viernes, 15 de julio de 2016

7813. PÁNICO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pánico.
Cuando la prima Estela, poquito después de un año de casada, decidió divorciarse, eran los tiempos en que obtener el divorcio era un triunfo y se tenía que convencer al juez que la cosa era gorda e irremediable (no como ahora, que es como tramitar la credencial de Sam’s). Sus papás, sus hermanos, toda la familia y sus amigas, le dijeron que estaba loca y su abogado, que iba a estar difícil, pues no es causal ser cursi y ‘encimoso’; pero a quien la chamaca explicaba el caso, le daba la razón, como se la dio el juez, pues resulta que el maridito, sin celarla ni nada parecido, todos los días, boqueando de amor, le hablaba por teléfono desde su oficina -unas 15 ó 20 veces al día-, y le decía cosas como para matar a un diabético (recién llegados de la luna de miel, ella flotaba de alegría); además, diario, sin faltar un día, encontraba recaditos escritos por toda la casa, en el espejo del baño, en la pastilla de jabón de la regadera, en la pasta y el cepillo de dientes (uno en cada uno), en la cocina, la alacena, las cacerolas, el cajón de los cubiertos, en los mecates del tendedero, con frases empalagosas de pegoteársele los papelitos en los dedos… hasta que la hartó. La abuela Elena, que las pescaba de aire, dijo “ese chamaco esconde algo muy feo, o está loco”. Con los años se supo que no estaba loco… ahora hasta gracia es pero entonces, era cosa muy fea. Disculpe, son pecados del tiempo.

La sobreexposición la evitan los que sí saben de publicidad y propaganda. Los verdaderos políticos, los que sí son políticos, saben por simple instinto que en ellos es natural, que no deben hartar a la gente apareciendo de más y mucho menos a lo tonto.

No es difícil de entender: no es de enchílame otra hacer diario cosas dignas de mención en la prensa. Nadie es prócer ni hace historia todos los días. Nadie dice diario una frase célebre. La larga vida política de Churchill quedó en la memoria colectiva por una sola frase que se suele citar mal.

A pesar de ser obvio, de unos años acá, a cierta clase de políticos, que realmente no lo son (revise y verá que son en el mejor caso, amateurs, aficionados al difícil oficio de política), les ha dado por saturar a los medios de comunicación con su imagen, reportes de sus actos, trozos de sus mensajes. Es como de pesadilla, pero las mismas pocas caras aparecen diario, todo el tiempo en prensa impresa, radio, televisión y ahora, en las redes sociales. Sin que sea falta de respeto: ni Jesucristo, que si repasa usted los evangelios, verá que habló más bien poco, hizo unas cuantas cosas… y ya con eso.

Don Peña Nieto, siguiendo esa corriente, muy mala imitación de los usos políticos yanquis, se hace a sí mismo lo que con mucho dinero y no las mejores intenciones (ya lo hemos comentado), le hicieron a Luis Echeverría unos poderosos industriales, que sus razones tenían para detestarlo como un ciego al tenis, y dispuestos a conseguir que la gente acabara odiándolo, pagaban para que la prensa lo pusiera diario en la nota principal de la primera plana: se lo acabaron, a la fecha.

Alguien no le explicó a esta camada de políticos fallidos (nomás vea los desfiguros de Mancera en la CdMx), que el vendedor de autos no le sigue hablando al que ya compró el coche. La publicidad y propaganda de cuando se anda en campaña política, cesa una vez pasado el proceso electoral, si se perdió, por eso, si se ganó, por lo mismo.

En estos tiempos, junto con la tómbola de frivolidades con que nos atosigan, nos tienen bajo una catarata de buenas noticias y hazañas que la gente común, sin mayor análisis sabe que son mentira. La verdad y la mierda siempre flotan.

Pareciera que creen que Goebbles sí dijo que una mentira repetida mil veces se vuelve verdad, pero no lo dijo aunque lo repitan mil veces (es Lenin al que se atribuye una muy parecida: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad”; pero tampoco consta); y Hitler, que era malo, malísimo, pero no era tonto, recibía a su jefe de propaganda  cada cuatro o seis semanas, y jamás confió en la prensa como pilar de su gobierno: absolutamente nunca.  

Si se pone uno optimista, la explicación es que están conscientes (al menos algunos en Los Pinos), de que el pronóstico de clima es muy similar al que recibió Noé cuando se puso a hacer el arca: va a diluviar (y no agua); y entonces a falta de resultados, se intenta ahogar en publicidad y propaganda a la realidad, pero la realidad -chin-, es muy necia… y sí, parece que va a llover.

La principal responsabilidad de los jefes de prensa de los hombres del poder es el cuidado de la imagen pública de su patrón, no promoverlo como oferta de detergente: el señor ya llegó al cargo y de ahí en adelante se deben difundir los actos más destacados de su gobierno y sólo los muy importantes de él mismo.

Así, cuando sale en los medios llama mucho la atención, por ser poco común su aparición y porque debe salir sólo a decir algo de verdad importante, no cosas como: “Yo estoy convencido que hoy somos parte de un mundo global, de mayor interacción entre los países que somos parte de este mundo global” (perla de Peña Nieto, en su Conferencia Magistral, “Los Desafíos de México y su Papel en un Contexto Mundial Cambiante”); o: “Como ya lo ha comentado el presidente de Francia, los temas tratados fueron varios, abordando distintos temas” (frase para letras de bronce, recordando su discurso durante el banquete en París, con el presidente de Francia, Francois Hollande, el 17 de octubre 2012). Y así, cada día… y así no se puede.

Y no entienden: el Presidente apareció ayer en todos los medios sembrando un arbolito, cosa muy buena, sí señor, pero en medio del chubasco de sangre que padecemos, con el país mirando el despelote que se traen entre maestros, Gobernación y el niño Nuño, después del papelazo del nombramiento directo de un mayordomo personal al frente del PRI… sembró un arbolito y mereció primera plana. Eso no es propaganda, son ganas de que la gente lo odie. No es propaganda, es pánico.

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