miércoles, 6 de julio de 2016

7768. SUFICIENTE DAÑO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Suficiente daño.
Usted sabe de Danielito, querido primo de este menda, único miembro de nuestra especie que ha habido con el cociente de inteligencia de un caracol de jardín (casi). Niño bueno; de mayor, señor muy correcto; estimado por todos a pesar de su penuria cerebral que para colmo, no alcanzaba para considerarlo retrasado mental y tratarlo en consecuencia, por lo que simplemente, era el menso de la familia. Una característica suya era decir frases hechas y refranes, como recurso sustituto del doloroso proceso de pensar algo por su cuenta, pero lógicamente, los decía mal: “no por mucho madrugar, anochece más temprano”; “despacio que no hay prisa”; “al perro más flaco se le caen las pulgas”; “piensa mal y aceptarás”; y así, por Danielito, desarrolló su texto servidor una cierta predisposición que le hace recelar de quienes recurren a dichos y proverbios, aunque haya gente de luminosa inteligencia que lo hace, acertando porque se ajustan con precisión a lo que discurren. No era el caso de él, él era menso.

Usted lo sabe: funge impúdicamente como secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer (tan simpático él), sin sentir algo de vergüenza por sentarse al escritorio en que han despachado otros como Justo Sierra, Narciso Bassols, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Víctor Bravo Ahuja y otros más, sin dejar de lado a Porfirio Muñoz Ledo o a don Jesús Reyes Heroles.

Don Nuño, cuyas credenciales para detentar el cargo son, haber sido asesor de la Cámara de Diputados federal del 2000 al 2006, coordinador de asesores del entonces diputado Luis Videgaray; asesor del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto; ‘coordinador de mensaje’ de Eruviel Ávila cuando era candidato a gobernador, y lo mismo de la campaña de Peña Nieto (puesto… modesto, por no decir insignificante, en una campaña); así las cosas, llegó a jefe de la Oficina de la Presidencia de la república en 2012 y desde el aciago mes de agosto de 2015, flamante secretario de Educación Pública, donde aplica su experiencia profesional como gato de lujo (‘gato’ en la acepción más despectiva que se le ocurra), y su bagaje cultural como licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, egresado de la Ibero (¡híjole!... haberlo sabido antes).

Bueno, pues este señor iba que volaba para candidato a la presidencia de la república, por algo en enero de 2014, fue al ‘Foro Económico Mundial’ (FEM), en Davos, Suiza… acompañando a don Peña Nieto, para, luego, en abril de 2015, aparecer en la lista de 187 ‘Jóvenes líderes globales, Clase 2015’, que elabora el FEM. Así y creyendo que ya estaba hecha la labor de desgaste para implantar la reforma educativa, el 27 de agosto de 2015, el Presidente echó a Emilio Chuayffet Chemor y nombró a don Nuño secretario de Educación Pública, quien con su cara de concreto armado (resistencia a la compresión de 300 kg por cm2), aceptó el cargo sin calificación para ello, pero sin el menor rubor, listo para cosechar el aplauso del respetable, haciendo el papel del bravero de la escuela, hasta que le reventó en la cara el ‘problema menor’, que es la CNTE.

Este señor tan poquito, tan crecido y tan inepto (a lo mejor es una estupenda persona y el más decente caballero de la cuadra, pero no estamos buscando yerno, sino funcionarios capaces), este especialista en ser asesor y coordinar mensajes, gracias a cuyas imprudencias verbales y por andar picándole la cresta a los de la CNTE, alebrestó la gallera al extremo que todos sabemos, poniendo en riesgo la estabilidad social de varios estados del país, nomás vio cómo le quitaron el reflector, dejándolo en la odiosa penumbra que tanto irrita a los que se dedican a la política sin ser políticos (que lavarle los calzones a Pavarotti no lo hace a uno cantante), porque ya los de la CNTE lo desconocieron como interlocutor, piden su renuncia y el Secretario de Gobernación le entró al quite (siempre tan acomedido don Osorio Chong).

Claro que hay villamelones no se desaniman con el primer revolcón que les da el toro. Don Nuño es de esos. Quiere seguir con sus proyectos (lo que está muy bien, lástima que sus proyectos sean personales y pongan al país en riesgo de que se monte otro inepto a la presidencia), porque si salieran las cosas como las planean en el pizarrón (que esas jugadas nunca salen, la cancha es canija), ya se veía como Secretario de Gobernación durante (al menos), el próximo año y de ahí un saltito nomás, y a la candidatura a la presidencia… fácil.

Pero Nuño no se resigna y ayer dijo una frase de esas que hacen que retiemble en sus centros la tierra: “(…) a reforma educativa no es el problema, es la solución”. ¡Qué suene esa banda!, que se oigan dianas, tiren cuetes.

‘No es el problema es la solución’, es mal refrito de un lugar común, frase más sobada que la Rompecatres. Vergüenza.

Lo dijo en la presentación oficial del Informe de Resultados del programa Escuelas al CIEN (no, si le digo: ¡es de una creatividad!... Escuelas al CIEN, ¡aleluya!, porque ya están realizando 2 mil 620 ‘acciones de mejora de infraestructura educativa’ de las 16,500 escuelas a las que iban a darles una manita de gato este año. Van rebien. Por cierto, el presupuesto para esas acciones es de 50 mil millones ¡realeluya!).

En ese evento también dijo que la reforma educativa aprobada es “sólida, consistente e integral”, y agregó que “próximamente”, la dependencia a su digno cargo, entregará “el nuevo modelo educativo, con sus planes de estudio y libros de texto”. ¡Ay, caray!... o sea: ¿todavía no hay reforma educativa?... bueno, “próximamente”.

Nuñito quiere arreglar con saliva el tiradero que hizo. Decir que la reforma educativa no es el problema sino la solución, está muy bien para un debate en la Secundaria, no para lidiar con la realidad, con esta realidad que ya costó de sangre: ¡Nochixtlán no se olvida, la lucha sigue y sigue!

Esperemos que a don Nuño y similares se les apesten sus planes de hacerse con la presidencia, ya hicieron suficiente daño.

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