miércoles, 13 de julio de 2016

7803. LA MORENITA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

La Morenita.
Le decíamos tía Fi y hasta grande supo su texto servidor que se llamaba Fimbria. Estuvo casada con un señor que murió pronto y la dejó con dos hijos chicos y uno apenas bebé, que sacó adelante porque cocinaba mejor que Vatel y de eso vivió como rica su muy larga vida. Jamás se volvió a casar ni se le supo nada. Una vez, que salió el tema de su difunto dijo “ese buen hombre era una pesadilla” y explicó que ‘ese buen hombre’ estudió medicina, se tituló de ingeniero civil, trabajaba de contador y luego vendiendo seguros y enciclopedias; que en los siete años que le duró, se cambiaron de casa once veces; que salían de vacaciones a Veracruz y los llevaba a Tampico; que era masón pero iba a misa los domingos; que odiaba el deporte y jugaba béisbol todos los sábados… y cuando murió, tía Fi confesó sin pena que sintió alivio pues, le había perdido el respeto, no le creía nada y ya lo detestaba. Tenía razón.

México ha regresado a un bandolerismo y desgobierno en algo similar y en algo peor, al del siglo XIX. Después de tanto.

Luego de 30 años de dictadura porfirista y una Revolución que no fue eso sino una guerra civil por el poder, vino la ‘pax priísta’, con un partido hegemónico -de la última alcaldía a la presidencia de la república-, de 1929 a 1989 (cuando don Salinas de Gortari pactó con el PAN, entregar el gobierno de Baja California), y en el  poder federal hasta el 2000 (cuando don Zedillo le entregó el país a don Fox, de risible memoria).

La actualidad política nacional se compone de varios partidos que de una manera u otra, han ido decepcionando a los que componemos el peladaje nacional, sin ser completamente, ciudadanía con todas sus consecuencias (deberes y derechos, cumplir la ley, pagar impuestos y exigir sin piedad a nuestros gobernantes). Mire:

El PRI, porque desde  Salinas se fue desdibujando para imponer al pragmatismo como sustituto de los ideales y el ideario, como si fuera condición para el progreso económico carecer de proyecto nacional y conducir al país sin brújula ni timón, hasta llegar adonde estamos: los frívolos al poder jugando al ‘partidote’, sin darse cuenta que chacotean sobre las ruinas de lo que ellos mismos demolieron.

El PAN y el PRD porque han tenido gobierno y han gobernado mal. Tuvieron principios y también los abandonaron. Los partidos misceláneos, todos los chiquitos, no merecen análisis, unos por ser  -descaradamente-, inmorales empresas depredadoras del erario, otros por diminutos y también, alguno, por ser simple comparsa del socio de ocasión que se les presente.

Y Morena, que como partido se agota en un solo hombre, ha probado tener un  número de seguidores reales (los Pejeadictos), que no tiene ninguno de los ‘partidos grandes’ pero el imperio global y doméstico del capital, la montaña de inmensos intereses de los menos, jamás lo dejarán treparse a La Silla, a menos que la gente en el 2018 salga en masa a votar… y es tal la decepción, que bien puede pasar.

Pero aún con el Pejehová en el poder y tal vez por eso, más aún, el país necesita a los partidos para no caer en otra dictadura por bien maquillada que estuviera. Y la opción de los candidatos independientes es suicida, a menos que usted piense que podemos quedar en manos de un ramillete de personas salidas de no sabremos dónde, ni sujetas a qué intereses y, lo más importante: carentes de estructuras que den gobernabilidad al país. No: sí necesitamos a los partidos.

Por eso es imperdonable el manoseo actual del PRI. A nadie beneficia que se desmorone, ni que la gente común confirme su decepción.

El PRI y resabios de don Porfirio son importantes en la historia de México, para bien o para mal; el partido porque es lo único que hemos conocido como estructura política funcional con todos sus defectos, y don Porfirio por la extraña nostalgia vergonzante de tener al frente del país a un hombre fuerte, un papá  mandón macho alfa que a las chuecas o a las derechas, resuelva los problemas y vea por el bien de todos, aunque a veces reparta mandobles.

Ahora en todas las encuestas sobre confianza ciudadana en las instituciones, los partidos quedan en último lugar con calificaciones de pena ajena. Como las empresas encuestadoras no son mucho de fiar, entérese que el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP), de la Cámara de Diputados federal, apenas el 12 de julio de este año, publicó por tercer año seguido, los resultados de su encuesta de ‘Confianza en las instituciones’; cito:

“(…) Las instituciones en las que señalan confiar más los entrevistados son: la familia, los amigos, las universidades públicas, la Cruz Roja y la Marina (…) En las que menos confían son la policía estatal, la televisión, la Cámara de Diputados, los sindicatos y los partidos políticos”. El 22% de los encuestados dijo confiar en los partidos… queda harto ingenuo, verdad de Dios.

La verdad monda y lironda es que ya nadie respeta ni le cree nada a los partidos y ahora, gracias a lo malito que nos salió don Peña Nieto para eso de la política, el PRI se va a desgajar por el dedazo a favor de un señor que va a ser presidente de su partido sin tener nada de experiencia política ni electoral. Así les va a ir. Además, no es uno adivino: no es cosa de menospreciar las declaraciones de Ulises Ruiz, cara visible de unos que le saben a eso de las elecciones y pueden operar a favor y en contra.

Ya nadie respeta ni le cree nada a los partidos y ahora, gracias a don Anaya, el PAN es una caricatura risible de lo que antes fue, por más que crea que su repunte en las pasadas elecciones significa que en el país hay panismo, no, lo que hay es pánico y en caso de apuro se les puede recordar que don Fox apoyó a Peña Nieto, digo, para saber la calidad de la melcocha.

Ya nadie respeta ni le cree nada a los partidos y ahora, gracias a los Chuchos, los Bejaranos y sabandijas similares, no se cohesiona más la opción de izquierda.


Por algo andan diciendo que el Peje fue a la basílica de Guadalupe a dar gracias a la Morenita.

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