sábado, 9 de julio de 2016

7781. EL PODER Y EL DINERO.

REPORTE Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo Y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

El poder y el dinero.

"La creciente desigualdad no es fruto del azar sino el resultado de políticas concretas que han desequilibrado la balanza y han permitido a unos pocos obtener beneficios que se incrementan día a día, mientras la mayoría de las personas pierden derechos, poder y oportunidades para prosperar".
José María Vera.
Director General de Oxfam


Las 85 personas más ricas del planeta poseen más recursos que 4 mil millones  de personas. La riqueza de estas familias aumentó medio millón de dólares por  minuto en los últimos años. Nuestro país es ejemplo de desigualdad con sólo tres personas acumulando más de la mitad de la riqueza que se produce. Carlos Slim es el ejemplo de acumulación de riqueza, al punto que nunca podría gastar su fortuna que se incrementaría diariamente en 4 millones de dólares sólo por el rendimiento de los intereses al 2%.

La acumulación de la riqueza se traduce en el monopolio del poder político, el magnate Carlos Slim patrocina a los políticos de todos los partidos y así asegura su influencia en las decisiones trascendentes; los dueños de las televisoras, las familias Salinas y Azcárraga, los otros componentes de la tercia de ases, tienen a sus personeros colocados en las cámaras de diputados y senadores desde donde imponen las políticas económicas de contención salarial, de recaudación fiscal, pero también buscan influir en otras áreas.

La influencia de los magnates sobre los partidos políticos y por consiguiente en las decisiones de gobierno, es determinante. La reforma educativa que el gobierno impone a toda costa ha sido impulsada por el empresario Claudio X. González, cuyo discurso violento contra los docentes ya tuvo frutos: 12 personas asesinadas en Nochixtlán.

Otro ejemplo es la ley 3 de 3 que originalmente fue impulsada por organizaciones ciudadanas para combatir la corrupción de los gobernantes y políticos, pero que en manos de los legisladores, cómplices y beneficiarios del sistema, se tergiversó para mantener el pacto de impunidad que protege a los políticos corruptos, es decir, a la mayor parte de los “representantes” populares.

Un hecho mostró claramente la influencia de los magnates. Como la ley 3 de 3 afectaba los intereses de los grandes consorcios, bastó que protestaran una vez para que Peña Nieto los recibiera en Los Pinos, de inmediato el PRIANPRD se dio a la tarea de hacer los cambios que demandaron los empresarios, como lo ilustra Rocha, monero de La Jornada, en su cartón del viernes.

Los magnates imponen las políticas tributarias que los benefician no sólo exentándolos de pagar impuestos, sino desviando miles de millones de recursos hacia sus arcas por medio de créditos fiscales y farsas como el Teletón. La demanda de gravar con impuestos las transacciones financieras no han podido pasar el bloque impuesto por los intereses de los magnates a través de las llamada Telebancada, es decir, diputados y senadores impuestos por los consorcios a través de los partidos políticos.

El monopolio de la riqueza y del poder político es una tendencia mundial impuesta por el sistema neoliberal; Estados Unidos (sede de los magnates y sus consorcios, el 1%), España (el país con más desigualdad de Europa) y sobre todo los países de América Latina encabezados por México van a la cabeza de esta tendencia.

El modelo que se pretende imponer es básicamente una élite conformada por no más que el 1%  que controla a los pueblos a través de políticos corruptos y violentos y una masa despojada, esclavizada por la ignorancia y el temor, acrecentado por la violencia tolerada y aplicada desde el Estado (Nochixtlán, Ayotzinapa, y así hasta llegar a Tlatelolco en 1968). La inseguridad y la violencia son el resultado de la desigualdad, la élite vive segura en sus cotos, el pueblo que se las arregle como pueda.

¿Cómo cambiar esta tendencia perversa?

Fomentar la conciencia política, votar de una manera consciente, libre. Salir a las calles, protestar y exhibir a los corruptos a través de las redes sociales. Pero los partidos y sus gobiernos, no quieren cambiar esa tendencia, si la fórmula un pobre es igual a un voto ha resultado efectiva para acumular poder y riqueza ¿para qué cambiarla? El cambio no vendrá de los partidos y del gobierno. Sólo el pueblo puede liberar al pueblo.

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