miércoles, 29 de junio de 2016

7741. MALA PATA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Mala pata.
Maestros detienen y humillan a policías federales, los arrodillan, los traen descalzos; las violaciones a los derechos humanos por parte de la policía y fuerzas armadas son terroríficas. Se aprueba el Sistema Nacional Anticorrupción, el Presidente veta que los empresarios entreguen su ‘3de3’. Desalojo en Nochixtlán resulta en 8 muertos y más de cien heridos; el Presidente declara que el gobierno no caerá en las provocaciones de la CNTE. Deporta Nicaragua a cuatro mexicanos; México deporta diariamente un promedio de cinco centroamericanos. Son noticias que simultáneamente leemos.

Que se sepa, los países no sufren males mentales pero algo anda mal en México (y si no ‘mal’, raro). Parece que la patria -la doña de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos-, tiene un trastorno de personalidad múltiple, entre cuyas características está la anormal pérdida de memoria y ¡vaya que en nuestro risueño país se nos olvidan las cosas!... y lo más grave es que al paso que vamos no sabremos quiénes somos ni cómo es nuestro país.

Sí, ¿cuál México es México? Por un lado, nuestros gobernantes no se cansan de repetir que vivimos en un Estado de derecho y que los derechos humanos se respetan con primor, que para los desalojos o a las manifestaciones mandan a los policías con cascos, escudos y armados sólo con sus calcetines; y por otro, se publican fotos de policías jugando tiro al nochixtleco. Al mismo tiempo, la gente está harta de que se le permita todo a los de la CNTE y los de Antorcha Campesina; a los de la Asamblea de Barrios y los de los 400 Pueblos; a todos, incluidos los de Morena que cierran Reforma cada vez que eructa el Pejehová… y las ONGs declaran que es grave la represión en México.

¿Cuál es México, el de los noticieros de televisión o el de la Aristegui y Proceso?... ¿cuál?

¿Por qué es noticia en México que en el aeropuerto de Estambul -del que unos cuantos compatriotas no saben si es ciudad o país, ni por dónde queda-, ayer murieron 50 personas?… si en nuestro cordial país hay 50 muertes violentas ¡diario! (el promedio en los últimos 15 años es de 18,500 fiambres por año).

¿Por qué celebramos como un gran triunfo que Canadá haya aceptado nuestra exigencia de no pedir visa a los mexicanos para entrar en su gélido país, y a nadie se le ocurre exigir lo mismo a los EUA?… o pedir visa a los yanquis que entran a México como señores de la casa, digo, para corresponderles su cortesía (y el Senado le mandó una felicitación al Primer Ministro de Canadá… qué pena con las visitas).

Claro que todo lo anterior es discurseo retórico. Todos sabemos cómo es México, cuál es de entre todas las versiones que nos presentan de poderosos gobernantes a políticos de medio pelo, de los profesionales del pesimismo a los oportunistas de siempre y los medios de comunicación. Sabemos que no es ni el ‘Disneyaztlán’ existente sólo para un puñado de privilegiados, ni el país de los nueve círculos del Infierno que predican por interés otros que aspiran a serlo, cuantimenos el de la gente bonita de revistas de miriñaque para la comunidad de arribistas nuevos ricos, que pagan por ser vistos.

No, México no es nada de eso, México sí es un gran país que no acaba de resolver grandes problemas. Antes que la desigualdad o la pobreza, la corrupción o la delincuencia generalizada, antes que todo eso, debemos resolver nuestro culto a la mentira y si no es culto, es algo generalmente aceptado, que a nadie irrita, salvo a los que por oficio tienen (y bien pagado), estudiarlo y protestar por ello, desde oficinas en las que reciben sueldos irritantes.

En México es difícil resolver los problemas porque para empezar, casi todo es mentira (y sin el casi). En México mentir es socialmente aceptado y no se refiere este López a las mentiras domésticas o de convivencia social que todos decimos, porque ni modo de decirle a la orgullosa mamá que su bebito del alma tiene cara de pinacate o al mejor amigo que no fue a su boda porque la novia santa antes fue su amante. No. Hay mentiras obligatorias.

Se refiere el del teclado a los asuntos serios, por ejemplo, si no fuera mucho pedir, confiar en que el presupuesto nacional se respeta… o saber cuántos somos, que es algo verdaderamente elemental, en lo que (asómbrese), hacen trampa no pocos gobernadores, para alterar el resultado de la aplicación de las fórmulas de participación del presupuesto federal (sabe de primera mano este menda de un estado en que al hacer el censo, había disminuido mucho la población en los últimos 10 años, hasta que le dijeron al Gobernador que con una lana los señores responsables ponían lo que dijera, digo, para más beneficiar a su entidad con mejores presupuestos… ¡atiza!, por no decir ¡carajo!)

Por lo mismo, todos aceptamos la premisa de que nada oficial es totalmente cierto y vivimos asumiendo como parte del color local, que se nos engaña.

Así, jamás ha habido un Presidente que ciña sus actos al ‘Plan Nacional de Desarrollo’ (así se llama con humorismo involuntario, pues no es ninguna de las tres cosas, sino en el mejor caso, un rosario de buenos propósitos). En el plan de don Peña Nieto se establece como objetivo general ‘llevar a México a su máximo potencial’ (en seis añitos, ambicioso el señor), a través de ‘cinco metas nacionales’, a saber: 1. ‘México en paz’; 2. ‘México incluyente’; 3. ‘México con educación de calidad’; 4. ‘México próspero’; y 5. ‘México con responsabilidad global’ (¡uy!)… busque una que esté cumpliendo y busque también dónde está lo que dice que está haciendo, por ejemplo, las ‘zonas económicas especiales’ (refrito de un programa -fallido-, de Luis Echeverría Álvarez, en el decreto Zona III emitido a principios de los 70).

Y sabe qué consecuencias habrá: ninguna, porque ningún mexicano debidamente destetado supone que nos dicen la verdad ni que nos dicen lo que piensan, ni que hacen lo que dicen, ¿sabe por qué?, porque no pasa nada aunque todo se agrave, que es cuando pasa todo y entonces nos explican que fue mala pata.

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