lunes, 18 de julio de 2016

7822. CURTIDA EL ALMA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Curtida el alma.  
Tío Lucho no fue muy querido en la familia materno-toluqueña de este menda, más bien lo contrario: le caía mal a algunos… bueno, lo detestábamos todos. Entre otras cosas por lo atildado y por su culto por las buenas maneras. Casado con tía Refugio, tuvieron un hijo al que educaron con más rigor que los Windsor, que si hubieran comido en su casa los hijos de Isabel II (Carlos, Ana, Eduardo y Andrés), la real madre hubiera caído en la boca del tío (la tía Refugio no decía nada, nunca), porque sus modales, sin duda, no hubieran merecido su aprobación. Para él era imperdonable y armaba la tremolina si por ejemplo, su hijo no acomodaba bien los cubiertos sobre el plato al terminar de comer (juntos tenedor y cuchillo, y como en un reloj, los mangos a las cinco y las puntas a las diez); pero al mismo tiempo, toda la familia sabía que tío Lucho era ‘raro’, que no dormía con su esposa, que tenía sólo empleados hombres en su prestigiado despacho de contabilidad y que todo el santo día andaba con un ‘asistente’, que cambiaba con extraña frecuencia, por otro, siempre joven y de irreprochable aspecto -bonito, pues-, compañero obligado en sus ‘viajes de negocios’, a los que jamás llevó a su esposa. Así, hacía tragedia si el hijo se sentaba a la mesa sin saco y corbata (desde que aprendió a caminar los usaba), o si la sirvienta le acercaba el platón por el lado derecho, pero al mismo tiempo el tío Lucho era una gran loca y su esposa -seguro respetando la más refinada etiqueta-, le ponía cuernos, pero cuernos de verdad, de reno irlandés -‘Megaloceros giganteus’-; y el hijo, pobrecillo, alcohólico desde antes de adolescente, murió de poco más de 30 con el hígado hecho paté (pero francés, eso sí, de ‘foie gras’ de oca, a las finas hierbas, no vaya usted a creer que de la Fud o San Rafael).

Ayer, la Policía federal detuvo en el aeropuerto de Guadalajara a un cantante muy famoso entre los que lo conocen, por apología del delito, en su modalidad de canción rascuache; simultáneamente, la prensa nacional informó que con la estricta supervisión de 21 ‘visores’ y dos expertos de la Unesco, con la participación de 260 connacionales, se estableció una marca mundial de danza ceremonial mexicana (‘Récord Guinness’, como un Nobel, pero de bailar en calzones con plumas: ¡viva México!); también en estos días, fuimos testigos de la exitosa presentación de la trepidante serie ‘La increíble y triste historia del cándido Bantú y su veterinario desalmado’, con su vitoreada secuela ‘El bisonte asesino, muerte en Chapultepec’, drama de violencia intrafamiliar (‘traumatismo de congéneres’, para que no vuelva a decir ‘madriza’, ilústrese).

También ayer, la prensa nacional informó algo que fortalece nuestro optimismo (la nación no va a la deriva): los niños egresados de las guarderías del IMSS recibirán un certificado avalado por la SEP, ‘para ingresar a la educación preescolar a partir del segundo grado’; lo anunció personalmente el titular del IMSS, don Mikel Arriola (¡se ve, se siente!... ¡la reforma educativa está presente!). Y para recuperar nuestra fe en la raza, recuerde que hace no mucho, el 26 de abril de este año, allá en Tampico, Tamaulipas, la población se manifestó y puso una queja ante la policía por detención violenta y arbitraria de palomas, pues sin denuncia ni cargos, sin leerles sus derechos las ponen tras las rejas (disque por transmitir enfermedades); lo que no deja de vitaminar la fe en la especie humana, pues hay esperanza si esto es noticia nacional en un país con un promedio de 120 mil delitos al mes, incluidos homicidios, secuestros y extorsiones (la cuenta es la oficial, lo que se denuncia, porque vaya usted a saber cuál es la realidad).

Se entiende que los medios de comunicación enfrentan, al menos en México, el problema que significaría dar solamente malas noticias, se entiende. También se entiende que las malas noticias son noticia por eso, por ser malas, pues (¡bendito sea el Dios en que cada uno crea!), lo bueno sigue siendo lo común y por lo mismo, lo que no llama la atención (lo hemos dicho antes: preocúpese mucho si un día se encuentra usted con que la nota principal es que una mamá le dio pecho a su bebé, o que un papá llevó el gasto).

Todo eso se entiende, pero lo que escapa al del teclado es la razón por la que ocupa el tiempo de la Fiscalía (antes Ministerio Público), y de la Policía Federal,  un olvidable cantante de banda de fama efímera, que filmó un video casi ingenuo en el que ‘actúa’ que al saberse astado sin duda (‘in fraganti’, o como decía tía Mariquita, ‘in flagranti’), mata al Sancho y a la mancornadora la mete a la cajuela de un coche, que luego quema, sin decir que eso se debe hacer, ni defenderlo, ni nada, sino como simple trama de la infame cancioncilla que ‘interpreta’ a ritmo de tubazos y trompetazos… enterarse que eso echó a andar los engranajes del aparato legal del país (¿para consumo del poderoso ‘lobby’ del mujerismo que no feminismo, nacional?... puede ser);  y que se nos anuncie con un dejo de triunfo que ya le cayó entero el peso de la ley al infeliz, eso, en un país que en febrero de este año alcanzó el promedio diario de homicidios más alto desde que se lleva registro con un total de mínimo 55 fiambres al día, es cuando menos, desconcertante. ¿O sea, en México con la ley no se juega?

Lo mismo con  la desagradable muerte de Bantú. De acuerdo, qué mal. De acuerdo, que se revise que no haya sido una metida de pata de los responsables, pero chango es chango, no saquemos las cosas de quicio. Y si 260 tenochcas compañeros nuestros de peladaje se juntaron para interpretar con rigor y ortodoxia una danza ceremonial mexicana, precolombina, de la que no existe registro (se le escapó a don Fito Laban), necesariamente inventada, pues, debería quedar en anécdota simpática, no como nota destacada de la prensa nacional.

Lo que está de pensarse es que a fuerza de atrocidades cotidianas vayan a empezar a ser noticia las babosadas, ya curtida el alma.

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