, vuelan un buen rato sin mover las alas, casi siempre en círculos y al menos yo, me quedo pasmado viéndolos como se sostienen en el aire tratando de encontrar su alimento y verás y te divertirás también viendo a las llamadas águilas que tienen una extraordinaria vista y se quedan viendo a algunos animalitos como las ardillas o liebres y de pronto se les dejan ir y atrapan a los animalitos, su destreza para volar es admirable y verlas es una gran satisfacción; pero también verás a las llamadas nubes y tendrás la sensación de que caminan y las verás en un lado y luego ya verás cómo se alejan y así pasarás el tiempo en observación y aprenderás que sus diferentes colores significan algo, ya te habrás dado cuenta que cuando llegan nubes oscuras significa que caerá agua y que entonces nosotros debemos sentirnos contentos pues esa agua es necesaria para nosotros, tomamos la que requerimos y la demás la ayudamos a irse hacia abajo. Todo en la vida tiene su razón de ser, la vida solo es una y hay que vivirla así que tú y Cafito sáquenle provecho a cada etapa de nuestra existencia…

Tenía ya un poco más de un metro de estatura y aún no había descubierto lo bello del lugar donde residía; aún era pequeño y para todos lados solo veía tierra, a mi amiguito, a otros seres semejantes a mí y otros que llamaron mi atención ya que no se parecían a nosotros, ya después Tronco Viejo nos explicó que se llamaban pinos y nosotros encinos y que todos nos llamábamos árboles pero había clases que tenían su propio nombre, cada día aprendía más de la vida.

Mi amiguito Cafito, al igual que yo, crecía fuerte y sano y considero que se debía a lo bien que nos la pasábamos y claro al ejercicio que a diario hacíamos y a la despreocupación en que vivíamos pero también a que aprovechábamos bien el tiempo y claro que el ver y oír cantar a las aves era parte de nuestro alimento, eso nos ayudaba a estar bien, principalmente a mí que desde que las ví y escuché, mi vida es agradable.                                  

Un día en que jugábamos a atrapar hojas, noté  que mi amiguito Cafito se quedaba primero muy serio y luego agarró un color verde pálido, estaba asustado y así permaneció un ratito, yo lo observaba y no comprendía lo que le pasaba; en un momento dado se empezó a carcajear y más sorprendido me quedé.  Cafito se dio cuenta de mi asombro y carcajeándose , con una de sus ramitas me señaló su tronco y pude ver que por ahí iban unos pequeños animalitos que le causaban cosquillas, caminaban en fila india e iban subiendo hasta que le llegaron a una de sus ramitas y por ahí caminaron , dieron la vuelta y yo me quedé sorprendido pues veía como que algo buscaban y del asombro pasé a la risa pues de verdad era gracioso verlos. Mi amiguito intento ahuyentarlos con una de sus ramas pero su intento no tuvo éxito y entonces yo quise  ayudarlo y también intenté ahuyentarlos; en eso estaba cuando se oyó la voz de Tronco Viejo que nos dijo que no les hiciéramos nada, que se llamaban hormigas y que eran inofensivas para nosotros que a algunos arbustos si llegaban y arrasaban con sus pequeñas hojas y ramificaciones y terminó diciéndonos que pronto se bajarían solas y que era posible que otros días volvieran subieran bajaran y se fueran. Nuestras hojas- dijo- no les agradan y por eso nada hay que temer.

Nada les hicimos y solo nos quedamos quietos esperando a que como nos había dicho nuestro sabio amigo, ellas se bajaran y se fueran y ya cuando lo hicieron, soltamos la carcajada y ya nada hicimos. A diario íbamos aprendiendo más de la filosofía de la vida y habíamos visto que en Tronco Viejo teníamos a un buen maestro y él en nosotros a dos buenos alumnos que poco a poco lo íbamos apreciando por su sabiduría y por querer enseñarnos de lo mucho de la vida, lo llegamos a apreciar, vaya, a querer y el a nosotros.

Ya un poco más grande, con el tronco ya de buen grosor y las ramas más fuertes, nos encontramos con la novedad, mi amiguito y yo, de que ya no podíamos realizar algunos de los juegos favoritos, eso ya no era tan agradable pero ni modo, así es la vida, ya nos habían advertido que creceríamos y que algunos juegos ya no los haríamos, pero los momentos tan agradables de cuando jugábamos ya no los olvidaré.¡ qué momentos¡ en adelante solo tendría que recordar aquéllos momentos tan felices y claro que sí, sí es cierto que recordar también es vivir , recordar es una satisfacción que nos da la vida .

Un buen día en que Cafito y yo Verdito estábamos  jugando, se escuchó una algarabía cerca de donde nos encontrábamos y no comprendimos lo que pasaba. Se oían gritos, lamentos, llamadas de auxilio, llantos y nos quedamos azorados, atentos a lo que escuchamos. Unos minutos después alcanzamos a oír un ruido pavoroso, algo que jamás habíamos escuchado y el temor se apoderó de nosotros y nos quedamos azorados. El ruido seguía y preguntamos a Tronco Viejo, qué es lo que pasaba pero no nos escuchó, el ruido se oía cada vez más fuerte y vimos cómo muchos animalitos corrían azorados  sin saber a dónde ir o qué hacer, y entonces escuchamos algunas voces extrañas incomprensibles, no eran sonidos de nuestros congéneres, ni de animalitos, el no haberlos escuchado antes, me produjo una sensación extraña, algo nunca sentido.  Tronco Viejo por fin nos alcanzó a oír y como pudo nos explicó lo siguiente: miren- dijo con tono triste - más allá del área donde residimos los encinos, se encuentran otros árboles de los llamados pinos y en otros lugares ya lejanos  los cedros, son árboles muy elegantes y apreciados por unos extraños seres a los que llaman hombres, éstos son unos seres vivientes que se creen los dueños de todo y así se comportan y actúan.  Como se creen los amos de todo, consideran que todo lo pueden destruir a su libre albedrío.  

El hombre es el ser más destructivo de todos los que habitamos lo que se llama mundo, son totalmente irrespetuosos con otras formas de vida, dicen que  entre ellos mismos no hay respeto, y a  lo que llaman fauna o sea todos los animalitos como las ardillas y otros que irán conociendo, son muertos por ellos por el simple hecho de hacerlo, esto  a pesar de que muchos animalitos, en muchas ocasiones les alegran el momento como lo hacen muchas aves con su hermoso canto, algunos que los cuidan y los protegen como los perros y los gatos, y aún con todo, el hombre actúa como le da la gana sin, como les digo, el más mínimo respeto a otras formas de vida.  Lo que está sucediendo es que algunos de esos hombres, han traído unas herramientas que denominan sierras y con las mismas están cortando a nuestros amigos pinos porque dicen que con los troncos  fabrican muebles, papel y otras cosas que son útiles para ellos pero son inmisericordes y arrasan con todo a su paso. Afortunadamente los troncos de nosotros los encinos poco los aprecian  y hemos podido vivir en forma tranquila, sin preocupaciones, nuestras hojas sí son usadas ya cuando están secas, la tierra y las hojas son buenas para usarse en jardines de los humanos. El otro día me comentaba al Sabiondo, que algunos seres humanos ya han volteado hacia nuestros troncos y los quieren usar en lo que llaman tabiqueras y esta noticia ha sido motivo de preocupación entre los encinos, porque en cuanto se decidan, nuestra existencia estará en peligro, y, les repito, son inmisericordes.  

Resulta de verdad lamentable que nosotros o los pinos u otros árboles, seamos amenazados por esos extraños seres, el creador de nosotros no nos trajo a habitar estas tierras para ser usados por el hombre, él nos trajo aquí para convivir con él en sana armonía como lo hacernos con los animalitos a los que, inclusive ayudamos y protegemos, pero ellos son nocivos y como les digo, son irrespetuosos con otras formas de vida, si entre ellos mismos no se ayudan, no se respetan, si entre ellos mismos tratan de acabarse, qué podemos esperar nosotros y los animalitos, sólo ser destruidos, decía el otro día Sabiondo que la maldad se apodera de los humanos y que por eso disfrutan haciendo maldades.

Ya para terminar, debo decirles que nosotros tenemos una función que es de utilidad para el hombre, un gas llamado bióxido de carbono que en cantidades altas y junto con otros gases de efecto invernadero, provoca daño al planeta en que vivimos es el que más abunda de los que causan un daño como es el calentamiento global y que está provocando un CAMBIO CLIMATICO con consecuencias desastrosas, ese gas, nosotros  lo transformamos en aire puro, en oxígeno  para que el ser humano y los animalitos respiren y vivan bien. Lo anterior se los digo para que entiendan otra importancia de nosotros para el hombre, ayudamos a que ese gas disminuya en cantidades considerables y, mientras más árboles existamos en el planeta el ser humano menos problemas tendrá, pero eso él humano no lo entiende o no quiere entenderlo y se aferra a su maldad, a todo destruir, a todo dañar en algo que no alcanzo a comprender, en algo que no quiero comprender.                                

No pudimos conocer a esos extraños seres pero nos quedó una mala impresión de los hombres porque además, supimos que ahora que usaron la sierra y cortaron pinos, algunos pequeños mamíferos como las ardillitas se quedaron sin hogar y algunas pequeñas avecitas que apenas habían nacido, al caer los troncos y las ramas,  ellos murieron y los humanos no tuvieron la más mínima atención hacia ellas, esto me ha entristecido ¡pobres humanos¡ su maldad los acabará. Un rato después, cuando los hombres se llevaron los troncos, todo volvió a la normalidad pero el panorama a lo lejos y por abajo ya no era el mismo, Los comentarios de nuestros congéneres hacia el hombre no eran buenos y decían que esos seres encierran mucha maldad, me sorprendió escuchar que entre ellos mismos se destruyen, que unos acaban con la existencia de otros y que son inmisericordes con todo...

El tiempo pasaba y Cafito y yo nos volvimos adolescentes, nuestros troncos habían engrosado y ya teníamos una altura equiparable a la de Casca, por lo tanto, podíamos disfrutar del paisaje, todo alrededor era agradable digno de admirarse ¡ qué felicidad vivir en un lugar así¡ qué dicha la mía de formar parte de ese espectacular panorama.

Por las mañanas nos quedábamos quietos para escuchar los cantos de las aves, qué agradables e incomparables sonidos, qué manera de empezar el día, a eso le llamamos vivir, esos amaneceres nos daban vitalidad, ganas de seguir con vida y agradecer al creador.  Esos cantos, el astro rey, nuestro amigo el viento y la hermosa luna, los juegos, mi maestro Tronco Viejo, nuestro amigo Casca, mi gran amigo Cafito, el vuelo de las aves, qué más puedo pedirle a la vida.  Un buen día dos aves de las que llaman jilgueros- dejan escapar el más hermoso canto que podemos escuchar-  se posaron en una de mis ramas yo me quedé observándolas, algo se decían y se hacían, así estuvieron un rato y después se fueron pero pasado un corto tiempo volvieron, algo traían en sus picos, se posaron en mi rama y con aquello que traían empezaron a hacer un nido, la misma actividad la hicieron por un rato, se iban y volvían hasta que el nido estuvo terminado y una de las dos, se posó en el nido,  luego se fue con la otra y esto me causó sorpresa al igual que a Cafito,  pero entonces nuestro maestro nos explicó que luego volverían y ya verán- dijo- lo demás ustedes lo verán.

Una de las dos avecitas se echó en el nido y ahí se quedó. Tronco Viejo nos explicó a Cafito y a mí que el jilguero hembra pondría  huevitos y que ahí se quedarían en el nido hasta que salieran dos pequeñas avecitas, que se turnarían en esa actividad, que procurara no molestarlas y que , en lo posible, cubriera el nido con mis ramas para evitar que el sol las molestara. Tal como Tronco Viejo me explicó, así sucedió y me convertí en el guardián de los dos jilgueros, uno de ellos cuando no estaba en el nido, a todos nos deleitaba con su hermoso canto ¡qué alegría destilaba¡ comentaban que su canto ahora era más hermoso porque en él, el jilguero anunciaba la pronta llegada de sus polluelos, de sus hijos.  Cuando el jilguero que no estaba en el nido se iba en busca de comida, aquello se quedaba silencioso y entonces podíamos percibir el agradable sonido que hacían las ramas de los pinos cuando el aire las movía; definitivamente esto es vida y, no hay vida sin la vida.

Con la estatura que Cafito y yo teníamos, nos fue difícil volver a practicar aquéllos juegos que habíamos inventado cuando pequeños y ahora menos podía yo jugarlos pues no debía moverme mucho para que los jilgueros no se fueran, en ocasiones pronunciaba Verdito, mi nombre, para ver si las aves se lo aprendían pero eso no sucedió.

 Como en algo nos debíamos entretener, se nos ocurrió a mi gran amigo y a mí que cuando nuestro aliado el sol nos pegara de lleno, con nuestras ramas podíamos formar figuras que se veían en la tierra y en los troncos. Este juego era divertidísimo ya que a veces figuramos que se formaba alguna ave, alguna ardilla y un día hasta figuramos que era un hombre, un humano el que se formaba pero esa la desvanecimos rápido, ese ser no nos había causado buena impresión y el solo recordarlo nos causó angustia.  Nunca nos explicamos el por qué ese ser, el hombre, acumulaba tanta maldad, ese afán desmedido de todo destruir, el solo recordarlo nos llevó a terminar el juego 

Un buen día, Tronco Viejo nos habló de una parte de lo que él llama: FILOSOFIA DE LA VIDA: miren Verdito y Cafito --dijo nuestro respetable maestro--,  a esta época que estamos viviendo se le conoce como primavera y es la más agradable de las cuatro que existen y que forman una etapa llamada año, aquí nuestras amigas las plantas silvestres se cubren de bonitas flores que hacen que el panorama luzca aún más hermoso y algunas especies de árboles también florean, las aves es cuando más se lucen entonando sus agradables y bonitos cantos, esos que nos dejan pasmados, también es cuando, en general, a los animalitos les da por continuar con la preservación de la especie y ya ustedes están viendo que algunas aves ya tienen familia y en unos días más conocerán a muchos pequeñuelos que salen a asolearse y a jugar acompañados de su mamá y que tienen muy pocos días de vida. Debo decirles que ya estamos a la mitad  de la primavera  esto ya lo han vivido ustedes pero no ubican en que parte vivimos de lo que llaman año. En unos días más empezará el verano ya estando en plena temporada de lluvias y después vendrá el otoño, en ese tiempo, como ustedes ya han notado, muchísimas de nuestras hojas caen al suelo y después otras más nos brotarán; la última época se le conoce como invierno y esta se caracteriza por los intensos fríos que se dejan sentir. En la última también, es cuando más sufren los animalitos que pueblan el bosque ya que la comida escasea y a consecuencia de los fríos, muchos mueren, aunque algunos otros realizan lo que se llama hibernación como los osos y algunas clases de tortugas solo que éstas últimas por aquí no las veremos, ellas habitan en otras áreas.

Es conveniente aclararles que los animalitos que ustedes ven y conocen no son todos los que habitan en lo que llaman planeta, no, existen muchos más que solo conozco por el nombre pero que no llegaremos a conocer porque en estos lugares no pueden vivir, Debo decirles que aun sin conocer a otros animalitos considero que los más bonitos y alegres son los que viven por aquí, como esas aves que a diario nos deleitan con su hermoso canto. Cuando las lluvias lleguen, procuren que sus ramas estén firmes, extendidas para que puedan soportar los vientos que acompañan a las lluvias principalmente cuando éstas se convierten en tormentas, no olviden que si alguna de sus ramas se rompe, no pasa nada, otras les brotarán . Cuando ustedes estaban chicos, el fuerte viento nada les hacía ya que los adultos evitábamos que los lastimara, nosotros los protegíamos pero ahora sí están expuestos y les puede hacer daño en cuanto a la cantidad de ramas y hojas que pueden perder para que estén atentos en ese aspecto.

Antes de dejarlos a que jueguen un rato, es importante decirles que en unos días más los hombres celebrarán EL DIA DEL MEDIO AMBIENTE, y que luego celebrarán  el DIA MUNDIAL DEL ARBOL o sea nuestro día , debieran ser unas fechas importantes  pero no lo son y todo se reduce a marchas y discursos, háganme favor, se ponen a caminar por las calles, llegan a algún lugar y ahí dan un discurso y así pierden el tiempo y absolutamente nada se hace para mejorar lo que ellos mismos destruyen ¡qué desfachatez¡  nada se hace para que nosotros vivamos mejor, muy poco o nada se hace para que nuestras raíces tomen agua limpia que no esté llena de gérmenes que son contaminantes; muy poco o nada se hace para que ellos mismos vivan en forma más sana, por eso, ese día todos los que habitamos el bosque, lanzaremos un SOS al ser humano para que nos ayude no destruyéndonos, que nos proteja y nos cure si algunos de nosotros enfermamos, que cuide a los pequeños y que nos vea como pobladores deseosos de vivir para  él, que nos considere sus amigos no sus enemigos y  nosotros en contraparte , le daremos salud para que viva bien, le retendremos agua que filtraremos para que  no le falte, le purificaremos el aire  y con algunas partes de nuestros congéneres, se harán medicinas para que se alivie de los males que le aquejan.  

En este SOS, también participará la fauna, Sabiondo ha establecido pláticas con los animalitos  y han estado de acuerdo en acompañarnos a emitir ese SOS al ser humano, que entienda que nuestra llamada aun es audible, que recapacite en su nefasto y destructivo accionar, con eso ellos y nosotros viviremos por más tiempo.  El Medio Ambiente está cambiando y ahora ya se habla de que padecemos un CAMBIO CLIMATICO que se da como consecuencia de la acción destructora del hombre y no como algo natural de nuestro planeta, recuerden que de esto ya les hablé un poco, pero nunca olviden lo que les repito: que el hombre es el ser más destructivo de la naturaleza, el más destructivo de sí mismo, tiene  un afán desmedido de destruir todo, atenta contra su hábitat sin importarle cómo vivirán sus congéneres en un futuro.  Tronco Viejo no dijo mas y Cafito y yo nos quedamos pensativos, habíamos  recibido una enseñanza inolvidable, ¡qué sabio era nuestro amigo, nuestro protector, nuestro maestro¡ también estimamos a Casca aunque fuera tan enojón y tan poco platicador.

Unos pocos días después, yo Verdito escuché que del nido que los jilgueros habían hecho en una de mis ramas, salía un sonido extraño, muy extraño. Entonces que volteo a ver a las aves y noté  en ellas un semblante diferente, se les notaba una gran alegría estaban felices y uno de ellos cantaba tan bonito como no se le había escuchado, ya después supe que la ave hembra no canta sino solo el macho.  El que estaba en el nido, de pronto se paró y pude ver a dos pajaritos de lo más extraño, sin plumas y  verdaderamente feicitos. Cafito y yo nos quedamos un buen rato observándolos pero, a diferencia de nosotros, para los papás esas dos avecitas eran hermosas, inigualables e incomparables y para nosotros ese suceso significó algo más en qué entretenernos.

Después que los papás jilgueros tuvieron a bien dejarnos ver a la prole, los volvieron a cubrir, pero era curioso ver cómo los alimentaban y cómo los polluelos  no tenían llenadera, todo el día querían comer y pues de comer y comer, empezaron a crecer muy rápido y luego unos días después, les empezaron a salir las plumas que los adornarían y poco a poco se empezaron a parecer a los papás y lo feo se les empezó a quitar y se parecían cada vez más a los papás: Cafito y yo no dejábamos de admirarnos cómo es el reino animal, cómo los papás defienden a sus hijos inclusive a costa de sus vidas y cómo los hijos nacen tan inofensivos, tan inocentes y tan tragones como lo habíamos visto con los jilgueritos. 

Los dos jilgueritos se volvieron muy latositos, todo el día querían comer y se la pasaban piando, y más cuando alguno de los papás se acercaba y así pasaron los días y yo me la pasaba a gusto viendo  a las dos avecitas. Pero de verdad que eran latositas, lo bueno es que ya a los pocos días  sus alitas estaban listas para volar y ya muy poco duraron en el nido, claro que cuando llegó el momento de que abandonaran su lugar de nacimiento, nos hicieron carcajearnos y no solo a Cafito y a mí sino a muchos de los mayores, aquí entre nos, fue la primera vez que vi reír a Casca y cómo no se iba a reír pues uno de los jilgueritos  en vez de elevarse se fue para abajo y se dio un buen zapotazo .y ya no podía elevarse hasta que el papá jilguero fue en su auxilio y a base de insistir, por fin logró volar, nos reímos de ver la cara de asustado del papá y del hijo, fue la última vez que vimos a los pequeños, pero afortunadamente los papás se quedaron  para deleitarnos con su canto y su presencia. No olvidaremos a esos animalitos que nos trajeron momentos agradables y que a mí, me enseñaron a respetar otra forma de vida, claro que como cuando se fueron aún no cantaban nos quedamos con las ganas de saber cómo sería su canto, si lograrían superar al de su papá, eso era posible aunque hay que decir las cosas claramente, el jilguero papá se pinta solo para eso del arte del buen cantar...

En ese tiempo Cafito y yo pudimos ver a una gran variedad de pequeños animalitos que muy contentos salían acompañados de su mamá principalmente, todos a cual más de juguetones,. Quien más nos causó gracia fue una pequeña ardillita que por varios días fue un verdadero espectáculo con todas las graciosidades que hizo: se subía a los troncos y desde ahí saltaba a alguna rama, después se iba corriendo por la misma y de pronto ya brincaba a otra y se pasaba al tronco y en uno se escondía en un agujero, qué risa nos causaban sus graciosidades,  parece que a veces jugaba a las escondidas pues se metía a algún agujero y no salía hasta que se le acercaba su mamá. Un buen día que la ardillita andaba deleitándonos con sus juegos, que se le ocurre bajar a la tierra y no se dio cuenta que la mamá coyote andaba paseando a sus cuatro hijitos y que poco a poco se le acercaba, ya estaba a poca distancia de la ardillita y consideramos que se la comería y nada podíamos hacer; solo que de pronto la mamá ardilla que corre y pone a salvo a su juguetón hijo, que risa nos dio porque, puso una carita de sorpresa y lo juguetón por ese día se le quitó, ya después se hizo más cautelosa.  

Quizás por el susto que pasó Tomita- así la llamamos Cafito y yo desde ese día- ya muy poco salía sola y un día la vimos acompañada de otras ardillitas y claro que las graciosidades que hacían nos dejaba un buen rato sin quitarles las vista y luego nos carcajeábamos, y así estábamos hasta que las mamás se las llevaban qué vida tan agradable teníamos con esas ardillitas.  Pero también los zopilotes tenían prole y un buen día notamos que en los aires había más de esas aves volando, claro que la diferencia en el arte de volar era notoria entre los papás y los hijos, esa forma espectacular de planear en el aire de los mayores era todo un deleite y los hijos pues no, les faltaba mucho para tan siquiera igualar a sus papás pero de todos modos nos deleitamos viéndolos por un buen rato y ya luego todos partieron, dijo Tronco Viejo que habían detectado comida y que por eso se iban. Pero también un día nos la pasamos viendo a la mamá coyote con su prole detrás de ella, los coyotitos muy juguetones y en ocasiones mordisqueaban a su mamá y ésta mediante un ligero manotazo ponía orden, dijo Casca que Sabiondo comentaba que a los coyotes se les llama mamíferos y que todos de chicos, a diferencia de las aves, son muy bonitos y juguetones y que la mayoría de ellos se alimentan de otros animalitos que cazan solos o en grupo y que solo de chicos, a la prole los alimenta la mamá.

Los días felices se vieron interrumpidos un día que hizo acto de presencia ese ser llamado hombre, Cafito y yo lo vimos porque de pronto todas las mamás de los pequeños animalitos corrieron a esconder a sus hijitos y se formó una gran algarabía seguido de un sepulcral silencio. Casca nos dijo que la presencia de ese ser nada bueno presagiaba y efectivamente no supimos a ciencia cierta qué hizo pero de pronto el aire se enrareció dificultando la respiración y todo se empezó a cubrir de lo que llaman humo y vimos como el hombre se alejaba y a lo lejos se perdía. Algo pasó y en poco tiempo todo volvió a la normalidad. Casca nos explicó lo que había sucedido: miren – nos dijo- ese ser destructivo, vino y prendió lo que se llama fuego y eso, es uno de nuestros peores enemigos, primero prende los pastizales, el viento fomenta que lo prendido se expanda rápidamente y si no se apaga, puede llegar a nosotros y acabar con nuestras vidas, nada podemos hacer contra el fuego, afortunadamente en esta ocasión llegó nuestra aliada la lluvia y acabó con ese pequeño incendio, hoy solo se quemó algo de pastizal pero la intención claro que era acabar con nosotros. Aprovecho para decirles que ya estamos en la época en que lloverá para que se preparen a disfrutar cuando caiga sobre nosotros, eso también es un deleite. Cuando algo como lo anterior   suceda, en que hubo fuego,  lo mejor que podemos hacer es mantenernos quietos sin que alguna de nuestras ramas se mueva para no provocar viento  y que el fuego, en lo posible, no se expanda, siempre estén atentos y no olviden las enseñanzas, - terminó diciendo nuestro gran amigo, el enojón de Casca.-

Los días pasaron y el incidente del fuego quedó en el olvido, y pensamos que así sucedería siempre, que se quemaría algo pero que se apagaría en muy poco tiempo o que la lluvia llegaría y apagaría todo y nada pasaría , aun nos salía a relucir la ignorancia y la ingenuidad, aun no comprendíamos  la magnitud de lo nocivo que eran las acciones del ser llamado hombre. Nuestra ingenuidad no nos permitía comprender que ese malvado ser, con sus acciones podría terminar con nuestras vidas, con nuestra existencia  y que en un momento dado nada podríamos hacer para evitar llegar al fin de nuestra existencia antes de lo que el creador determinó, porque es claro que el que todo lo puede, el creador, para nada quiso que la vida de los seres terminara antes del tiempo dado, pero el hombre actúa contra su voluntad en una lamentable realidad.

Un buen día, muy temprano, cuando nuestro amigo el sol, aun alumbraba otra parte del planeta y la hermosa luna nos decía adiós, la luna ¡qué hermosa¡ ¡qué forma de plasmar la belleza en un ser como la luna¡ a diario no puedo dejar de admirarla y más cuando es lo que llaman luna llena, vaya, me deja anonadado, quisiera que no se fuera, quisiera tenerla junto a mí para decirle cuán hermosa es….  Casca  nos dijo que había llegado el día en que todos los habitantes del bosque, lanzaríamos una llamada de auxilio al hombre, miren- nos dijo- hoy que es 5 de Junio , ese ser llamado hombre celebra el DIA DEL MEDIO AMBIENTE, y hoy nosotros nos manifestaremos para que él vea hacia nosotros y termine su accionar destructivo ya que: ese ser ha seguido atacando a nuestros congéneres, en lo que antes era verde, ahora es café, el artefacto llamado sierra no ha cejado en su accionar destructivo y el fuego que es otro de nuestros grandes enemigos, cada vez se aprecia más seguido destruyendo todo a su paso y nuestros amigos, los animalitos, también resienten ya que su hábitat se destruye y muchos mueren. Estamos esperando que nuestro estimado y sabio amigo Tronco Viejo, termine de ponerse de acuerdo con otros sabios del bosque y nos den la señal para lanzar el SOS que consistirá en que todos los árboles que habitamos el bosque  moveremos nuestras ramas y emitiremos un sonido que  nuestro amigo el viento llevará al hombre.  De igual manera, nuestros amigos los animalitos se unirán y dejarán escapar el sonido que cada uno emite.  

En ese momento no habrá risas, ni júbilo, nosotros nada tenemos que celebrar y sí mucho que lamentar cuando la sierra y el fuego truncan la vida de los que habitamos el bosque, tampoco los animalitos tienen nada que celebrar y sí mucho que lamentar; cuando ese maléfico ser destruye su hábitat y en los incendios muchas crías mueren, así es que Verdito y Cafito, estén atentos y manifestémonos y lancemos la llamada de auxilio para que ese ser sea consciente de que lo necesitamos y de que él nos necesita y que si vivimos el uno para el otro, él gana más que nosotros porque le daremos salud, o sea: aire puro, agua potable para su uso y para las tierras de cultivo y evitaremos que el agua se escurra y llegue al mar sin ser aprovechada, y algo muy importante, seguiremos regulando el clima y manteniendo las tierras en buen estado para que no se erosionen, y el nocivo bióxido de carbono lo transformaremos en oxígeno para evitar aún más el calentamiento global de la atmosfera...

El momento esperado llegó y Tronco Viejo nos habló, miren – nos dijo dirigiéndose a todos-: hoy es un día muy especial para todos los que formamos parte de la naturaleza, y lo es porque  todos los sabios hemos coincidido en que la preservación de la especie está en peligro porque el hombre ha volteado hacia nosotros con intenciones de acabarnos, de extinguirnos y ante eso, nada podemos hacer, lo único es CREAR CONCIENCIA en ese ser llamado hombre de lo importante  que somos para él mismo. Si logra comprender esa importancia, entonces él mismo y nosotros viviremos muchos años como el creador lo determinó y la armonía será mutua. Tronco Viejo dio la señal esperada y todos llevamos a cabo la instrucción que habíamos recibido, un buen rato nos balanceamos de un lado a otro y agitamos nuestras ramas y provocamos ese lastimero sonido que era nuestra llamada de auxilio, el viento raudo y veloz acudió y se encargó de llevar el SOS  al hombre.  Pero también todos los animalitos del bosque habían abandonado sus nidos, sus madrigueras y se habían unido en un determinado lugar y ansiosos esperaron la indicación de Sabiondo y cuando la dio, todos lanzaron un sonido lastimero que intentaron, al igual que nosotros, que llegara al hombre ese era su SOS. Era admirable la concentración de todos en lo que hacíamos y yo me sentía contento, confiado en que lo que estábamos llevando a cabo iba a tener eco en ese ser maléfico, que nuestra acción sería escuchada y que el humano comprendería que agredirnos es una afectación para él mismo, que acabar con nosotros es cavar su propia tumba, que ir contra lo que ha hecho el creador es caminar hacia el sufrimiento y hacia su fin.

Fue muy confortante y agradable ver como los pequeños animalitos que nada sabían, acompañaron a sus papás al lugar indicado y cuando Sabiondo dio la señal, ellos emitieron un sonido intentando igualar al de los papás. En ese momento no hubo juegos ni nada que distrajera a todos de lo importante de ese momento.  Pero tampoco, en ese momento, nadie de los animalitos se quiso comer a otros, la cadena alimenticia se detuvo y se pudo ver juntos al coyote y al conejo y la ardilla.  También aquéllos pequeños congéneres míos que hacía poco tiempo habían visto la luz del astro rey movieron su pequeño tronco por un momento acompañando a los adultos.  Después de un buen rato, la quietud volvió al bosque y todos nos miramos con la esperanza de que nuestra llamada surtiera efecto y el objetivo de crear conciencia de nuestra importancia se cumpliera como lo queríamos. Y, ya como queriendo romper el silencio, las aves empezaron a emitir sus cantos, se les notaba contentas por la acción llevada a cabo y todos los demás animalitos se pusieron a jugar muy contentos y Cafito y yo nos volvimos a carcajear con sus juegos.

Después  de que los del bosque lanzamos el SOS al ser humano, todo volvió a la normalidad y ese día ya nada hicimos, reinó el más completo de los silencios y llegó la noche y la quietud continuó hasta el amanecer en que las aves entonaron sus hermosos cantos, siempre esos animalitos empezaban el día alegrándonos con su hermoso canto. Habíamos pasado un día muy importante  y  la fe nos acompañó porque imaginamos que un nuevo tiempo estaría con nosotros, un tiempo sin que el ser humano atentara contra nuestra existencia .Cafito que siempre estaba deseoso de que nos entretuviéramos quiso jugar a formar figuras con las sombras y así nos la pasamos un buen rato hasta que nos dimos un descanso, ya no habíamos inventado nuevos juegos y ahora ya solo podíamos entretenernos en eso aunque claro, hay que decirlo también nos divertíamos viendo a quien se le caían más hojas en un determinado tiempo o a quien de los mayores le sucedía eso pero, aún cuando no teníamos más juegos, los animalitos se encargaban de mostrarnos sus juegos y eso nos divertía y nos entretenía. Era muy claro que para Cafito y para mí no había pasado aún la infancia y siempre queríamos jugar en algo o con algo o simplemente nos entreteníamos viendo a otros, momentos inolvidables, esos eran tiempos para recordar.

Un día en que felices nos encontrábamos Cafito y yo tomando un descanso después de haber jugado a formar figuras con nuestras sombras, Casca nos habló: Verdito- dijo-pongan atención y vean allá a no muy lejos de aquí, viene uno de esos seres. Cafito y yo volteamos a donde nos indicaba y pudimos apreciar al llamado hombre que se acercaba a nosotros y que de pronto se detuvo, algo hizo, caminó y se detuvo  más cerca de nosotros y vimos que  el pasto ardía, ese ser le había prendido fuego y éste arrasaba con el pastizal. Como hacía viento el incendio se propagó rápidamente, y empezó a quemar algunos pinos y encinos  y el fuego se acercaba al área donde radicamos y el aire se puso oscuro y la confusión reinó; de nuevo nuestro peor enemigo, ese ser al que tanto servimos se empeñaba en destruirnos...

Tronco Viejo dio la voz de alerta y ordenó que nadie se moviera y pudimos ver que muchos animalitos, con cara de angustia, corrían buscando ponerse a salvo, mientras algunos otros eran alcanzados por las llamas y morían, principalmente los pequeños.  De igual manera muchas aves abandonaban sus nidos ante el temor de morir y ahí dejaban los huevitos, esos de los que ya no se verían a las pequeñas avecitas.  El fuego se acercó  y llegó a nosotros después de haber convertido a carbón a muchos de nuestros congéneres y pude ver cómo el fuego llegó a Casca quien no daba crédito a lo que sucedía y con cara de angustia  se dirigió a Cafito y a mí y nos dijo que su fin había llegado y que lamentaba no poder seguir acompañándonos, que se había encariñado con nosotros como no lo había hecho con nadie más, ya fue todo lo que alcanzó a decir y poco a poco fue reducido a carbón,  a cenizas  al igual que otros muchos y la nostalgia se apoderó de mí, uno de los seres más queridos había caído víctima del fuego, víctima del hombre y pude sentir nostalgia y ya después coraje.  

Era claro que nuestro SOS de nada había servido y que al ser malévolo nada le importábamos. Aún no salía de mi asombro cuando Cafito me habló, estaba angustiado pues varias de sus ramas ardían  y el fuego  amenazaba con llegar a su tronco y nada pude hacer por ayudarlo y solo escuché que me agradeció los momentos felices. Verdito – me  dijo- desgraciadamente hoy me despido de ti, de todos, mi corta existencia ha sido muy grata  en gran parte por ti que has sabido ser un verdadero amigo, qué momentos he vivido jugando contigo, definitivamente nada hay más hermoso que vivir pero si además se encuentra a un amigo como tú, la vida es aún más grata, como también lo es convivir con Casca  y Tronco Viejo y con todos los animalitos.  Ya no dijo más, ya no pudo y se derrumbó víctima del voraz incendio, mi gran amigo ya no estaba,  ya no volvería a verlo¡ qué tristeza, sí, ¡qué tristeza la mía¡ y me vi embriagado por la nostalgia de que los seres queridos se murieran. Yo no tuve tiempo de más lamentaciones o tristezas ya que el fuego estaba consumiendo varias de mis ramas, me volví a ver a Tronco Viejo quien apesadumbrado no sabía que decir pero se notaba la tristeza que le causaba la pérdida de Cafito y de Casca y de todos los congéneres y noté que sufría  y yo también sufría por la pérdida de mis amigos y porque el fuego me hacía estragos y nada podía hacer para impedirlo.

Cuando el fuego estaba consumiendo mi tronco,  sentí que gotitas de agua caían y detenían la acción destructora del fuego, pero ya  yo estoy débil, mi tronco está muy afectado y varias de mis ramas cayeron al suelo consumidas por el incendio. Los recuerdos que he contado vinieron a mi para aliviar mi dolor, la leve lluvia logró que el fuego no avanzara más  y salvara del incendio a Tronco Viejo y a la gran mayoría de los que habitamos el bosque  pero yo a quien pusieron y llamaron Verdito, yo que pensé que mi existencia sería de muchos más años, que seguiría viviendo como hasta ayer, con Casca, con mi querido maestro Tronco Viejo y con mi inigualable amigo Cafito, con todos los animalitos del bosque, deleitándome a diario con los hermosos cantos de las aves y disfrutando los juegos con Cafito y viendo los de los animalitos, yo Verdito, que supe apreciar y disfrutar la vida, yo que para mí lo que veo es lo más hermoso de la creación, yo que soy un enamorado de la hermosa luna y un admirador del astro rey, el sol, yo que agradezco al creador por haberme traído a este hermoso lugar, y por haberme permitido disfrutar de lo que él ha hecho para deleite de todos. Yo Verdito que con alegría y nostalgia he recordado los momentos de mi corta existencia, yo. Verdito, yo… HOY ESTOY MURIENDO.

                                                                  F I N.

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