miércoles, 22 de junio de 2016

7715. SANGRE Y LLANTO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Sangre y llanto.
Lo del enfrentamiento el 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, con sus muertos y heridos, lógicamente merece la atención de las autoridades y de la opinión pública. Es asunto grave que ya provocó la visita de comisionados -cinco-, de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), visita que pone al país en la posición de alguna república del centro de África o el antillano Haití (… dicho con respeto).

Los señores comisionados de la ONU, se presentaron para “recabar toda la información necesaria para saber la situación que se vivió el domingo” (que le pasen copia a la PGR, y a la Fiscalía de Oaxaca); un tal Jan Jarab, oriundo de la República Checa (wiki dice: “diplomático, traductor y autor de cuentos de hadas”), es el representante en México del ACNUDH, quien emitió un comunicado en el que aparte de lamentar las muertes ocurridas, dice: “Mi Oficina hace un llamado para que se evite la violencia y las partes involucradas privilegien el diálogo sobre la confrontación con el fin de prevenir la repetición de situaciones como las ocurridas”. ¡Caramba, qué buena idea! (se le sugiere que vaya a alguno de los actuales bloqueos carreteros y se los diga a los de la CNTE).

Una breve anotación marginal de pésimo gusto: en la hoy República Checa, al término de la Segunda Guerra Mundial, fueron concentrados en el cuartel de la ciudad de Postoloprty, entre 800 y mil ciudadanos alemanes para su traslado forzoso a Alemania; fusilaron sin juicio ni causa a 763 (cinco menores de 15 años, entre ellos); los cadáveres fueron exhumados e incinerados, no se sabe ni su nombre. Aparte, apalearon a otros 10 mil civiles por ser alemanes. El hoy país checo, emitió una ley -la 115 de 1946-, declarando que no eran delito “los hechos cometidos como venganza por los crímenes del nazismo”. Eso jamás hemos hecho en México: una ley que legitime el delito, digo, cuando menos.

De regreso a lo de acá. En México la memoria colectiva es de patas cortas. La indignación por esto de Nochixtlán, pasará al olvido: pronto o no tan pronto, quedará para la marcha anual “¡Nochixtlán no se olvida!” Nuestra historia está salpicada de matanzas, casi ninguna aclarada, ninguna con culpables sentenciados.

Así nacimos como país, nomás recuerde la Matanza de Tóxcatl (mayo), en el templo mayor de México-Tenochtitlan, cuando el bruto Pedro de Alvarado, muerto de aburrimiento y aprovechando la ausencia de Hernán Cortés, se despachó entre 300 y 600 danzantes; Cortés regresó, se puso la enchilada de su vida y como los aztecas estaban con un coraje que no los calentaba ni Tonatiuh (el Sol), organizó la huida que hoy conocemos como “la noche triste” (el 30 de junio de 1520). Así empezamos (para ni mencionar la primera masacre, el 18 de octubre de 1519, en Cholula, cuando Cortés se escabechó a entre 5 y 6 mil aborígenes que le habían dado la bienvenida, los alojaron y los trataban a cuerpo de rey).

Este gobierno debería aclarar al menos esta matazón, de verdad, fuera cual fuera el resultado, para romper esa tradición mexicana de que matar por mayoreo o medio mayoreo no es punible. Le hago un recuento de algunas matanzas no muy antiguas (entre paréntesis va el número de fiambres):

28 de junio 1995, Aguas Blancas, Guerrero (17 muertos); 22 de diciembre 1997, Acteal, Chiapas (45); 13 de septiembre, 2008 La Marquesa, entonces D.F. (24); 3 de  septiembre, 2009, Ciudad Juárez (18, lo del centro de rehabilitación para adictos, se acuerda); 31 de enero, 2010, Villas de Salvarcar, Ciudad Juárez (15); 11 de junio, 2010, ciudad de Chihuahua (19 pacientes ejecutados en un centro de rehabilitación); 24 de junio, 2010, Acapulco, secuestro de 20 turistas, asesinaron 18; en Torreón el 18 de julio, 2010, matanza cometida por reos del Centro de Readaptación Social de Gómez Palacio, Durango, a los que con ese fin se permitía salir del penal (17 asesinados).

24 de agosto 2010, San Fernando, Tamaulipas (72 migrantes); 11 de octubre, 2010, carretera Culiacán-Las Brisas (8 policías ejecutados); 23 de octubre, 2010, Ciudad Juárez (14 asesinados en una fiesta); 27 de octubre, 2010, Tepic, Nayarit  (15 muertos en otra fiesta); 8 de enero, 2011 (19 ejecutados, decapitaron a 11).

6 de abril, 2011, San Fernando, Tamaulipas (193 cadáveres en 40 fosas clandestinas); 26 de mayo de 2011, Masacre de Ruiz, Nayarit (29); 21 de junio, 2011, Sierra Tarahumara (8); 6 de agosto, 2011, puerto de Veracruz (32); 25 de agosto, 2011, Monterrey, incendio intencional en casino (52); 20 de septiembre 2011, Boca del Río, Veracruz (35); 23 de noviembre, 2011, Culiacán (17 personas calcinadas); 24 de noviembre, 2011, Arcos del Milenio, Guadalajara (23); durante 2011, Victoria, Durango (340 cuerpos hallados en fosas clandestinas).

13 de marzo, 2012, Cadereyta, Nuevo León (se encontraron 49 torsos humanos); 17 de noviembre 2013, Ciudad Juárez (una familia completa, 8 asesinados); 30 de junio, 2014, Tlataya, Estado de México (22 asesinados, todo señala a soldados del  ejército); y aunque sea de uno en uno: 120 periodistas asesinados de 1980 a 2000; y 80 más de 2000 a 2016. Aparte de lo de Iguala, el 68, el 71, la Operación Cóndor, lo de Huitzilac…

Esta lista incompleta no es para que nadie piense: ¡ah, bueno, así se llevan!, de ninguna manera; por el contrario, es para que nos quede claro a todos que en algún momento de nuestra historia hay que acabar por siempre con esto y la única manera es que sepa todo mundo que siempre será perseguido y sentenciado. La impunidad es la madre de nuestros defectos estructurales, corrupción incluida.

De lo que le conté de la República Checa: 64 años después, la policía investigó y aclaró la masacre de Postoloprty. Los culpables no podían ser enjuiciados porque habían muerto, pero se aclaró, por justicia y para dejar en la historia del oprobio sus nombres.

Ya podríamos tomar ejemplo: caso por caso, tarde lo que tarde, cueste lo que cueste.


Este nuestro país no puede seguir en remojo de sangre y llanto.

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