martes, 12 de julio de 2016

7797. 3 AÑOS Y 7 MESES: EL BATIDERO CRECE.

Enviado por SINEMBARGO.
Desde la Cd., de México. Para
Tenepal de CACCINI

Por Rita Varela Mayorga.
Julio 12, 2016 - 12:00 a.m.





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El priista Javier Duarte de Ochoa, Gobernador de Veracruz.
Foto: Cuartoscuro

Entramos apenas a la segunda semana de julio de 2016. Al actual sexenio le faltan cuatro meses para cumplir sus primeros cuatro años, y hoy el país se parece más a una carreta destartalada –que jalan millones de bueyes cansados y agraviados– que al tren de alta velocidad que se prometió el 1 de diciembre de 2012, en el que, se suponía, los mexicanos nos moveríamos en primera clase hacia el desarrollo.

Hoy, con un Gobierno federal encabezado por un Presidente con una aceptación en mínimos históricos, la decepción es absoluta. Pocos, con excepción de unos cuantos priistas anacrónicos, creen que el equipo que encabeza Enrique Peña Nieto ha hecho un buen trabajo y ha puesto los cimientos para un mejor país.

El mismo PRI, endeble como ahora está, sin un liderazgo sólido –ni en la dirigencia nacional ni en la Presidencia de la República– se ve agobiado por sus errores y su engolosinamiento. Regresaron a Los Pinos en 2012 y volvieron a las andadas de siempre, no se dieron cuenta que la sociedad mexicana era distinta y más crítica, pensaron que los abusos y corruptelas podrían cometerse a plena luz del día, con soberbia y sin la menor esperanza de castigo, como lo han hecho y han dejado hacer. Así han gobernado: desde quien ocupa el puesto más alto, pasando por gobernadores, presidentes municipales y funcionarios públicos de todos los niveles.

Los ciudadanos padecen hoy hasta la médula el batidero en que tienen sumido el país –con problemáticas alarmantes y nunca antes vistas en los temas de corrupción e impunidad, economía, derechos humanos, violencia, pobreza, educación, salud, aplicación de justicia, opacidad, etcétera–.

Este gobernar a ciegas y sin escuchar a la gente ya le pasó factura a los del tricolor en las elecciones de junio pasado, pero al paso que van muchos dudan que incluso retengan la silla presidencial. Es más, se apuesta ya a que tras las elecciones federales de julio de 2018 el PRI se instalará de nuevo como tercera fuerza política a nivel nacional, y en algunos estados incluso caerá hasta el cuarto sitio.

Ayer, sin embargo, en un intento desesperado por parecer justo ante el reclamo social, el Gobierno federal quiso dar una muestra de rigor, un manotazo en la mesa contra dos de los gobernadores priistas más nefastos –no los únicos, por desgracia– y a los que durante estos tres años y siete meses no quiso poner a raya: Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, y a Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo.

Así, la Presidencia anunció que la Procuraduría General de la República (PGR) emprendió acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en contra de los congresos de Veracruz y Quintana Roo, por sus reformas en materia de Anticorrupción y los “nombramientos a modo” de funcionarios encargados de la justicia y de la rendición de cuentas.

Esas reformas fueron calificadas desde hace semanas por partidos de oposición como “blindajes” para los gobernadores salientes Duarte de Ochoa y Borge Ángulo. Pero fue hasta ahora, en que el Gobierno federal se ve inmerso en un huracán de críticas por todos los frentes, cuando resolvió parar los intentos descarados de estos dos mandatarios por evadir acciones de justicia en su contra, cuando hayan dejado sus cargos, que recaerán además en representantes del Partido Acción Nacional (PAN).

El golpe de autoridad, sin embargo, se antoja tan a destiempo que no alcanzará a persuadir a la mayoría de los ciudadanos del actuar recto y firme por parte de la Presidencia; si acaso tendrá efecto entre los priistas locales de Veracruz y Oaxaca, que hoy ya vislumbran en su futuro la oscuridad de una celda.

Al Presidente Peña Nieto se le fue demasiado tiempo en publicitar la agenda del hombre que pasaría a la historia por sus reformas estructurales. Pero resulta que no: ninguna de ellas ha cuajado y algunas, como la educativa, están pendiendo de un hilo.

Se le fue el tiempo también en una estrategia de encierro, que lo alejó de la realidad y del escenario del caos al que han contribuido sus “amigos”, a quienes puso como ejemplos de la nueva forma de gobernar del PRI en mayo de 2012, en una entrevista en el programa “Tercer Grado” de Televisa: Beto Borge, Javier Duarte y César Duarte Jáquez, Gobernador de Chihuahua.

Se le fue el tiempo, además, negando la violencia y todo lo que ésta involucra: el aumento de los cárteles de la droga, los muertos, los desaparecidos, la tortura, los feminicidios, la trata de personas, el abuso a migrantes, las violaciones a los derechos humanos en general… y casos emblemáticos y desdeñados como Tlatlaya, Azotzinapa y ahora Nochixtlán. Esa violencia imposible de tapar con un dedo y por la que hoy México es visto con horror desde el extranjero.

Se le fue el tiempo presumiendo avances en materia de transparencia y rendición de cuentas donde él, quien debió erigirse en el buen juez, no supo empezar por su “casa blanca”… y terminó minando cualquier esbozo de credibilidad.

Se le fue el tiempo, se le fue el tiempo, se le va el tiempo… Ahora, cuando trata de dar golpes de autoridad, parece demasiado tarde, mientras el batidero crece y crece. Y no hemos llegado siquiera al cuarto año del sexenio.

¡Buena semana, y nos vemos el próximo martes!

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Es periodista. Subdirectora de Contenidos de SinEmbargo.mx

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