lunes, 18 de julio de 2016

7825. LO PROFANO Y LO SAGRADO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Lo profano y lo sagrado.

El misterio es la cosa más bonita que podemos experimentar. Es la fuente de
todo arte y ciencia verdaderos.
Albert Einstein (1879-1955)
Científico alemán nacionalizado estadounidense.


Una tarde nublada y lluviosa, pero luminosa regresaba después de un viaje a Uruapan, realmente disfrutaba del paisaje, era la primera vez que recorría esas carreteras en las que no se veían muchos vehículos. Tomé ese camino para ahorrar tiempo porque ya se acercaba la noche. En algún pueblo me detuve para comprar café, me disponía a seguir mi camino cuando un anciano se acercó a mí. Pensé que me pediría para un café, pero el hombre me pidió que lo llevara al próximo poblado.

Era un anciano de pelo blanco y de piel morena, curtida por el sol, vestía ropas gastadas pero limpias, su aspecto impecable me dio confianza y le dije que lo llevaría con mucho gusto. Llevaba un morral y una cobija cruzada al hombro y se cubría con un sombrero de paja.

“Gracias por llevarme”, dijo el hombre, “a esta hora ya no pasan camiones”. Le dije que agradecía su compañía y le pregunté su nombre, “¿Importa acaso mi nombre? Decirte un nombre no hará ninguna diferencia, tampoco quiero que me digas tu nombre, no necesito saberlo”, dijo el anciano indígena.

“Tiene razón”, dije yo un poco inquieto por no saber iniciar una conversación con el extraño. Mirando los bosques cada vez más pobres, el anciano dijo: “¿Ves esos bosques? Están muriendo, el hombre está acabando con ellos sin saber que la muerte del bosque es la muerte de su espíritu.”

“Los bosques son lugares misteriosos, sagrados, pero también pueden ser terribles. En ellos viven espíritus que cuidan de las flores y de los árboles, que dan a las plantas poderes curativos especiales, pero también viven espíritus terribles, espíritus perversos que se manifiestan en las noches y  que viven en las regiones más oscuras de los bosques”, dijo el hombre que agregó: “En Japón  el bosque Aokigahara, también conocido como Mar de Árboles (Jyukai), en las faldas del monte Fuji, habitan las almas perdidas de miles de seres que se quitaron la vida en ese lugar. Cada año decenas de personas se suicidan en ese lugar, sus espíritus se quedan ahí, atrapados en su dolor, un dolor cuya vibración es tan densa que se puede tocar”.

Por mi parte no creía que las almas de los suicidas quedaran atadas al lugar de su muerte, pensaba en eso cuando el anciano dijo: “No pueden escapar a las cadenas que ellos mismos se impusieron”, sólo los puede liberar un espíritu de luz o las oraciones de sus seres queridos”.

¿Es lo que se llama el limbo? “pregunté, y el viejo sonriendo sarcásticamente dijo: “Eso se llama el infierno”. “Bueno, si existe el infierno también existe el cielo”, dije yo, “Existe, como existen bosques de luz que en las noches se transforman en bosques de oscuridad, como existe en el alma del cada hombre el bien y el mal en potencia, pero lo más importante”, dijo el anciano haciendo una pausa, “lo más importante”, repitió, “es que el cielo o el infierno están aquí y ahora, cada quien elige desde ahora su cielo y su infierno”.

Iba a hacer otra pregunta, pero me dí cuenta que habíamos llegado al pueblo, así que me detuve y el hombre se despidió, antes de irse me dio un envoltorio en una bolsa: “Gracias y hay nos encontraremos otro día”, y se alejó.

Dejé el paquete a un lado y seguí mi camino pensativo. ¿Y el paquete?, bueno eso se los cuento otro día. 

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