miércoles, 20 de julio de 2016

7832. PENITENTE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de        
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Penitente.
Se lo ofreció y lo cumplió. Tío Celso le dijo a su esposa, la exageradamente guapa tía Consuelo, que se iba de penitente a Taxco en Semana Santa y de allá regresó directo al hospital, medio muerto, con la espalda en carne viva por la azotaina que él mismo se propinó para que ella lo perdonara, para que regresara con él, jurando que ya nunca jamás le alzaría la mano, porque después de mucho de casados, se le ocurrió darle una bofetada a la estatuaria tía, quien de inmediato lo abandonó. Pero ni así dio su brazo a torcer la estupenda tía (ni ninguna otra parte de su torneada anatomía). En la familia no pocos coincidieron en que no tenía corazón y en una sobremesa de domingo, sin venir a cuento, una de las tías abuelas (la imprudente Beatriz), le dijo que lo suyo era soberbia y que no perdonarlo era hasta pecado, que jamás le volvería a pegar, que nomás viera lo que había hecho en penitencia, ¿que qué más quería que hiciera? (o algo así, fue hace mucho), y estalló la espléndida tía Consuelo: -Pues que deje de ser desobligado, borracho, parrandero, grosero, jugador, mentiroso, infiel, malmodiento y panzón, ya puestos a pedir, tiíta, nomás eso y vuelvo –enmudeció el palenque.

Antier, el Presidente nos pidió perdón a todos por el ‘error’ de la casa blanca propiedad de su esposa.

Por andar pidiendo perdón se le dejó venir una catarata de críticas de todos calibres y puede sentirse maltratado (hasta puede pensar qué más queremos que haga); lo podemos suponer por la entrevista que el 23 de mayo pasado concedió a ‘La Jornada’ (página 4), pues cuando Rosa Elvira Vargas le preguntó a qué atribuía el ‘mal humor social’ que traemos los tenochcas de a pie, respondió en pocas palabras, que no entendía la razón, si: -“(…) A todos, en términos generales, les está yendo bien (…) hay más empleo que nunca (…)” –ante tal respuesta, doña Rosa insistió: -Entonces, ¿a qué atribuirlo? –y el Presidente, respondió: -“(…) Las redes sociales han tenido impacto (…) Las redes han impreso, sin duda, un cambio al sentir social, al humor social (…)”. ¡Ah, bueno!

Propone el del teclado que dejemos en paz de una buena vez y para siempre lo de la casa pintada de blanco propiedad de la esposa del señor (parece que ya ni es de ella, dicen que sí la devolvió… mal hecho -perdón que se meta uno en asuntos ajenos-, pero si era bien habida y muy de ella, ganada con su trabajo… en fin, ¡pinche prensa!, no se vale). Propone López, también, que aceptemos que es rigurosamente cierto que “a todos, en términos generales”, nos está yendo bien y que “hay más empleo que nunca” (los del Inegi deben estar devanándose los sesos para cuadrar sus cifras con la presidencial afirmación, pues ya ayudaditas las cuentas, informaron que en los dos primeros años del sexenio creció en dos millones el número de pobres hasta llegar a ser 55 y medio millones, el 46.2% de la población que no se ha enterado que no tiene porqué andar de malitas), pero, no seamos aguafiestas ni amargados: aceptado.

Borrado de la historia del sexenio ese enojoso asunto, aceptado que estamos mejor y hay chamba como nunca, tal vez valdría la pena que sus asesores le expliquen al Presidente que ya entrado en la dinámica de pedir que lo disculpemos, se siga de frente, porque no se acercó ni tantito a la absolución ni va a mitigar con tan poca saliva la ira nacional.

Tiene que pedir perdón o explicar por qué no nos pidió perdón por otros asuntos más serios que lo de la casa que ya no es de su esposa. Básicamente nos tiene que pedir perdón por no hacer nada ante los escándalos de corrupción de funcionarios que él conoce y hasta trabajan para él. Algunos ejemplos:

Sin explicaciones (él sabe de qué hablamos), de constructoras: las infames grabaciones sobre actos de corrupción que implican a gente de su gabinete, con la abusiva y ventajosa constructora española OHL (Obrascón Huarte Laín). El trato inmensa y descaradamente preferencial que recibe la constructora ‘Grupo Higa’ (la que hizo la excasa a la señora Peña); constructora que vendió a don Videgaray, su secretario de Hacienda, la casa que él no devolvió. Que no haya hecho ni el intento de averiguar la razón por la cual don Moreno Valle, Gobernador de Puebla, otorgó contratos por más de 26 mil 212 millones de pesos... ¿a quién cree?: a Grupo Higa.

De los enjuagues que ya se hacen con las reformas que nos pida perdón, al menos por haber permitido que le otorgaran a la empresa Infraestructura Energética Nova (Ienova), la construcción del gasoducto de Ojinaga, Chihuahua (de los primeros frutos de la reforma energética), siendo que Ienova es filial de la yanqui Sempra Energy Inc., acusada en los EUA por lavado de dinero, contrabando y fraude fiscal; empresa investigada por el Departamento del Tesoro y a la Comisión de Valores de los EUA, uno de cuyos directivos es Luis Téllez Kuenzler, exdirector de la Bolsa Mexicana de Valores, exsecretario de Comunicaciones y Transportes, exsecretario de Energía, hoy, consejero independiente del Comité Técnico del Fondo Mexicano del Petróleo, creado según ordena la reforma energética.

Que nos pida perdón por haber permitido que se deshilachara el caso de Oceanografía, uno de cuyos implicados, investigado por la PGR, fue Carlos Morales Gil, exdirector de Pemex Exploración y Producción, hoy integrante de la flamante empresa ‘Controladora Petrobal’, que ya ganó bonito contrato petrolero en la Segunda Licitación Pública Internacional de la Ronda Uno.

Que se disculpe también por la grave omisión ante el escandalazo que en los EUA el 10 de abril de 2014, le costó a la Hewlett-Packard (HP), la que hace computadoras, una multa de 108 millones de dólares, por los sobornos que pagaba en México a Pemex.

Y es tanto, tanto más, que se le va el resto del sexenio pidiendo perdón y disculpas, por lo que siendo penitencia el “dolor y arrepentimiento que se tiene de una mala acción”, y penitente el que se arrepiente (del latín ‘paenĭtens, -entis’), entonces nuestro Presidente resulta ser un penitente.

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