jueves, 30 de junio de 2016

7743. BEBERLA O DERRAMARLA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Beberla o derramarla.
“Independientemente de su relación con el narcotráfico, la guerra desencadenada en México es una guerra civil contra y entre ciudadanos,  de consecuencias demoledoras para la población y el Estado”, lo dice Gema Santamaría en su artículo del lunes pasado, publicado en ‘openDemocracy’, publicación digital del ‘Open Society Institute’, fundado por George Soros, por si le dice algo el nombre de uno de los especuladores más destacados del mundo, conspicuo integrante del gran capital global. Por si duda usted de para dónde tiran esas mulas, ‘openDemocracy’ es financiado (aparte de por don Soros), entre otros, por la ‘Rockefeller Brothers Fund’ y la ‘Ford Foundation’, o sea: puros activistas sociales preocupadísimos por el bienestar de nosotros los del peladaje.

Aparte de que ese tipo de organizaciones suelen tener buena información, la sesguen o no para donde les conviene, hay que estar atentos a lo que dicen por lo que representan. En este caso queda claro que el gobierno de Peña Nieto ya no tiene su apoyo y es puesta en tela de juicio su aptitud y calidad, lo que pone en entredicho su sucesión en el 2018 (y pensar que en febrero de 2014, el señorcito apareció en la portada del ‘Time’, con la leyenda -en inglés-, ‘Salvando a México’… ¡ah, qué tiempos aquellos!)

Este artículo del ‘openDemocracy’, dice cosas muy graves, como que lo que está pasando en nuestro país “es una guerra civil contra y entre ciudadanos, de consecuencias demoledoras para la población y el Estado”; sin cargar las tintas, eso es poner al país a un tris de ser considerado un Estado fallido, cosa que no declara oficialmente ningún tribunal pero que se refleja en los hechos, cuando otros países u organizaciones internacionales, ya no consideran útil ni serio, tratar con la autoridad formal del país que ya ven institucionalmente fracturado (por eso es importante la presencia del Presidente de la república en las conversaciones con el Primer Ministro del Canadá y el Presidente de los EUA… o en cualquier foro internacional, porque si no soy, parezco).

Claro que son muchos y ciertos los argumentos en contra de considerarnos un Estado fallido, pero algo está haciéndose muy mal como para conseguir los más agrios señalamientos de parte de Amnistía Internacional, ‘Human Rights Watch’, la ‘Open Society Justice Initiative’ (también de don Soros), la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que insisten en el desastre que son los derechos humanos en nuestro país y no se cansan de documentar casos de abuso, violencia y tortura ‘sistémica y generalizada’.

Si don Calderón se fue tan tranquilo dejando el tiradero que dejó y don Peña Nieto creyó que con no hablar del reguero de cadáveres, iban a pasar desapercibidos a México y el mundo, se equivocó: lo que sucede aquí desde hace nueve años es algo que escandaliza al mundo, lo hemos dicho ya mucho (pero no hacen caso).

El artículo de doña Gema es de taquicardia, dice, por ejemplo: “La noción de soberanía como protección de los intereses nacionales y estatales, paradigmática del Estado posrevolucionario de México, ya no se sostiene. Un país es soberano en la medida en que puede cumplir con su mandato de proteger a los ciudadanos de cualquier daño y proporcionarles medios eficaces para que se haga justicia. No sirve el orgullo nacionalista (…)”; podrá cualquiera dudar de la intención de la autora y hacer befa de su definición de la soberanía de las naciones, pero sin llevar las cosas al extremo de poner en duda la soberanía o viabilidad del Estado mexicano, hemos de aceptar que -hoy y de unos no tan pocos años para acá-, nuestro gobierno no protege al tenochca promedio de ningún daño, ni nos proporciona justicia pronta y expedita (¡uuuy!, eso… desde endenantes).

Ahora mismo (siempre tan oportunos los del gran capital), a los vientos de Fronda que soplan por amplias regiones del país, gracias entre otros factores, a gobernadores a los que caritativamente podemos calificar como poco eficientes, aunque en realidad algunos son frívolos sátrapas de malas mañas, se suma un problema que no debió existir: la CNTE.

El conflicto con esa no tan pequeña ni improvisada organización magisterial que cada quien puede adjetivar como mejor le parezca, pero que ha dado prueba sobrada de su capacidad para movilizarse con estrategias para el despelote muy eficaces, ha escalado a un punto en que no tiene visos de arreglarse serenamente, nomás platicando (¡gracias! niño Nuño, ¡muchas gracias!)

Ahora sabe el secretario de Gobernación Osorio Chong que en ese asunto le va el futuro político personal… y sin exagerar, hasta la estabilidad nacional. Si consigue de alguna manera, que se levanten los bloqueos carreteros que ya causan daños mayores a Oaxaca y Chiapas, le van a tocar varias dianas a trompeta cada vez que entre y salga del edificio de Bucareli; pero si tiene que levantarlos a garrotazos, aunque la gente suspire de alivio y lo celebre, será su tumba política… y abonará a la presión internacional ya de por sí tan descarada.

Es un momento importante. En la reforma educativa, que no es eso, no todavía, todo se hizo mal, de origen, y todo parece irreversible pues dar marcha atrás en lo que aprobaron el Congreso federal y los estatales (el primero fue el de Chiapas, el 27 de diciembre de 2012, apenas cinco días después de que la emitió el Congreso de la Unión… casi echaron cuetes, ¡viva, viva!, ¡somos los primeros don Peña, mire usted qué buenecitos somos!), sería una derrota sin matices, sería la derrota definitiva del Estado mexicano a manos de unos que aunque sean cien mil no pueden estar por encima de 120 millones de ciudadanos representados por todos sus legisladores.

De esta manera, si no cede la CNTE y el gobierno federal tampoco, siguen los empujones, el gas lacrimógeno. Si no hay un descalabrado: ¡aleluya!... pero nada quedará resuelto; y si hay uno que se tropiece y se rompa la cara: ¡gobierno represor!


Ahora sí, a beberla o derramarla.

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