martes, 21 de junio de 2016

7710. SIN MIRAMIENTOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Sin miramientos.
La generalidad de nosotros los del peladaje nacional, considera que el gobierno se ha pasado de blandengue, que nomás no mete orden y que cualquiera que junte a los de su cuadra, cierra calles, bloquea tiendas, toma gasolineras, pone retenes carreteros, asalta casetas de peaje y si andan de malitas, quiebra vidrios, pintarrajea monumentos y fachadas, incendia autobuses, y coadyuva a la limpieza del aire quemando llantas (para ni mencionar linchamientos, ciudadanos amarrados, secuestrados, rapados o lo que se le ocurra al autonombrado defensor de los derechos de todos, porque eso sí, todos esos que abusan de todos nosotros son nuestros defensores, para que se entere).

Sí, hay una cantidad suficiente de gente como para considerarlos mayoría, que ya está harta de la pasividad de la autoridad que encima, detiene vándalos y siempre los suelta, tarde o temprano, casi siempre pronto.

Al mismo tiempo, hay grupos ciudadanos aglutinados en una inmensidad de asociaciones, más ONG’s nacionales y extranjeras, organismos multilaterales continentales (la CIDH, por ejemplo), y mundiales (la ONU), junto con grupos de personas con sobrados motivos para la ira y la indignación, para los que el gobierno mexicano es represivo, usa excesivamente de la fuerza, y en suma, es culpable de todo tipo de atropellos (y cositas como Tlataya, no abonan a la defensa de la autoridad).

¿Cuál es nuestro gobierno, Sarita García dando consejitos que nadie atiende, o un orangután sanguinario a quien todos tememos?

La segunda opinión, que nuestro gobierno es un depredador de los derechos humanos, que recurre a la violencia excesiva y fuera de control, tiene un claro origen: los grupos opositores al régimen (grupos que ejercen su derecho a no estar de acuerdo y oponerse), junto con los que hablan por organizaciones no gubernamentales de donde sean, y desde organismos internacionales. Pero como el gobierno sabe todo lo que esconde, se defiende poco, sabedor de que no puede abrir los cajones y decir: -Pásenle a lo barrido, revisen lo que quieran – pues en este país ha corrido mucha sangre y alguna, por culpa directa de integrantes del gobierno, no es cosa de negar lo obvio. En pocas palabras: tienen razón los que odian al gobierno y lo responsabilizan de tanto abuso, odian desde la viudez, la orfandad y peor, buscando al desaparecido que no aparecerá.

La primera opinión, que nuestro gobierno ha permitido y permite toda clase de abusos sin que se le mueva el copete, es de esa gran mayoría que no alcanza nunca para hacer escándalo: carece de medios de comunicación y simplemente, no se organiza. También tienen razón, lo sufren frecuentemente y nunca pueden recurrir a ninguna autoridad que haga valer su derecho.

Pero igual ¿cuál es nuestro gobierno?... ¿el monstruo represor o el padrote indiferente a los abusos que sufre la sufrida damisela que lo mantiene, la Patria?

Nuestro Gobierno ha dado prueba sobrada de ser muy permisivo ante marchas, manifestaciones y grupos oposicionistas (que no de oposición, sino los que han hecho de oponerse una profesión, lucrativa por cierto, muy lucrativa). Así, cada año, “2 de octubre no se olvida”, con turbas de bárbaros que no saben ni qué pasó ese día del año 1968 y gozan de cabal impunidad; igual con las marchas del “Jueves de Corpus”, los cierres del Pejehová de calles y avenidas, todo género de marchas (unas justificadas y otras, no pocas, de peticiones estrambóticas).

Ahora, desde hace 30 años, los maestros ocupan plazas y jardines, cierran ciudades y zonas completas de ciudades, perjudicando comerciantes, viandantes y ciudadanía en general, sin que haya una autoridad que se atreva a decir esta boca es mía… ¿sabe por qué?... porque si así son “represores”, imagínese usted qué serían si usaran la fuerza legal para hacer valer el derecho de la mayoría al libre tránsito y ejercicio de su profesión.

Pero nuestro gobierno sí tiene cuentas pendientes y sí es responsable de las suficientes muertes, desapariciones forzadas, violaciones a los derechos humanos de los detenidos y falta de protección de migrantes, como para tener que aguantar a pie firme tanto grito.

El asunto es distinguir un detalle: no existe en México (dé gracias al Dios en que usted crea), una política de exterminio, una orden por secreta que fuera, de mandar a las fuerzas armadas y policíacas a matar a tal o cual grupo, a reprimir a golpes a los integrantes de este o aquél gremio, a nadie. Hay despelote, que es distinto (y a los que están en el palo de hasta arriba, sí les interesa que eso ya deje de pasar y que se aclaren los casos en que ha sucedido y se ha sabido, esto es: lo menos posible, para deteriorar lo menos posible su de por sí esperpéntica imagen ante la opinión pública mundial, que con la nuestra se limpian el extremo inferior de su sistema digestivo).

Ahora, aparte del lema de los 43 que tienen que regresar vivos, la nueva cantaleta es “diálogo sin balas”. Bonita cosa.

El problema no es tan difícil de entender: el gobierno, por lo que sea, no aplica parejo la ley, parejo y siempre; el gobierno, por lo que sea, tolera y hasta financia grupos dedicados a meter desorden; el gobierno, en pocas palabras no juega limpio.

En lo de moda, lo de la CNTE, el gobierno no destapa el podridero provocado por los anteriores gobiernos, federales y estatales, porque ese lodazal alcanza para salpicar a muchos de los de ahora, a muchos de sus correligionarios, a muchos que forman parte de la élite política. Y entonces es cuando apuestan al hartazgo de la gente, al cansancio de los que protestan, al paso del tiempo… y a poder comprar con dinero contante y sonante otra vez, a los líderes, para patear el problema, alejarlo de su sexenio, dejándolo vivo… y el que venga atrás que arree.

Necesita el país el arribo al poder de alguien que entienda que los problemas sociales diferidos se enconan, se agravan y que sí aplique la ley, más ahora que la gente los podemos rebasar con un independiente, nomás por joder, sin miramientos.

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