lunes, 4 de julio de 2016

7755. NI QUE FUERA PARA TANTO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ni que fuera para tanto.
En la rama materno-toluqueña del berenjenal genealógico de este López, se contaba el trepidante caso de la muerte de tío Mingo (Domingo se llamaba), del que los doctores del sanatorio en que estaba internado, dieron un pronóstico reservado, grave de girar copia a Gayosso (entonces atrás de Bellas Artes, antes de cambiarse a Sullivan, allá por los años 40s). Se recordaba el caso porque su esposa y sus hijos (todos muy adultos), ya verificado que el organismo del señor estaba a punto de merengue, llevaron un Notario para que volviera a hacer testamento a favor de la inminente viuda, de todo lo no poco que dejaba, pues ni ella ni sus hijos, confiaban en el testamento que hacía años ‘papá Mingo’ les había dado. Escandalizados médicos y enfermeras, a la familia le pareció lo más natural, sabido como era, que el caballero que boqueaba era un mentiroso de calidad exportación y nadie iba a confiarse en que el testamento que le conocían fuera el bueno, porque nunca dijo la verdad de nada. Murió no mucho después tío Mingo… y resultó que algunas de las propiedades que ‘heredó’ las había vendido antes y otras, tenían hipotecas impagables. Bueno, pero algo quedó.

La Comisión Federal de Electricidad (CFE), anunció ayer que durante julio subirán las tarifas: al sector industrial entre el 2 y el 5% por ciento; al comercial del 5 al 7%; y la tarifa de uso doméstico el 6.8%; queda sin incremento “el sector doméstico de bajo consumo”. No olvide usted que el viernes, por su lado, Pemex aumentó el precio de las gasolinas. Bueno, ni modo, hay que comprender. Las cosas no están fáciles.

No son ganas de amargarle el rato al Presidente de la república, ni a ninguno de su gabinete económico, pero uno, mexicano ‘simplex’, recuerda otra cosa. Por ejemplo, lo que proclamó el PRI en su portal, cuando nos explicaron a todos los del peladaje las bondades de la reforma energética y pusieron (consúltelo y verá que no le miente, no le engaña el del teclado):

“PRI, Transformando a México. Preguntas y respuestas sobre la Reforma Energética. ¿Cuándo bajarán los precios del gas, energía eléctrica y gasolina?: Los precios del gas y electricidad disminuirán a más tardar dos años después de que se apruebe la legislación secundaria de la reforma energética”. A más tardar.

¿Sí?, pues no, que para eso Hacienda el 12 de diciembre de 2015, informó que en 2016 los precios de las gasolinas y el diesel ‘bajarían o subirían’ dentro de un rango del 3%: o sea, lo que nos dijeron antes era bromita y nosotros somos unos creídos y sus babosos.

Pero tan la cosa era así, que el 27 de diciembre de 2015, Marco Antonio Bernal Gutiérrez, expresidente de la Comisión de Energía en la 62 legislatura federal, explicó: “La baja en los precios de la gasolina que se acaba de anunciar -la del 12 de diciembre-, obedece a la reforma energética (…) la apertura de los mercados (y agregó con legítimo orgullo tricolor)… conforme vaya pasando el año se van a ir cayendo más los precios”… bueno, pues a veces caen para arriba. Hay que entender.

No vaya usted a pensar que don Bernal es tontito, no, que para eso, antes, el 1º de mayo de 2014, dieron una conferencia de prensa los del trío formado por el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell (al requinto); el de Hacienda, Luis Videgaray (guitarra y primera voz), y el vocero de la presidencia, Eduardo Sánchez (maracas), que dijeron para acallar rumores ya de una buena vez, que en dos años se observarían reducciones en las tarifas de gas y electricidad (portal reformaenergetica.gob.mx), y no sólo eso, sino que en el sexenio se construirían 10 mil kilómetros de gasoductos (que le apuren), porque (lo dijo don Coldwell): “(Usar gas natural para generar electricidad) permitirá reducir los costos de generación y disminuir las tarifas de luz en beneficio de las familias, los comercios y las industrias del país”. Será nada más por lo ignorantes y necios que somos los de a pie, pero están subiendo los precios. No son ganas de no creele nada al gobierno… es que están subiendo.

El entonces senador David Penchyna (ciudadano de esos que hacen desear que sí existiera el Infierno), entonces presidente de la Comisión de Energía y destacado adalid de la reforma energética, en una columna que publicó el 31 de julio de 2013, en ‘ADN Político’, firmó: “¿Es necesario repetir -hasta el cansancio- que Petróleos Mexicanos no habrá de ‘privatizarse’ (…)? Parece que sí (…)”

Este Penchyna es al que se atribuye la frase: “No se privatizará un solo tornillo de Pemex”… bueno, pero ya están en venta refinerías y terminales petroleras; para no mencionar que en la ronda 1.3, se rajó Geo Stratos que pagaba 67.61% de lo que sacara de petróleo y quedó de ganador el segundo lugar, Lifting MX, que pagará 10.20… nomás seis veces menos. Legalito.

Así en algo que todos vemos, porque el precio de gasolinas y electricidad no hay modo de esconderlo. Ahora imagine lo que hay en la panza de la “reforma educativa”.

Por algo hay un clamor internacional para que el gobierno no empiece a repartir mandobles y que le siga con el diálogo raro con la CNTE (aunque sean como la rabia). Hay gato encerrado, eso seguro, de qué tamaño, averígüelo Vargas, pero es muy difícil creerles nada a quienes tanto nos mienten siempre y con esa su seguridad de gitana jarocha.

Para actuar, nuestro gobierno esperaba un guiño del imperio del capital, ese poder grandote, global: ya llegó en voz de Ángel Gurría, presidente de la OCDE (club de países ricos al que metieron a México por monos que son). Declaró ayer don Ángel que México no debe detener la implementación de las reformas y agregó “(es comprensible que) los que estaban contentos, ya no lo estén, y reaccionen de manera ruidosa y pública. Eso es inevitable, pero no debe quitar el afán de las reformas”.

Así ve el imperio lo que acá tiene al país con el Jesús en la boca: hacen ruido… ¿muertos, golpeados, desaparecidos, derechos humanos, apertura democrática?... nada,  ruido. Ni que fuera para tanto.

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