martes, 9 de agosto de 2016

7916. ¡VIVIR!

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y escritor.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Es cierto que no sabemos vivir, pero es más cierto que no queremos morir.

Esta semana tuve que visitar médicos para que me vieran, ya me di cuenta que “ir a ver al médico” no cura si él no te ve a ti. Ya saben, mientras llega el turno, se acomodan los pacientes “pacientemente” en cómodas sillas y a veces no tan cómodas, de todos modos, da sueñito y para no pasar vergüenzas y estar cabeceando, empieza la plática de – ¿oiga, y usted que tiene? Y ya saca sus penas y dolencias y da confianza para que otro “pacientito” se sincere y cuente como empezó a sentir unas molestias que Dios guarde la hora.

Se da uno cuenta de lo que padecieron, padecen y hasta de lo que murió una tía que tenían en La Sauceda. Nos enteramos de los mil y un remedio que curan desde una uña enterrada hasta la caída del pelo, y uno no se explica entonces qué hacen en la sala de espera del galeno.

Dicen que llegó un señor al hospital con tremendos dolores y exigiendo que de inmediato le extirparan (¿amputaran o castraran?) el tanate izquierdo, el galeno le habla de estudios, radiografías y previsiones necesarias para una operación, el enfermo ¡Exige! Y con el dinero en la mano lo meten en el quirófano. Tratan de convencerlo y él explica que siente un dolor que le inicia en el dedo gordo del pie izquierdo y le sube hasta la rodilla, luego le llega a la clavícula y le baja por el nervio esternocleidomastoideo descargando totalmente en la región que quiere que le extirpen. Y así sucede.

Pasado un tiempo llega el mismo señor con su sastre y le ordena unos pantalones, el sastre toma medidas y cuando le mide el tiro, el señor lo pide más ajustado, El sastre le aclara que cuando se ajusta demasiado el tiro, pega un dolor muy fuerte que empieza por el dedo gordo del pie izquierdo y le sube hasta la rodilla, luego le llega a la clavícula…

Como sea, nos vamos dando cuenta de lo bonito, grandioso, sublime que es vivir, también decimos haber vivido, no solamente existido, sino también al disfrutar de tantas cosas que tiene la vida y que queremos vivirla tratando de salir de nuestras propias trampas: nos dicen que el abuso en el consumo del vino es nocivo para la salud, pero lo entendemos cuando del hígado solo quedó el ganchito, lo mismo con el tabaco y los pulmones.

Muchas más trampas con las que creemos que somos felices como la tarjeta de crédito o prestar dinero a los compas, hacer caso de chismes o que te metan en ellos, creer las adulaciones, “compre ahora y pague después” y más y más. Pero si el joven supiera y…el viejo pudiera, habría balance.

El vivir tiene muchas y diferentes formas de gozarlo, algunos disfrutamos la simpleza de arrancarle las patitas a los cien pies, es emocionante porque primero hay que contárselas para no cometer una criminal equivocación, sería una tontería. Hay quienes disfrutan viajando, leyendo, oyendo música, paseando por La Calzada, haciendo algún deporte, viendo la lluvia, ganando dinero y haciendo grandes fortunas, ahorrando y hay quienes disfrutan más solamente gastando y que trabajen otros.

Goces simples y sofisticados, pero “Cada quien hace de su tamarindo un agua fresca”. Sin embargo, creo que, para muchos, tal vez la mayoría, el mayor disfrute es estar con la familia, con los hijos y después con las nueras y los nietos y nietas para no fallar a la expresión foxiana; pero las trampas y el glamour social nos absorbieron y nos dimos cuenta cuando ya muchos familiares se fueron a los espacios siderales (Para que se oiga bonito) y otros a cualquier parte de este planeta.

Tal vez por eso los abuelos somos tan cariñosos con los nietos, dice Catón que si en vez de rendir cuentas a Dios Padre se las rindiéramos a Dios Abuelo todos estábamos salvados, a los nietos les damos todo el cariño que se nos quedó, que no les dimos a los hijos por andar formando hombres de provecho para el mañana, y con ese pretexto surtimos a los hijos con todos los castigos y sacrificios para que ahora nos salgan que ese tipo de correctivos causan daño emocional irreparable. Yo siento que a mí no me dejaron huella ni en las “nachas” que de todos modos no tenía y si me dejaron enseñanzas que aprecio y agradezco por siempre a mis Papás.

Y si, debe ser tormentoso levantar a nuestros jóvenes a eso de las once de la mañana y, peor si la noche anterior se fueron al antro, o traerlos sin celular, o enseñarlos a trabajar o hacerlos leer y estudiar, ¡Simplemente inconcebible! Pero también es un gusto diferente de gozar la vida.

Una buena charla con una amistad y un café o un buen tinto o ya de perdis un Buchanan con la música que más te guste, un intercambio de lecturas o de lo que se disponga, una buena actitud y una amplia sonrisa, ejercer la honradez, la honestidad y poder exigir reciprocidad.

Tomar de la vida lo que nos vaya ofreciendo en las diferentes e ir arrancándole lo que en justicia nos pertenece hasta que llegue el momento de entregar lo que se nos dio y lo que tomamos prestado, como fue la niñez y sus riquezas, la juventud y su divino tesoro y las edades restantes, las de madurez que nos permiten saborear lo que se vivió si es que se sabe recordar con placer, no con llanto y dolor. Se tuvo, si se gozó o no, eso ya pasó.

Más o menos recuerdo un cuento de una caja llena de dulces, que al abrirla comemos de ella con extremada gula, pero al ver que van quedando pocos, se comen con lentitud saboreando cada trozo sin querer acabarlo y mientras que al principio se anotaban los que podías comer en un solo día, ahora quieres que cada uno te dure más de 365 días. Pero solo duran ese tiempo y de cada quien depende la cantidad de buen sabor que sea capaz de extraer.

Si al fin la realidad es nacer y morir, el modo de vivir, es decir, el camino entre esa llegada y esa despedida nos corresponde a cada uno, ojalá le saquemos el mejor provecho sabiendo que las cosas de la vida no son gratis, cuestan uno y la mitad del otro (No sé qué quiere decir esto), pero con todo y eso la vida sigue valiendo la pena vivirla, no hay otra.

En cada mañana un bello amanecer, ahí están diario, en cada cara una sonrisa, en cada trato una palmada, en cada comida un placer, en cada trago un amigo con quien brindar y en cada tarde un ocaso de bellos colores para tener una noche colmada de dulces sueños, antes de la llegada de la noche eterna.

Le voy a tomar prestado un fragmento al Sr. Borges de su poema “Si volviera a nacer”: Si pudiera vivir nuevamente mi vida…En la próxima cometería más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más, sería más tonto de lo que he sido, de hecho, tomaría muy pocas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos, iría a más lugares a donde nunca he ido…

Un aspecto importante del saber vivir es, Dejar vivir, nos metemos en las vidas ajenas “Como Pedro por su casa” peor aún, tratamos de arreglar a nuestro modo esas vidas aun cuando vemos que la gente vive agusto así, o ¿Por qué no? Dejar morir, a veces nos metemos tan profundamente a dar consejos a enfermos o a su familia, alargando agonías que ya no tienen regreso a la salud ya sea por la edad o por la propia enfermedad.

Por lo pronto vivamos este día como llegó, siguiendo el consejo popular que dice: “Al mal tiempo, buena cara”.

Bueno por hoy y quedándome muchas letras en el tintero, los dejo descansar.

Rafael Ceja Alfaro

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