viernes, 8 de julio de 2016

7776. ¡NO TIENEN LLENADERA!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡No tienen llenadera!
A los niños de la generación a que pertenece el del teclado (pricámbrico clásico, años 50s del siglo pasado), nos mandaban a dormir temprano; por eso fue que no se dio cuenta sino hasta la mañana siguiente de un día cualquiera, que en la sala, sobre un sofá, estaban unos cobertores, bajo los cuales estaba la dueña de una espléndida y ensortijada cabellera castaña, que resultó ser tía Cata, que tenía la cabellera en una cabeza de escultura griega con cara de cartel de cine, todo, rematando un cuerpo de esos que vacían seminarios: si la hubiera conocido don Juan Olaguíbel le mete soplete a su afamada Diana Cazadora (que no se llama así, sino “La Flechadora de las Estrellas del Norte”): la tía sí era un monumento. En concordancia con la educación de la época, doña Yolanda, oficial a cargo de la disciplina doméstica (‘mamá’ le decían otros niños a las suyas), con una mirada parecida a la que usó cuando dejó mudo al perico de la abuela, puso muy claro que no se podía preguntar qué hacía ahí la tía en lugar de estar en su casa con su marido. Uno era niño pero no tonto: estaba clarísimo el caso y lo confirmaron las cinco serenatas al hilo con que su marido desveló a la cuadra entera, hasta conseguir la instalación de una mesa de negociación con tía Cata, a la que se le notaba como que quería regresar. Confiada en una carta-compromiso, firmada por el batracio de su esposo, en la que le aseguraba-prometía-juraba, que iba a corregir su incorregible conducta, se  regresó a pesar de las advertencias de doña Yolita: -Ni ante Notario le creas, los malos no cambian -caritativa la dulce dama. Pero tuvo razón y aquél mal matrimonio casi acaba en tragedia. Grave.

Ayer, la Representación en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), emitió un comunicado de prensa congratulándose porque nuestros diputados federales instalaron el (agárrese): “Frente Parlamentario contra el Hambre” (FPH).

No se entiende bien el motivo de regocijo pues ya desde 2011, senadores y diputados habían firmado el FPH, gracias al cual, nos recuerda la FAO, los diputados aprobaron la Ley del Derecho Humano a la Alimentación Adecuada (actualmente en trámite de aprobación del Senado). ¡Sen-sa-cio-nal!

Dice el boletín de la FAO: “A través de los Frentes Parlamentarios contra el Hambre se busca situar la seguridad  alimentaria y nutricional  en el más alto nivel de las agendas políticas y legislativas, para establecer marcos institucionales capaces de garantizar el cumplimiento del derecho a la alimentación, asegurando un enfoque de género y una gobernanza más inclusiva”… “garantizar” el pan nuestro de cada día con enfoque de género: ¡más sensacional! (ya rimando con pringón).

Si los de la FAO supieran cómo nos las gastamos en esta risueña tierra, no estarían tan contentos. En los papeles somos el Edén. La realidad… bueno, se hace lo que se puede.

Y nuestra realidad ayer mismo nos la presentó el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, del gobierno federal, no vaya usted a creer que es una ONG, enemiga), en su informe de ‘Resultados de la medición de la pobreza del 2014’ (periodo 2012-2014): aumentó la población con carencia alimentaria de 27.4 millones a 28 millones; carencia por acceso a la seguridad social, disminuyó 1.1 millones, pero quedan sin seguridad social: 70.1 millones de compañeros mártires, de los que 21.8 millones carecen de servicios de salud; y en rezago educativo hay 22.4 millones.

Como se hace uno bolas con tanto número, en resumen: de 2012 a 2014, el número de pobres aumentó 2 millones (de 53.3 a 55.3 millones de tenochcas con la panza pegada al espinazo); y aparte, están en pobreza extrema 11.4 millones (bajó 100 mil, antes eran 11.5).

Claro que al ver a quién no considera pobre el gobierno, dan ganas de echar mano a los fierros como queriendo pelear; mire: si usted vive en una ciudad y gana 2,542.13 pesos mensuales, para el gobierno, usted no es pobre, ¡adminístrese, carajo! (y si gana 1,614 pesotes mensuales, pero vive en el campo, usted no es pobre, es chillón).

Tome en cuenta por favor, antes de que su sangre suelte el primer hervor, que en otra parte del documento, Coneval advierte que “la población con ingreso inferior a la línea de bienestar pasó de 60.6 millones a 63.8 millones de habitantes” (¿en qué quedamos, subió dos millones el número de conciudadanos en pobreza, o subió 3.2 millones?)... desagregan la información de manera que no es tan sencillo saber bien a bien cómo estamos, pero cómo estaremos que tienen que aceptar que sí, que son dos millones los que han engrosado las filas de la pobreza, aunque 3.2 millones más cayeron debajo de la “línea de bienestar”. Por si de veras no entiende don Peña Nieto el mal humor social (que no es eso, es ira). Por si no entiende de dónde sale tanta gente a protestar.

La FAO y los del Congreso federal, ya se podían ahorrar decirnos qué gran logro es que la ley diga que tenemos derecho a no ser pobres… ¡somos pobres! Les faltó decirnos como el Wachangüer de los Polivoces: ¡cómo los queremos condenadotes!

La economía del país es enorme (la 10 o la 11 del mundo, según la fuente que consulte). Muchas cosas están bien, sí, pero pasamos mucho tiempo haciendo como que no vemos a millones que apenas comen, muchos más de los que acepta el gobierno, pues con ese criterio de que quien gana arriba de 2,542.13 pesos al mes no es pobre, sacan millones de la estadística (a ver, que le pongan 2,600 pesos de salario mensual a los diputados firmantes del Frente Parlamentario contra el hambre y que les digan que no son pobres).

Nuestro problema es la desigualdad (penúltimo lugar de América Latina), pero desigualdad en todo: sí se puede modificar la ley ‘3de3’, a petición de los empresarios, y no se puede cambiar la de educación, que eso lo piden unos pelados que aparte de feos, huelen mal y compran su ropa en las ofertas de ‘Julio Regalado’… igualados, ¡no tienen llenadera!

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