sábado, 9 de julio de 2016

7782. APRECIAS TODO CUANDO LO VES LEJOS.

Por Izza Glez.
Escritora. Desde
Pto. Vallarta, Jalisco.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Aprecias todo cuando lo ves lejos, esta es la frase que definiría lo que siento en este momento al comenzar a redactar, desde que era una pequeña de siete años aproximadamente, salí de mi ciudad natal de Zamora Michoacán, la levítica Zamora como la llaman en los artículos leídos recientemente en el blog llamado “Tenepal de CACCINI”, lo cual sobra decir que es cierto, toda la arquitectura neo gótica que se puede admirar en sus construcciones que mayormente son iglesias nos dan muestra de ello.

Para mí era una fantasía el salir de aquella ciudad y vivir en una donde el principal atractivo eran sus costas, ese mar que tocaba la arena seduciendo la vista de cualquier mortal, y así fue, al llegar eran momentos maravillosos donde el descubrir la sensación de los pequeños granos de arena entre tus dedos, la cálida agua sobre tu piel que se mezclaba con los rayos del sol que te hacían sentir lleno de vida, el sin esperarlo poder ver a lo lejos a los delfines nadar, era majestuoso.

Por muchos años lo fue, a pesar que cada vez que se acercaban las vacaciones me emocionaba por emprender un viaje a mi querida Zamora, para pasar meses entre sus calles, disfrutar de ese clima tan contrario a Vallarta, ese frío que te hace anhelar tener entre tus manos una taza de chocolate caliente, para mí eso eran las vacaciones, no el andar de un lado a otro, no andar en discotecas y saliendo a primera hora de ellas, creo que desde ahí me viene la personalidad romántica que tanto me dicen.

Tengo grandes recuerdos de mi infancia cuando en las noches de lluvia, junto con mi mamá horneábamos algo de pan dulce para degustar en la cena, memorias de la primera vez que tomé entre mis manos esa “Gaceta Zamorana”, guardada entre recortes de periódico o fotos de la familia, pero esa edición en especial donde encontré la leyenda de “La beata”, que me llevó a imaginar todo un mundo nuevo que aún sigo queriendo que exista y experimentarlo aunque no sea real.

Hoy a kilómetros de distancia, con una mente más enfocada en el arte, estando más centrada en lo que quiero y hago, recuerdo con nostalgia todo lo que me perdí por creer que era una ciudad que no ofrecía mucho, y creo es en el error constante en el que todos estamos, vemos una población, donde vas al santuario a admirar la gran construcción, o a la plaza para andar entre sus portales, o a Camécuaro para salir de la rutina.

Pero las sensaciones que conocí en esa tierra, mi tierra, son muy diferentes a las que vives en otro lugar, ahí aprendí la importancia de los valores familiares, sus costumbres me hicieron amar vehementemente las noches de la divina, sus dulces tradicionales que acarician tu paladar como si de una maravilla del mundo se tratara, aprendí que no es necesario tener grandes atractivos turísticos cuando se tiene una historia que puede hacerte soñar aun a la distancia, esa historia que te provoca sentir escalofríos al ver aquella pared del santuario donde están los rastros de los fusilamientos de antes, al pasar por lo que eran los juegos del Carmen e imaginar como en aquellos árboles descansaban tantas almas suspendidas por una cuerda debido a los cristeros, esos túneles que pasan por debajo de casas interconectando iglesias donde encontraban cadáveres algunas veces, esa admiración al pasar por la iglesia de la purísima y recordar la leyenda sobre la cual fue forjada.

El brincar para tratar de evadir charcos a causa de la lluvia fría que te hacía ansiar llegar a tu casa para ver la lluvia detrás de la ventana, pero sobre todo por regresar a esas tardes en las que descubres que la amistad que queda entre las calles, se sigue conservando a pesar de los años, cosa que en otros lugares no he logrado ver.

Hoy quiero dar gracias por haber nacido en una ciudad que me enseñó tanto sin yo saberlo, que me obligó a seguir mi destino ligado a la cultura, ligado al arte, ligado a lo que es realmente importante, el AMOR, amor a la historia, a la pasión, a la amistad, a mi Zamora.


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