sábado, 25 de junio de 2016

7733. HERMANOS EN GUERRA.

REPORTE -Z-

Por Rafael Gomar Chávez
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Hermanos en Guerra.

El hombre nace siendo malo. Se Le domina solo por la violencia y todos los medios son buenos para dirigirlo. Hay que saber mentir, traicionar, incluso asesinar cuando la política lo exige.
Adolfus Lupus Hitler (1889-1945).
Dictador alemán.


¿Quiénes son los 11 que murieron en el ataque en Nochixtlán? ¿Quiénes son los que mueren violentamente bajo el fuego de sicarios que impunemente recorren el país para matar? ¿Quiénes son los que matan? ¿Quiénes son los federales enviados por los gobernantes a asesinar sus hermanos? Todos somos pueblo, somos hijos de la misma Tierra, pero lo hemos olvidado. Hemos perdido la sensibilidad para reconocer que en la guerra que se libra contra el pueblo mexicano se utiliza al mismo pueblo para matar a sus hermanos.

Todos los días la nota roja informa de asesinatos en todo el territorio nacional. El impacto de los muertos en Nochixtlán, de los jóvenes de Ayotzinapa, es proporcional al número de muertos, pero cada día mexicanos anónimos son asesinados y su muerte no causa el mismo impacto. Karla Karina Garza García (Foto) fue asesinada impunemente frente a sus familiares en Apodaca, Nuevo León. La joven había perdido a su esposo que también murió de forma violenta; la pareja dejó a dos pequeños en la orfandad.

Si vemos los acontecimientos sin el filtro de las pantallas de televisión, de los editoriales pagados, la batalla no es entre dos bandos, es entre hermanos. ¿Los policías enviados a disparar a Nochixtlán son extraterrestres? Los sicarios que matan por dinero ¿son de otra especie? Los policías son también gente del pueblo, han perdido la dignidad, porque todo el que vende su alma al demonio del dinero y del poder, pierde su dignidad y todo el que mata a un hermano pierde su alma.

El éxito de los desalmados que nos gobiernan radica en la degradación sistemática del pueblo, de gran parte del pueblo; a unos los degradan obligándolos a vender sus votos por hambre, a otros a cambio de un empleo de golpeador, lo cierto es que lo que vemos es una degradación sistemática del alma del pueblo, como los dictan los sabios de Sión.

La dignidad humana radica en la libertad para elegir y en el reconocimiento de nuestro origen divino, conlleva responsabilidades, los soldados, los policías, los sicarios perdieron lo que diferencia a los seres humanos de los animales: su libertad de elección. Si el jefe les dice “ve y mata”, ellos van y asesinan. Tienen que obedecer. Por eso en los cantos de los rebeldes de los años 70 se cantaba “no quiero ser militar, madre, no quiero ser militar”.

Pero no sólo los sicarios perdieron su alma, también los jefes que les ordenan matar. El capo de la organización criminal, el presidente revestido de poder, el gobernador y el alcalde han perdido lo más valioso que tenían, su alma y su libertad.

Por eso los objetores de conciencia que se han negado a tomar las armas pierden su libertad física, pero conservan lo más valioso, su libertad espiritual, su libre conciencia. Cuando Muhamad Alí, el mítico boxeador negro que golpeaba más duro al sistema norteamericano que a sus rivales en el cuadrilátero, se negó a enlistarse en el ejército, se negó a tomar las armas para matar a sus hermanos y fue arrestado se transformó en un símbolo, en un símbolo de la libertad de conciencia.

¿Pueden creer que los poderosos gobernantes que enviaron a la policía federal a matar a sus hermanos en Nochixtlán conserven su dignidad? Los indios Hopi profetizaron una época oscura en la que muchos hombres perderían su alma, en busca del poder harían cualquier cosa por alcanzarlo y conservarlo. ¿No son éstos los tiempos oscuros de los desalmados?

Las palabras del perverso Adolfo Hitler son inequívocas, no es necesario un gran esfuerzo mental para darse cuenta que los principios de ese sujeto desalmado son los mismos que ahora ponen en práctica los que nos malgobiernan: “Hay que saber mentir, traicionar, incluso asesinar cuando la política lo exige”, afirmaba el maldito dictador alemán, es el mismo principio que siguen al pie de la letra los que despachan desde sus lujosas oficinas de gobierno y de los partidos políticos, son los mismos, son los desalmados.

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