martes, 12 de julio de 2016

7793. ¡QUÉ MANERA DE PERDER!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Qué manera de perder! 
Contaba la abuela paterna, Elena, la de Autlán de la Grana, que a mediados del siglo XIX, un lejano tío suyo, Aselio de nombre, nunca tuvo esposa pero cada año tenía varios hijos, hasta llegar a más de cien, lo que no es tanto si hace usted cuentas de toda una vida de esforzada labor de dispersión de la especie. Aseguraba que el tipo dio su apellido a cada hijo y en cuanto tenían edad les asignaba tierras, método muy efectivo para crear y conservar un extenso latifundio, aparte de que por cortesía de él, se presentaron con anticipación ante el Creador, unas 40 almas (aunque puede ser que muchas más), lo que tampoco era tanto en el México de entonces (ni en este). Sin embargo de tales peculiaridades, lo más destacado del tal Aselio era lo mandón: entre su gente, en sus tierras y en el pueblo, se hacía lo que él decía y nada más lo que él decía, al grado que cuando murió ya empezado el siglo XX, pasandito los 90 de edad, casi hubo fiesta en la región aunque al poco empezó a haber salteadores de caminos, problemas de linderos, robo de ganado y pleitos entre tanto medio hermano, que acabaron dividiéndose en grupos irreconciliables, con su dotación de fiambres. Luego vino lo que vino: Revolución, Guerra Cristera, reparto agrario y pasada la tolvanera, a alguno se le ocurrió que para conservar lo que quedaba del emporio que habían tenido, debía hacer lo que antes hacía su padre, don Aselio, pero no le resultó, más se pelearon entre ellos, en el pueblo ya había autoridad… y de eso fue que se le quedó el mote de ‘Acémilo’. Eran otros tiempos y eran otros López.

Ayer el país presenció la repuesta en escena de la conocida obra: ‘Los empeños de una casa’, adaptación libertina del Fénix de la política de América, don Enrique Peña Nieto, comedia de enredos inspirada en el viejo Manual del más antiguo PRI. En el papel estelar, para sorpresa de la crítica, la revelación del sexenio: Enrique Ochoa Reza; acompañado por el masivo coro de la nómina tricolor.

Cierta es la tradición del dedazo del que fue el partido hegemónico nacional, desaparecido en su XXI Asamblea General de marzo de 2013, cuando bajo la batuta de don Peña Nieto, director de esa excéntrica orquesta, votaron los que ahí estaban para eso, desaparecer ideario, principios y todos sus documentos básicos, por lo que en rigor, sólo conservaron las siglas, pero ya dedicados a algo muy diferente a lo que fueron 84 años.

Nada más que los tricolores dedazos de antaño recaían en gente como Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, Emilio Portes Gil, Carlos Madrazo, Jesús Reyes Heroles, Porfirio Muñoz Ledo, Jorge de la Vega Domínguez o César Augusto Santiago, quienes, junto con la totalidad de los otros que presidieron ese partido político, eran priístas-priístas, con todo lo bueno y malo que eso signifique, en tanto que el actual delfín queda en adorno de pecera, pues, para abrir boca, el 21 de octubre de 2010, ante la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados federal, cuando buscaba chamba de  consejero general del IFE, negó su militancia en el partido que ahora presidirá.

Como la memoria de los que andan en esas andanzas suele ser selectiva, se le recuerda aquí a don Ochoa Reza (acomedido que es uno), exactamente,  palabra por palabra lo que respondió al diputado Juan Enrique Ibarra Pedroza, del PT, cuando le pidió que aclarara: “(…) si forma parte del Consejo Político Nacional, si sigue siendo militante de ese partido (…)”, y él, contestó:

“No formo parte del Consejo Político Nacional del PRI, ni soy militante. Sí,  como lo dije en el currículum y está en la página de la Comisión de Gobernación, así lo manifesté, fui durante meses en el 2006, hace más de 4 años miembro del Consejo Político Nacional y mi salida del Consejo Político Nacional fue también pública (…)”. O sea, cuando menos desde 2010, según él, ya no era priísta, aunque puede ser que haya querido decir que no lo es desde el 2006. (De todos modos, Juan te llamas).

Que don Ochoa sea o no priísta es muy su asunto. Se aclara porque en los estatutos del partido que conducirá, para presidirlo… ¿qué cree?: ¡se necesita ser priísta!, según la perversa disposición discriminatoria, violatoria de la igualdad de géneros políticos y el derecho al travestismo político, del artículo 156, que indebidamente impone el requisito de tener una militancia no menor de 10 años. Así que ya puede ir guardando su vieja credencial de 1991: él declaró en 2010 bajo protesta de decir verdad ante la Cámara de Diputados, que no era priísta… sí, pero ahora, en 2016, ya es y tan tan. ¡Padre!

Don Ochoa, rico, ricote, por su flotilla de más de cien taxis; rico, ricote, dueño de una famosa colección de obras de arte (para que tenga una idea: el 20 de febrero de 2014 pagó 5.6 millones de dólares a Christie’s, por una obra de Frida Kahlo; y antes, en 2008, compró tres obras Shinzaburo Takeda, otras tres de la Kahlo y cinco litografías de Israel Nazario que rondan, entre todas, los 10 millones de dólares).

Este es el señor Ochoa que don Peña sacó del relativo anonimato en que estaba como director de CFE, donde estaba muy calladito esperando que no creciera el enredo por las grabaciones publicadas de la constructora OHL, en que lo mencionan; muy quitecito para que no lo salpicara la denuncia que interpusieron los senadores del PAN, apenas el 15 de abril del año pasado ante la PGR, por lo que ellos consideraron un fraude en la CFE, bajo su atinada dirección, por otorgar la adjudicación directa a Casanova Rent, de un contrato de renta de coches de 3 mil 600 millones de pesos… mmm, ya ve: por algo lo eligieron.

Triste fin de un partido que pudo, si no es que debió, reinventarse para bien del país. Más triste que el país ya no crea ni en tirios ni troyanos. A ver de qué tamaño es el tropezón en el 2018. Que se prepararen para otro Madrazo. Y no será consuelo que don Peña Nieto cante muy sentidamente… “pero si yo ya sabía que todo esto pasaría, ¡cómo diablos fui a caer!”

¡Qué manera de perder!

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