jueves, 14 de julio de 2016

7808. DESVERGONZADOS.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Desvergonzados.
Leyendo ayer sobre el cambio de Primer Ministro del Reino Unido, recordó el del teclado los escándalos que para decidir cualquier cosa había en casa de tío Luis, que tenía dos hijos y una esposa (una, como recomienda el manual), todos de carácter muy fuerte (o, diría la Viteri, de mal carácter): él, bravo como chile toreado; ella, entrona como res de Miura; y los dos hijos parecían guerrilleros estreñidos, siempre de malas, en desacuerdo en todo; terrible. En cambio, con tía Amelia (la de los doce hijos varones), no había duda de que todo lo disponía ella, a veces apoyada con la tranca de la puerta del zaguán, pero había orden, concierto y concordia, sí señor.

Imaginó su texto servidor y le pide a usted que haga el mismo ejercicio, qué pasaría en México si a consecuencia de un resultado adverso en una consulta popular (o algo parecido, como las elecciones del pasado 5 de junio), el Presidente de la república, la misma noche del proceso, saliera en la televisión anunciando su renuncia al cargo, ante la evidencia de que la mayoría de la ciudadanía no lo respalda: sería el caos. A la larga no pasaría nada pero iba a retemblar toda la estructura política del país y los analistas se iban a dividir entre los que lo tacharan de cobardón y los que lo aplaudieran por su actitud democrática (o sea: los que no están y los que sí están en la nómina).

No propone el del teclado tal cosa, para empezar porque nuestro régimen político es presidencialista (no es crítica, eso somos), y para seguirle porque para como somos, vendrían muchos males, uno, que no habría Presidente que durara seis meses, pues a ‘urnazos’ vivirían renunciando y todo sería un despelote (por eso, ojalá se vayan con mucho tiento los que andan con la idea de impulsar la ley del ‘referéndum revocatorio’, pues no es difícil que se abuse de la figura y acabemos con el equivalente a los derrocamientos continuos del siglo XIX, por más legales que fueran).

Sí propone este López que nuestros políticos le echen una miradita así sea superficial, a cómo se conduce el gobierno del Reino Unido, que como cabeza de un vasto imperio hizo cosas inconfesables y muy vergonzosas (nada más haber sostenido su contrabando de opio a China, a cañonazo limpio…  digo, muy educaditos los ‘gentlemen’, de bombín y paraguas, pero a la hora de que les tocan la cartera se acuerdan que son corsarios), pero, puertas adentro, en su propio país, sí se empeñan en el bienestar de su gente y se manejan con estándares que valdría la pena conocieran nuestros distinguidos tribunos y primeros mandatarios (como llamamos con craso humorismo a nuestros soberanos sexenales).

Para abrir boca: no hay ninguna ley escrita que diga en el Reino Unido qué hacer cuando renuncia el Primer Ministro, al que en rigor jurídico, nombra el Rey (en este caso, la Reina Isabel II, la siempreviva, que fue coronada en 1952 y a sus 90 está sana como soldadera y fuerte como marino de Southampton). ¿Se imagina eso en nuestra risueña patria?… sería una rebatiña por el poder; ya no existiríamos como país, seríamos 19 repúblicas, si no es que 32 (y la Reina ya sería lideresa del sindicato de Pemex o de los maestros, fácil).   

El recambio de primeros ministros en aquellos lares se hace en apego a una costumbre de puro sentido común (después de que le cortaron la cabeza a Carlos I y derrocaron a Jacobo II, en el siglo XVII, revoluciones Triunfante y Gloriosa), costumbre por la que el monarca designa Primer Ministro al parlamentario que tenga el apoyo de la mayoría de los Comunes, por considerar que es quien mejor le garantiza la gobernabilidad. Obligación legal no existe, pero no hay borracho que coma lumbre (-“¿Beg your pardon?” -diría doña Isabel).

Los políticos británicos son gente que resulta rara a nosotros. Acá, los nuestros tienen vicio de hacer leyes en tanto que allá, parece que les da pereza y, por ejemplo, no tienen Constitución y el cargo de Primer Ministro no aparece en ninguna ley que diga qué hace ni qué atribuciones tiene… pero las tiene y se le respetan, a la pura palabra o casi (de hecho, llamarlo ‘Primer Ministro’, empezó en el siglo XVIII, en burla del que tenía la chamba de ‘Primer Lord del Tesoro’, por todas las funciones que desempeñaba, como formar gabinete y hacer gobierno, y hasta el siglo XX ya se empezó a usar lo de ‘Primer Ministro’ en los documentos oficiales).

Por todo eso, aunque de hecho ya sea Primer Ministro, se presenta ante la Reina el que designó la mayoría de los del parlamento, para recibir el nombramiento de ella y ser legalmente el que se encargue del gobierno; en este caso, a ver a doña Isabel II, fue la Teresita May que es la nueva Primera Ministra (y no vaya a decirle ‘Primer Ministro’, que es mujer; ni ‘Primera Ministro’, que deben coincidir los géneros; cuantimenos, ‘Primer Ministra’, como consignó cierta prensa de España, donde hablan español de enchinar el cuero).

Otra diferencia son los sueldos. La Primera Ministra ganará 375 mil pesos mensuales aproximadamente, que es lo que resulta de sumar a su salario de parlamentaria, lo que le toca por ser la cabeza del gobierno (los parlamentarios británicos se embolsan en total, 120 mil pesos mensuales).

Comprende su texto servidor que es de mal gusto hablar de dinero, pero en México por esa remuneración, no tendríamos Presidente jamás aunque oficialmente don Peña Nieto gane nada más 250 mil mensuales… pero usted sabe, tienen sus ‘buscas’. Y si de comparar se tratara, le diría que un senador de la república, gana 160 mil (y los diputados federales, 120 mil, igual que los parlamentarios británicos, pero aquellos no tienen ‘moches’); un ministro de la Corte, 560 mil (va a hacer berrinche la Primera Ministra); y los jefazos del Trife, Derechos Humanos, Transparencia, el Inegi, todos rondan los 250 mil (para asombro de doña Teresita).

Ahora que si comparáramos calidad de trabajo, resultados y honestidad, acá deberían mandarles su sueldo completo a los de allá… digo, si no fueran unos desvergonzados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: