jueves, 18 de agosto de 2016

7953. ¿QUIÉN CIERRA LA PUERTA?

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para     
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¿Quién cierra la puerta?
La chulísima prima Olguita vivía en México, pero había ido a Morelia a hacer unos ‘ejercicios espirituales’ de una semana, organizados por las monjas del colegio en que estudiaba la prepa. Su papá estaba en un viaje de negocios en Guadalajara. Se toparon en el vestíbulo de un hotel en Veracruz. Ella, de la mano de un señor treintón con quien seguramente hacía sus ejercicios (no espirituales, otros); su papá, del brazo de una dama que tal vez sí iba de negocios. Olguita lo contó a este menda pasados unos años del tierno episodio. “Hola”, le dijo su papá, casi dislocado del codo al soltar a la dama; “qué gusto verte”, contestó ella, sin soltar la mano de su galán. “Platicamos en la casa”, dijo él  rechinando la dentadura; “sí, platicamos con mi mamá”, respondió ella, revoloteando los dedos de la mano libre en señal de despedida. Regresaron cada uno cuando tenían que regresar. Su papá le preguntó qué tal había estado el retiro, ella le dijo que bien, que a él cómo le había ido en su negocio. Tía Gloria, mamá y esposa de este par, había aprovechado esos días para visitar a una tía suya de Autlán, que Olguita le informó tenía años de muerta, cuando su mamá le dijo que parecía que venía de la playa. Todos serios.

El domingo pasado, Enrique Ochoa Reza, presidente nacional del PRI (neoPRI), en sentido discurso ante las fuerza vivas de la CNOP (otrora sector popular tricolor),  dijo que a los partidos de oposición “se les acabó el recreo (que) ya no dudará en informar de todos los actos de corrupción e impunidad en las organizaciones políticas contrarias al Revolucionario Institucional y que no son pocos, para que sean del conocimiento de la ciudadanía y se hagan merecedores del castigo que se merecen”; sic, o sea, así habla y qué (ojalá merezca lo que merece).

Hasta delito es eso, porque quiere decir que sabe y no denuncia… pero en fin, dijo que va a alzar la cobija y vamos a ver las cochinadas que hacen entre todos: quién con quién y qué en el qué de cada quién (¡qué emoción!)

Ayer, Omar Ortega, diputado federal perredista, contestó que está bueno, que “Sí, que se denuncie a los corruptos, pero que se empiece ya por los de casa”, como insinuando que hay corruptos en el PRI (cómo es la gente).

A Ochoa Reza hay que tenerle paciencia. Apenas está empezando su carrera política y sólo porque el Presidente de la república se lo pidió, ocupa la oficina del líder nacional del PRI (para qué son los amigos). Lo malo es que se la creyera y declarara por su cuenta, lo que es poco probable: alguien le ha de haber dicho que saliera a decir eso de que ya no van a andar de tapadera de los otros partidos (de plano que fea novatada).

El diputado Omar Ortega no es uno del montón, es el mero Coordinador de Proceso Legislativo del PRD en la Cámara de Diputados federal. Sabe cosas y al responderle al tricolor Ochoa, le dijo que para abrir boca, qué le parecería que el PRI ya no atore las 330 denuncias de juicio político que duermen el sueño de los injustos (que es pesado), ante la Subcomisión de Examen Previo, que es la primera instancia de trámite en la Cámara de Diputados, con dos copresidentes, ambos del PRI, instalada hasta el 13 de abril de este año, compuesta por 14 diputados (seis del PRI, tres del PAN, dos del PRD, uno de Movimiento Ciudadano, uno de Morena y uno Verde). O sea, son diez los que aseguran la plena inactividad de esa subcomisión (seis tricolores, más tres azules, más uno verde).

Seguramente por no abusar de la inexperiencia del bisoño Enrique Ochoa Reza, don Omar le hizo saber que entre las denuncias pendientes está una en contra de un tal Enrique Ochoa Reza, de cuando fue director general de la CFE (donde chambeaba antes de pasar a mayordomo de Peña Nieto en el PRI); y otras que tal vez (sin pensar mal), no le sienten nada bien al PRI ni a su Jechu (Jefecito chulo), Enrique Peña Nieto, por ejemplo y entre otras: la denuncia contra de un tal señor Enrique Peña Nieto, de cuando fue gobernador del Estado de México; otra en contra de Emilio Lozoya Austin, ex director de PEMEX; contra Rodrigo Medina de la Cruz, exgobernador de Nuevo León; contra Eruviel Ávila Villegas, gobernador del Estado de México; Javier Duarte de Ochoa, del de Veracruz… y más, con alguno que es bueno para la salud no mencionar (¿qué necesidad si hay tantas?)

Don Ochoa por andar de queda-bien con la gente de la CNOP o porque lo empinaron diciéndole que se iba a poner muy contento su Jechu, si le echaba bronca a los otros partidos, dijo la bobada esa de que se había acabado el recreo, pero ahora que le han tomado la palabra, la cosa promete ser muy divertida (si de verdad llegan a levantar la cobija, lo que no veremos: sería un suicidio colectivo y sobradamente probado está que nuestros políticos son muy pudorosos y se tapan muy bien).

Pero igual, para que el líder priísta no se ponga en el plan del Niño Nuño, don Omar, le dijo que “¿Con cuál autoridad moral se amenaza con denunciar a los corruptos de otros partidos si, contrario a lo que se prometió, no se actúa contra los gobernantes priistas que traicionaron a sus gobernados y desviaron los recursos que iban destinados a obras y servicios públicos?” (dele chance don Omar, está empezando… se le salió).

Y el perredista agregó tener muy claro “que también hay denuncias contra individuos de otros partidos políticos, incluido el nuestro, pero no por eso nos hacemos de la vista gorda y nos negamos a que se inicie el procedimiento. Retamos al dirigente priista a no dejar en mera demagogia y fanfarronería su dicho de que se acabó el recreo. Su partido en la Cámara de Diputados debe actuar en consecuencia”. (Demagogo, fanfarrón… se llevan pesado).

Seamos realistas: ninguno de los partidos políticos que ha formado gobierno resiste un examen serio. Por lo pronto, nomás que le bajen y ya luego, si de veras dejan al erario en paz, hasta un borrón y cuenta nueva les aceptamos. Porque si se empiezan a meter unos a otros a la cárcel, ¿quién cierra la puerta?

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