sábado, 25 de junio de 2016

7728. DE PENA AJENA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

De pena ajena. 
Tía Clara, aparte de que se pasaba de guapa, tuvo fama por su facilidad para meter la pata, en las dos acepciones que tiene en nuestro risueño país: decir lo indebido, imprudente, inadecuado o incorrecto, meter la pata, pues; y la otra: la imprudencia amatoria, por lo que tuvo tres hijos de papás con identidad por determinar, sin casarse nunca y sin que nadie en la familia comentara nada, como si fuera lo más natural, aunque las señoras no le quitaban el ojo cuando andaban cerca sus maridos. Así las cosas, ya cincuentona, le dijo a la mamá de una sobrina de ella, que había salido con su domingo siete (ver segunda acepción de meter la pata), que quería darle unos consejos y la respuesta fue instantánea: -Tú… eres la última persona del mundo con quien quiero que hable mi hija, la última –chin.

Ayer en la Habana, Cuba, se firmó el fin parcial de las hostilidades en Colombia. Lleva 52 años el enfrentamiento entre el gobierno de ese país y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo). Desde 1964 está esa guerra contra una guerrilla que al principio parecía que iban a aplastar rapidito y resultó imposible de dominar por las armas.

A pesar de los acuerdos apenas firmados, eso no ha terminado: las FARC-EP, no son la única fuerza armada insurgente, también está el ELN (Ejército de Liberación Nacional), que según los expertos y el reciente informe “Colombianos en Venezuela”, entre ambas controlan cerca del 35% del territorio colombiano… aparte de cerca de otro 35% de territorio bajo influencia de las ‘Bacrim’ (Bandas Criminales), grupos paramilitares a los que han dado en llamar así, para distinguirlos de los otros paramilitares afines al gobierno (legalizados como ‘grupos de autodefensas paramilitares contrainsurgentes’), financiados por transnacionales extranjeras, hacendados y narcotraficantes colombianos (si quiere perder el sueño, lea el informe elaborado por la OEA el 14 octubre de 1993: ‘Segundo informe sobre la situación de los derechos humanos en Colombia’; de no dormir).

En resumen: qué buena noticia, pero es sólo el principio del fin de una situación terrible y sostenible (sí señor: sostenible, como ha probado largamente), en la que el gobierno de ese país cometió barbaridades, sí, pero del lado de las FARC-EP, no son pocas las más injustificables acciones, entre ellas y aparte de actos terroristas, secuestros que duran años o enrolar combatientes a la fuerza, el financiarse con el narco, aunque ellos lo llamen ‘impuesto a cultivadores para financiar su lucha contra el gobierno’.

Nuestro presidente, Enrique Peña Nieto, se presentó en la Habana a atestiguar la firma y congratularse por este relevante hecho. Muy bien… aunque sería de esperar que nuestro gobierno esté tomando providencias por las consecuencias que puede tener esto (seguro sí lo están haciendo), pues no pocas veces se ha dicho que nuestros narcos están enredados con las FARC-EP y que hasta reciben entrenamiento militar (no parece ser cierto, para eso tienen a los exsoldados de nuestro propio ejército, de donde salieron los temibles Zetas); lo que sí es cierto es que oficialmente las FARC (antes de agregar lo de EP), tuvo en México representación oficial (de 1993 a 2002), que cerraron para abrir una oficina semiclandestina en la mera UNAM (pero ya se cerró también y no dude que ya se fueron a su país todos ellos, claro, sí cómo no).

Ahora, lo que ya prevé el gobierno colombiano es que podrán combatir mejor y más ampliamente a sus narcos, con la ayuda de los de las FARC-EP, que parece se han comprometido a eso… o sea: acá se va a recrudecer el asunto o al menos, serán más cotizados los productos del narco nacional (al disminuir el abastecimiento colombiano).

De cualquier manera, nuestro Presidente, ayer dijo que “(…) México será parte de varios esfuerzos que vienen asociados a este proceso de paz (…)”, y que “(…) Es un gran paso para la pacificación y la armonía que debe privar en América Latina”. Pues sí, pero entremos en escala y proporción:

Según el informe de julio de 2013 del ‘Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia’, a esa fecha la guerra le había costado a Colombia, 220 mil muertes…. A ver, le repito: 220 mil cadáveres en una guerra que sobrecogía al planeta, que reclamó la atención de la ONU, la Unión Europea, la intervención de la OEA y la mediación de varios países para terminar con esa catarata de sangre… sí… pero en México, de 2006 a marzo de 2015, vamos en 166,262 fiambres (101,199 durante el sexenio de don Calderón y 62,176 durante la actual administración, hasta marzo del 2015), según la cuenta de ‘México Unido contra la Delincuencia’ y el semanario ‘Zeta’ (que anota sólo los muertos que se publican en prensa).

O sea: en nueve años, México lleva el 75% de los muertos que en Colombia acumularon en medio siglo… ¡esto es grave!, porque no va usted a comparar los más o menos 4,500 muertos al año de Colombia, con los casi 18,500 por año que estamos teniendo acá: esto es lo que hace que cada vez se metan más en nuestros asuntos las organizaciones internacionales. Ni cuenta nos damos.

Que nuestro Presidente se congratule por la paz en otro país de América está requetebien… pero es de risa loca decir que seremos parte en los esfuerzos de ese proceso cuando acá la cosa está pasada de castaño oscuro: somos un país en guerra que pretende que todo está discurriendo por los caminos de la normalidad democrática.

Por supuesto que es cierto el esfuerzo del gobierno por atajar el problema y resolverlo. Por supuesto sabemos que están fracasando en toda la línea y esto de Colombia, puede ser un factor que agrave lo que ya está así de mal (por eso es tan inmensamente imbécil crear problemas nuevos que no teníamos, como el conflicto con los maestros, por haber hecho a tontas y a locas eso que llaman “reforma educativa”).

Esto que fue a hacer Peña es un acto de simulación, ridículo en cualquier caso, porque todo el mundo sabe qué está pasando aquí.


De pena ajena.

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