jueves, 21 de julio de 2016

7837. LA VIÑA DEL SEÑOR.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

La viña del Señor.
Tía Margot era tonta como un puñado de confeti y no aceptaba que nadie le contara nada desagradable, ni que la pudiera inquietar, nada. En cuanto alguien decía  algo que empezara con “¿sabes quién está malísimo?”, “ni te imaginas quién se está divorciando”, “¿ya supiste de…?”, de inmediato interrumpía, dejaba con la palabra en la boca a cualquiera, no sabía ni quería saber. Lo malo fue que por dejar hablando solo al doctor… un viacrucis pasó la mujer.

Consta al del teclado que a un Presidente de la república cuyas iniciales eran José López Portillo, le ocultaban las malas noticias. No es que el señor fuera como tía Margot, no, sino su hermana mayor, doña Margarita (su mamá y las otras dos hermanas no se metían; mucho menos su esposa, doña Carmen, que ni se dirigían la palabra). Era doña Margarita la que daba órdenes para  escamotearle notas de prensa desagradables a su hermanito (si lo sabían los responsables de prensa de Los Pinos, es cosa que ignora su texto servidor, pero que al resumen de noticias que recibía el señor le sacaban aquello que pudiera serle desagradable, eso sí me consta). La intención no era mala. Era estupidez simple, superlativa pero simple. Lo grave es que don José se hacía tonto y bien sabía que le rasuraban el resumen de noticias, igual que sabía que le decían muchas mentiras para halagarlo (como eso de que había el riesgo de que la gente se echara a la calle para que no entregara el poder… cuando la población clamaba porque ya se largara).

Consta al del teclado que Miguel de la Madrid era al revés: insistía en enterarse pronto y más certeramente de lo malo y desconfiaba del colaborador que reservara para el final de su acuerdo algún tema incómodo o irritante; primero había que decirle lo malo, lo demás era lo de menos. Uno más, Luis Echeverría del que no consta a este junta palabras, pero de primera mano sabe que… no, a ese nadie le contaba nada, él sabía todo, que mantuvo todo su sexenio su red personal de información integrada por gente temible pero muy seria, veraz y con criterio.

De otros de esos cuya materia de trabajo es el poder público, que este junta palabras trató en directo (en esta vida se rueda mucho), tres gobernadores de tres estados muy diferentes, dos secretarios federales y unos cuantos más de menor pelaje, pero alto octano, todos esperaban siempre ser informados bien y de todo, de lo malo por delante. Igual algunos empresarios de calibre: las malas noticias tenían prioridad.

La diferencia entre todos esos y don López Portillo, era su frivolidad, de la que no lo curó su inteligencia ni su cultura. A veces lo frívolo se quita sufriendo fracasos, pasándolo mal; pero el que es frívolo y las cosas le van bien, nunca y de ninguna manera dejará de serlo.

En estos tiempos y gracias al imperio indiscutible de la tecnología, debiera ser imposible para la gente que gobierna, no mantenerse informada de todo y hasta de más… y ¿qué cree?... la frivolidad es más poderosa que Google, Facebook o el artilugio electrónico con las ‘aplicaciones’ más sofisticadas. El que quiere, vive en su burbuja y no muchos pero más de los deseables de entre nuestros gobernantes, viven sus propias mentiras y en un país que no corresponde con la realidad (por eso les gusta cuando la gente les aplaude y les echa porras, olvidando que pagaron para que fueran a eso, a aplaudirles y echarles porras; por eso el Presidente Peña Nieto acepta en un acto oficial, que le lleven su pastel de cumpleaños -anticipado- y le canten ‘Las Mañanitas’… en fin).

Por eso nada más, se justifica esa desagradable y no tan ética prensa de pelotazo y escándalo: obliga a que los hombres del poder público presten atención y atiendan. Por eso mismo, ONGs de intenciones por determinar y organizaciones como la CNTE, ayudan a que algo se enderecen las cosas.

Ingrata verdad pero el escándalo es el único modo de que hagan caso y moderen sus bellaquerías.

Por cierto:

Señor Presidente, el pasado lunes 18 en Palacio Nacional, usted aceptó que “lastimó la investidura presidencial”, que “dañó la confianza en el gobierno” y que agravió a la nación.

Señor Presidente, se le informa que en nuestro idioma, agravio es  una ‘ofensa a la fama o al honor de alguien’ y en su segunda acepción, es el ‘perjuicio que se hace a alguien en sus derechos e intereses’. Usted no raspó la fama ni en el honor de la nación (faltaba más); lo obvio es que sí perjudicó y perjudica, los derechos e intereses de los que conformamos orgullosamente el peladaje nacional, no tanto por el escandalete de esa casa de 8 millones de dólares, que se nos dice que ya fue devuelta (lo que no arregla nada si no era bien habida), sino que perjudica, sigue perjudicando el derecho y los intereses de todos con su no darse por enterado de la desenfrenada corrupción de un selecto grupo de altos funcionarios, exfuncionarios y riquísimos particulares que se protegen bajo la frondosa sombra del enorme aunque temporal poder presidencial, porque el poder presidencial en México, tiene fecha de caducidad (siempre se les olvida, por eso se portan así).

Señor Presidente, usted nos pidió perdón, lamentablemente no lo podemos perdonar porque, debe usted saber que hay cosas imperdonables (en derecho son las que se persiguen de oficio, nadie puede otorgar perdón, la ley las castiga se queje o no queje el perjudicado, perdone o no perdone). Lo sentimos mucho, no es personal, hasta nos cae bien (-¿Nos, Kimosabi?), pero esto, esto no se lo podemos perdonar. Usted es el jefe de Estado y de gobierno de este país; conforme a la Constitución, al asumir el cargo hizo un solemne juramento, cumplir y hacer cumplir la ley; usted es el único responsable de que usted no cumpla su solemne juramento, aunque lo primero, cumplir la ley, lo haga (y quién sabe), de lo segundo, hacerla cumplir, sabemos que no lo hace.

Un comentario final sobre esto: los jefes de Estado no piden perdón, señor Presidente, presentan su renuncia. Bueno, dirá usted, de todo hay en la viña del Señor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: