jueves, 28 de julio de 2016

7864. COMENTARIOS DEL MERCADO.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente, escritor y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Y miren lo que son las cosas.

Andaba de compras en conocida tienda departamental y ya saben, una botella de desestresante, aguas minerales y alguna botana “Tapa”, dicen los peninsulares españoles. Hablando de aguas minerales les cuento que hace algunos años, si quisiera decirles cuantos, les pondría el número, pero luego sacan cuentas y le salgo perdiendo a la ecuación, así que mejor no.

Bueno, en ese viaje fuimos un grupo de amigos a Sud América, precisamente al país del Papa, y eso que todavía no se sabía que iba a serlo. Estando en un barecito, uno de los compañeros le ordena un Tehuacán al bar tender, el bato fue a pararse hasta allá abriendo unos ojotes y haciendo una expresión como la que dibujó el maestro Quino en mi admirada Mafalda.

Pasados unos minutos al ver que no llega con lo solicitado, le gritan “¿Qué pasó con los tehuacanes?” ¡Ni mais! – Este wey no entiende! – Es cierto, mejor pídele un agua mineral a ver qué- y sí.

Les decía pues que mientras caminaba con mi carrito por la tienda saludando e intercambiando frases con conocidos, además de ir escuchando comentarios y quejas de la gente hablando de la situación en que vivimos. Una queja persistente es la cuestión económica, “Se oyen los lamentos por doquier en mi desdichado Borinquén”. Así mientras la gente vocifera quejas y groseras exclamaciones, va vaciando los anaqueles con mercancías útiles e inútiles pero que está en oferta, revisa etiquetas o va al preciador, “Está de la patada, este año nos lleva la “ingada”, el dólar pa arriba, la gasolina y el gas por las mismas, las cadenas de tiendas y farmacias saqueándonos” y caminando pa no hacer charco, se carga dos patonas de Torres 10 que está en oferta y una de Etiqueta Roja de tres cuartos. “Ya el dinero no alcanza pa nada”

Otro tema preocupante es la seguridad que en su ausencia provoca inseguridad y se habla de ejecuciones, marchas de maestros, los ayotzinapas, plantones y bloqueos de unos y otros y muchas acciones más protegidas por derechos humanos y las libertades de expresión y manifestación.

Otros más, interesados en el destino del Estadio de fut bol y del inicio del próximo torneo, unos más hablando de las lluvias y que por cierto estaba lloviendo esa tarde.

Terminé mis compras y tuve que esperar a que amainara (¿Así se dice?) la lluvia para subir mis compras a mi flamante y brillante Spark dándome una mojadita en la espalda. Al llegar a casa otra mojadita mientras bajaba las cosas y “pesqué” una sarta de estornudos que aún me duran.

Ya instalado en mi escritorio me sirvo “una pa la mojada” y pongo música, de pronto aparecen Los Montejo y pa pronto “Ciudad Blanca”: “Déjame que te cante Mérida linda, déjame que te diga Boxita mía” y no pude rehuir al recuerdo de mis viajes por esa bella ciudad cuando trabajaba en las ventas y que podía disfrutarse de serena paz y tranquilidad.

Además de la tan cantada y cierta belleza de la ciudad, la calidez de su gente y de su clima se respira una tranquilidad que antojaba a salir a las calles a caminar, a pasear a pie o en una Calandria por el famoso Paseo Montejo y los lugares donde expenden la rica comida que otrora fue faisán y venado mientras nos deleitan las dulces notas de la Trova Yucateca con la música de Pepe Domínguez: “Pájaro azul”, Ricardo López Méndez: Nunca, Golondrina viajera, Quisiera, Ricardo Palmerín: Peregrina y otros muchos poetas trovadores y desde luego el máximo bohemio de esa corriente musical Guty Cárdenas “El Ruiseñor yucateco: Peregrino de amor, Ojos tristes, Coconito, Caminito de la sierra y muchas.  O asistir a la famosa cantina “La Prosperidá” de donde surgió don Humberto Cauich, un cómico que ustedes no conocieron porque estaban muy chiquillos.

Poetas todos de bellas metáforas, un repertorio inagotable de amor a flor del romance, amor sin engaño, resonancias del Siglo XIX amanecidas en XX cuando las ardientes pupilas lanzaban miradas que matan, de unos ojos que con su belleza hacen mucho mal. Cuando el asombro se conjugaba entre un “Colibrí”, un torrente y una flor, un “Granito de sal”, un “Rayito de sol”, unas “Golondrinas Yucatecas” y el “Caminante del Mayab”

Un sinfín de poemas musicalizados.

Caminar por las calles durante la noche con gran tranquilidad en esa ciudad en ese tiempo, algo que también aquí lo tuvimos y lo gozábamos y hasta la noche era propicia para llevar serenatas y hasta para estudiar en El Jardín del Teco. Dos, tres de la mañana y los preparatorianos queriendo aprender en unas horas lo que no logramos en todo el año.

Temas todos que ya hemos platicado varias veces pero que cada día extrañamos más, sobre todo los muchachos de mi edad que en aquellos años salíamos a la una o dos de la madrugada del negocio del señor Ignacio García Alfaro sin dinero y debíamos caminar por no poder pagar el taxi.

Bueno, por hoy aquí le corto, se me vino encima el trabajo.

Saludos cariñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro

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