miércoles, 17 de agosto de 2016

7949. SESO Y FIBRA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Seso y fibra.
Tía Rosita (rama materno toluqueña de la parentela de este López), la que usted sabe, la que al morir le echaron cuentas los viejos y calcularon que ‘cuando menos’, tenía 117 añitos, era una ancianita siempre de negro, con enaguas y refajo bajo el vestido, de chongo, muy dinámica, de permanente buen humor y risa fácil que cocinaba como diosa y todos queríamos. Una cosa era incómoda para las mujeres de la familia: para visitarla tenían que ir casi de cara lavada, falda al tobillo, blusa sin escote y manga larga, porque sin criticar ni decir nada, la viejita se ponía tristona por ‘tanta perdición’ (y para ella, una falda a media pantorrilla era libertinaje). Un día el impresentable primo Pepe, al que ella quería mucho, la llevó al cine del barrio, a ver ‘Sandra’, sin decirle que era una cinta de rumberas, ni que el título completo era ‘Sandra, la mujer de fuego’, en la que aparecía la increíblemente hermosa actriz Rosa Carmina con un vestido que dejaba ver una pierna (ahora, cine para niños y adultos; entonces, para mayores de 21 años con restricciones). Contaba Pepe que esa vez -única en su vida-, sí se sintió mal porque la viejita, con la pantalla ocupada de arriba abajo por la pierna de la actriz, dijo llorando inconsolable: -¡Y todo por no usar medias de popotillo! –porque su teoría era que la decadencia de la civilización occidental había empezado cuando las mujeres dejaron de usar gruesas medias de algodón, por ponerse las de seda, primero, y las de nylon después, que eran transparentes, dejaban ver ‘la carne’ y todo se fue yendo al precipicio: el respeto, las buenas costumbres, la familia, la religión, y así, ya sin respetar nada, vinieron las guerras, porque ya a nadie le importaba nadie ni nada. ¡Y todo por el popotillo!

Casi nadie repara en que el dogma universal actual -el crecimiento sostenido del producto interno bruto, PIB-, es una inmensa tontería que entre otras cosas, sólo hace más ricos a los que ya eran ricos, concentra el capital y aunque en términos generales sí ha disminuido el hambre y la pobreza en el mundo, ha ensanchado la brecha entre pobres y ricos, sin dejar de mencionar que en algunos países, disminuyendo el nivel extremo de pobreza (la miseria), ha crecido el número de pobres (los que carecen de casi todo y se conforman con comer lo menos irregularmente que se pueda).

Si se detiene uno a pensar en lo que significa el crecimiento constante del PIB, resulta un objetivo de resultados de fantasía. Imagine usted que México consiguiera un crecimiento anual del 5% de su PIB; si en el año 2015 arrancamos el cálculo, para el año 2030, tendríamos un crecimiento acumulado del PIB por un total de 208%, mientras el crecimiento de la población según la proyección oficial del Consejo Nacional de Población (Conapo), llegaría a 137.5 millones de habitantes.

Eso estaría sensacional, porque con el doble de PIB y un incremento del 12% de población, puede uno suponer que estaría resuelta la pobreza, sin prácticas monopólicas de nadie y sin mantener los salarios de hambre de ahora… pero seamos optimistas: al 5% anual de crecimiento, para el 2030, ya estaríamos tocando los dinteles de la Gloria. Ahora bien, si seguimos con ese crecimiento del 5% anual del PIB, para el año 2050, tendríamos el 552% de PIB respecto del año 2015, con una población total de 151 millones (según estima el Conapo). Esto es: para un crecimiento de casi el 25% de gente, cinco veces más PIB… no vamos a comer cinco veces al día. Solución: exportar.

¡Claro!, pero como estamos de optimistas, resulta que todo el mundo creció su producción igual al 5% por año, pero en el 2050, en el mundo habrá 9,100 millones de terrícolas, un 24.65% más que ahora (en 2015 se estimó en 7,300 millones de seres humanos la población mundial)… bueno, ¿qué vamos a hacer con un 552% más de producto?... ¿quién le va a comprar a quién?... ¿qué le va a comprar?... Solución: el consumismo.

¡Claro!, el consumo delirante hará la delicia de empresarios chicos y grandes. Llegaremos al punto en que todo sea desechable como los encendedores Bic, como los teléfonos celulares que nomás cambia la gente por moda y nuevos ‘servicios’. Por eso es importante el fomento del consumismo, porque le asegura a los inmensos capitales industriales y financieros la permanencia de su modelo de desarrollo.

Bien podríamos aceptar el modelo sin reparos, si diera los resultados que pregona, pero la realidad es que propicia una intolerable -inmoral- concentración de la riqueza, el ensanchamiento de la brecha que se va haciendo barranca entre pobres y ricos (y va para despeñadero), junto con la intrusión cada vez más descarada de los ricos en la política y los aparatos de gobierno de los países, para controlar desde dentro la toma de decisiones. El resultado a la vista es la pérdida del sentido social del gobernar, la ley del dinero: el que tiene tendrá más.

El otro pedazo de realidad es que no veremos jamás un crecimiento parejo del PIB en todo el mundo ni un crecimiento sostenido por largos periodos en un solo país. La realidad es la que tenemos enfrente: unos cuantos crecen, otros, no. Unos países y unas empresas, dominan a los demás países y empresas. Amplias regiones son fuente de mano de obra barata, de materias primas, de consumo de lo que esos países y empresarios necesiten venderles. Y cada vez más, bajo las leyes del absurdo consumismo, ser pobre es castigo por desorganización, incompetencia y hasta inferioridad cultural (y de raza, aunque no se diga).

Algo anda muy mal, lo explica Zygmunt Bauman, el muy respetado sociólogo que reta la ilógica del modelo que se nos ha impuesto: “El crecimiento del PIB sólo hace más ricos a los ricos (…) En 1960, el salario medio de un alto ejecutivo de los EUA era 12 veces mayor que el sueldo medio de un operario. En el 2000, esa desproporción ascendía a 530 veces. ¿Este mundo quién lo ha diseñado, Rockefeller?


No es el popotillo, es la aparición de una generación de políticos faltos de seso y fibra.

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