jueves, 4 de agosto de 2016

7897. TAMAÑO TUIT.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Tamaño tuit. 
No sé usted, pero este menda descubrió la palabra ‘pedo’, en segundo se Primaria; se decía ‘pluma’ y de preferencia, no se decía. Claro, este López habla desde la experiencia surrealista de la familia mexicana de la lejana era del pricámbrico clásico, cuando, para que se dé una idea, varias canciones de Agustín Lara no las podía oír la gente menuda, ni las señoritas decentes (“… vende caro tu amor, aventurera…”; “… mujer, mujer divina, tienes el veneno que fascina… vibración de sonatina pasional…”, ‘¿vibración?’… ¡lépero!; y, el colmo en María Bonita: “… me arrodillé para besarte…”, ¿de rodillas?, ¡… pues, qué estaban haciendo!); y para que no vaya a pensar que en casa de su texto servidor eran raros, sépase que siendo presidente Lázaro Cárdenas, el secretario de Educación Pública, Gonzalo Vázquez Vela, prohibió las canciones de Lara en las escuelas, por ser “sus letras obscenas, inmorales y degeneradas (‘Memoria del Fuego 3, el Siglo del Viento’, Eduardo Galeano, editorial Siglo XXI, página 299; para que no digan que anda uno inventando).

Ignora el del teclado cómo y por qué, la antes mojigata familia (sociedad) mexicana evolucionó a la actual, de la que no queda claro todavía si es madura o cínica, tolerante o impúdica, sincera o vulgar, pero el hecho es que junto con cosas en buena hora desechadas (como el culto al himen, hollejo sin valor intrínseco ninguno, cuya ausencia causaba tragedias y arruinaba vidas, por poner un ejemplo), junto con varias zarandajas del estilo, al mismo tiempo ahora resulta ‘naturalidad’ que la hija, arreglándose para ir al antro, le encargue a su papá, “aprovechando que vas al Oxxo”, unos condones sabor frambuesa (“¡seis, por favor!”); que los hijos dejen sobre el buró el trepidante video XXX “Blancanieves y los siete enanos”; para no meternos en que ya es confianza que la hija comente de sobremesa, las ventajas del sexo anal (ahora que puso el tema de moda don Beto Rivera, cardenalazo de nuestra vidaza); sin mencionar que ya resulta dudoso el derecho de los padres de registrar a los hijos indicando qué sexo aparentaron tener al nacer, atropello mayúsculo a lo que será su decisión, ya después, cuando definan libremente su preferencia, a partir de los trece años y si quieren, antes.

Lo anterior dicho aceptando que son resabios de la educación demodé e hipócrita, que el del teclado recibió con fondo musical de Jorge Negrete interpretando ‘México lindo y querido’ (de Chucho Monge), tiempos de apariencias y fantasías, como prueba que a la gente le gustara oír a Los Panchos cantando de Adrián Flores, la tontería esa de ofrecer a la amada alma para conquistarla, corazón para quererla y vida para vivirla junto a ella, cuando lo realista es andar sin cuentos y tener dinero para conquistarla, BMW para quererla, y la Golden de American Express, para usarla juntos (pero-por-supuesto).

Sería buenísimo que viviera don Octavio Paz, para pedirle su sesudo análisis sobre la sociedad mexicana contemporánea; enfrentarlo a cosas como la defensa a ultranza que algunos hacen, de los derechos inalienables de los animales, sosteniendo al mismo tiempo y sin sonrojos que el aborto debe ser absolutamente libre, decisión tan normal -ni más ni menos-, como sacarse la muela del juicio (nomás que duele menos), en la que ni las leyes, ni nadie debe meterse a opinar y mucho menos normar: cada quien hace con su cuerpo lo que mejor le parezca (bueno, menos todo lo que prohíbe la Ley General de Salud y mientras se escondan los saleros en los restaurantes, eso sí): brincaría encima de su ‘Laberinto de la soledad’, mesándose los pelos y echando baba verde, pues con toda su inteligencia lo escribió en 1950, explicando cómo es el mexicano y lo mexicano, nuestro modo de ser, nuestra psicología y moral (ahí reléalo usted)… sí, Chucha.

Todo esto no provocará cataclismos divinos ni es anuncio de una quiebra ética nacional (ni de Occidente), de ninguna manera. Es así la dinámica de nuestra especie. Los romanos de toga, se espantaron del deprave de su época; los conservadores en el siglo XVI, de las esculturas de encuerados del Renacimiento (con todo y ‘pajarito’); y en 1907, la ‘Gatita Blanca, María Conesa, causaba soponcios entre las personas bien nacidas, porque enseñaba las pantorrillas en el escenario -la verdad, poquito arriba del tobillo-, mientras interpretaba su resonante éxito ‘La alegre trompetería’, de significado soez, ruina de las buenas costumbres (porque ya entonces ‘trompeta’ era ‘trompeta’ y si las señoras de la Liga de la Decencia de entonces, hubieran sido tan decentes no hubieran entendido y no se hubieran indignado… cochinas).

La humanidad, vistas las cosas de cerca, a veces aparenta que se dirige a la definitiva derrota de la ética y al irremediable desorden social. No es así. Es sin duda mucho mejor este momento que aquellos tiempos añorados en los que la mujer era una cosa, había esclavitud, se veneraba la guerra como prueba definitiva de valores cívicos y los derechos humanos eran algo por inventar. Pero, sin dudar de eso, también es conveniente no dejar de observar, analizar, contrastar y cuando haga falta, señalar como equivocado, frívolo, risible y hasta peligroso, los que a cada quien se lo parezca, que ya el tiempo y la inteligencia de la gente, irán escogiendo siempre lo mejor (no se asombre ni lo dude: por algo, de la caverna y la carne cruda, hemos llegado a donde estamos en el poco tiempo que tenemos de estar sobre el planeta, que si compara la edad de la humanidad con la de la Tierra, estamos acabandito de llegar).

Y del mismo modo es muy recomendable que los gobernantes no sean un atajo de ignorantes que se permitan pasar por alto la importancia de la cultura, toda la cultura, porque conviene no perder lo que tanto vale y tanto da; que por eso miden el avance de la sociedad con el producto interno bruto y logran comunicar todas sus convicciones con los 140 caracteres de sus tuitazos, porque así tienen el cerebro, tamaño tuit.

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