martes, 12 de julio de 2016

7798. ¡SE PERDIO HELIODORO!

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

¿Cuántos secretos guardará El Cerro del Encinal?

Secretos de relevancia, secretos que mucha gente supo y otros que mucha gente sabe. El famoso “Agarre de Aguilar” allá por el año de 1921 que no fue un secreto y que el Mayor Pastrana, así es como mejor se le ha conocido, alguna vez me contó la realidad de aquella emboscada. No hay secreto.

Como en todos los cerros y montañas que se precien de ser enigmáticos y mitológicos, El Encinal también guarda en sus cuevas 40 cargas de oro que algún rico en su huida (Yo no) se vio obligado a enterrar u ocultar en las cuevas encantadas cuya combinación para abrirlas y sacar sus tesoros es la frase “Todo o nada”, en el cuento de Ali Baba era “Ábrete Sésamo”, aquí me permito hacer una aclaración para aquellos que no tuvieron infancia: Ali no era cómplice de los 40, era adversario de esa “cabra de bolones”,  ahora ya no son cuarenta, todo sube.

Misterio para los que vivimos el momento de aquel domingo en que fuimos un grupo a subir el cerro por el puro placer de hacerlo. Llegamos a la cima, justo a donde está el encino que como al mitológico Atlas, le ha tocado cargar “La Santa Cruz” por muchos años; ahí a sus pies, a sus raíces, depositamos los morrales con los taquitos de frijoles otros antojitos, agua, una botella de tequila y una de vino tinto. A unos pasos, donde no afectáramos al vetusto árbol con la lumbrada, pusimos unas marañas y hojas secas y le prendimos fuego.

Mientras se hacia la brasa caminamos buscando más ramitas, nopales y “A ver qué”. Unos pocos brincamos la cerca que divide el cerro por el mero lomo y sigue la bajada como quien va para El Colecio. Les he platicado que hay un pozo no muy hondo como si lo hubieran hecho con las aspas de un helicóptero al revés, pero también muy cerca está un frondoso encino, más joven. Nos llamó la atención que al tronco del encino estuviera atado un cable de acero y éste colgara por un hoyo de unos dos metros de diámetro y no supimos nunca de cuánto de profundidad.

Nos acercamos con mucha curiosidad, pero al irnos acercando notamos un hedor insoportable. Alguien dijo que tal vez sería un venado que ahí cayó y ya no pudo salir. Pero el nauseabundo olor era cada vez más fuerte y algunos comenzamos a vomitar. El más aventado, no fui yo, yo estaba vomitando, se acercó e intentó entrar al pozo, no pudo precisamente porque no soporto la pestilencia.

Lo que siguió ya no sé si fue real o cada quien invento su propia historia, unos vimos o creímos ver unas botas amarillas, otros vieron “como que” brillaba una hebilla, ¡Sepa! El caso es que fue tema del día, cerca del árbol había rastros de fogata y cajetillas de cigarros vacías, unas botellas de tequila y otras de refresco. ¿Qué pasó ahí? Ese si es un secreto que nunca pudimos saber y que ya han pasado más de treinta años.

David “El Prieto” contaba muchas historias de sus andanzas por el cerro mientras sacaba su carga de “Camote del cerro” ya que de eso se mantenía. Y lo demostraba escondiéndose en el trono de algún delgado árbol y que sin moverse fácil dejábamos de verlo. En el cerro si te quedas quieto, inmóvil, te confundes con el entorno con la misma facilidad del mimetismo de un camaleón o cualquier animal del campo.

Pues ahora, en este año 2016, se dice que Heliodoro se perdió en El Encinal. Heliodoro lleva ya algunos meses que no se sabe de él y entre las historias que la gente a contado es que por el lado de “El Puerto” lo vieron y lo saludaron, Heliodoro camina por todos lados. Han dicho que por ese mismo rumbo alguien encontró su cartera, por supuesto, vacía.

Les contaré lo que yo recuerdo de Heliodoro: Yo aún no llegaba a este valle de lágrimas cuando, dicen, que llegó Don Maximiano Margarito con su esposa Margarita, esos eran sus nombres, y su familia de allá por el rumbo de Patamban. Sus rasgos eran purépechas y se establecieron en un solar que les regalaron, en ese tiempo se podían regalar muchas cosas, hasta terrenos para hacer Centros de Salud y Santuarios.

Familia muy trabajadora y nada conflictiva. Cuentan que don Maximiano era un hombre de voz suave y cansada, poco lo traté. Dicen que era de buen humor y amable con todos; según los más viejos que tienen algún recuerdo, me dicen que este hombre nació en 1850, dije 1850. Y murió en 1968, si Pitágoras no era tonto, el señor murió de 118 años. No estoy dispuesto a apostar. No recuerdo haberle visto canas. Bueno, pues este hombre era el papá de Heliodoro, que por estas fechas ya debió rebasar los 90 y que la última vez que lo vi, tampoco tenía canas, se ayudaba un poco con tintura azabache. Nuestro saludo de entrada era “Quihubo joven” ya fuera proveniente de él o de mí.

Lo de joven surgió porque al otro lado de mi casa paterna vivían tres hermosas jóvenes y alegres. Recuerdo el nombre de dos, Jovina y Clotilde, muy cantadoras y como eran muy amables todos los hombres eran muy saludadores con ellas. Heliodoro me decía que Jovina estaba enamorada de mi papá, pero Jovina me decía que yo era su novio, así que siempre discutía ese tema con Heliodoro y de ahí nació el saludo de ¡Hola Joven! (Hola Jovino).

Pasaron los años y siempre con todo respeto el saludo seguía siendo ¡Hola Joven! Yolanda su hija fue novia y esposa hasta que la muerte los separó de Alfonso Cruz, también muy mi amigo y fue el quien cumplió con el asunto de la separación. Lógico, a Yolanda le tocó sufrir la enfermedad de Alfonso durante muchos años, precisamente hasta que la muerte los separó.

El asunto es que en sus andanzas Heliodoro salió de su casa y no ha regresado, por la noticia de que pudo haber andado por “El Puerto” la familia pidió ayuda al Ejército y subieron a buscarlo. Hicieron un rastreo por todo el cerro y sobre todo por los lugares donde pudo haber caído sin poder levantarse dada su edad. Pues no, no se ha sabido de él, no encontraron osamenta, ni harapos de la ropa con la que lo vieron la última vez.

No se sabe de él, y la esperanza de que vuelva sigue en su familia, aunque cada vez es menos fuerte la fe ¿Dónde puede estar tanto tiempo sin dinero y sin comida? Aunque era, es, un hombre macizo la edad ya lo rebasó, a no ser que logre la longevidad de don Maximiano y si eso llega a suceder ¿Dónde está Heliodoro? ¿Cuántos secretos guardarán El Encinal y El Puerto?

Por hoy, hasta aquí. Los espero el miércoles en la oficina del Lic./Notario Fidel Martínez Acevedo.

Saludos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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