viernes, 19 de agosto de 2016

7956. LA PATRIA… AL PROCTÓLOGO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

La Patria… al proctólogo.
Ayer, el presidente de la Comisión de Educación del Senado, Juan Carlos Romero Hicks, dijo que estaría bueno empezar a considerar hacerle cambios al apartado ‘B’ del artículo 123 de la Constitución, para ya terminar de una buena vez con el conflicto entre el gobierno y los maestros. Fácil.

Ese artículo de la Constitución es el fundamento de la Ley Federal del Trabajo. Tiene dos apartados, el ‘A’, sobre los ‘derechos y obligaciones del capital y el trabajo’; y el ‘B’, que ‘regula el trabajo de los empleados al servicio del Estado’ (el que aplica a los maestros).

Dijo don Juan Carlos que eso sería para “(…) el desmantelamiento de un sindicalismo corporativo y clientelar, que en ocasiones ha sido corrupto (…) donde el sindicato se convirtió en patrón, y el patrón dejó de serlo y todavía hay pendientes en el camino”. ‘Tá bueno.

Habría que explicarle a don Juan Carlos que en este nuestro risueño país, cuando se trata de aplicar la ley a los que representan algún interés político de la clase gobernante -en especial los sindicatos grandotes-, no se aplica… o sí pero muy de vez en cuando y también por interés político, no porque la ley sea sagrada. Si don Juan Carlos tiene tiempo, le mandamos un brevísimo resumen muy sintético que hay por ahí con algunos  ejemplos sueltos de casos de grandes organizaciones obreras mangoneadas por sirvientes del régimen que gozan de total impunidad (12 tomos de mil páginas cada uno, letra chiquita).

Además, don Peña Nieto acaba de reformar precisamente a la ley del trabajo, y parecería una chicana reformar la reformada ley del trabajo, nomás para meter en varas a los maestros.

Lo que es un hecho es que por bien que esté la reforma educativa (o por malísima que sea), ya está, es esa y no la quiere aceptar un numeroso grupo de maestros, los de la CNTE, porque son unos apóstoles de la educación (o porque son unos pervertidos demonios de la más depravada contra-pedagogía… será menos). Pero ahí está esa ley y esos maestros. Eso es el resumen del asunto y que entre la trompa de los del gobierno, y la jeta de los maestros, en medio, están los niños y los ciudadanos que no tienen que ver en el asunto y pagan platos rotos de una cocina que ni conocen. Hay que decirlo.

Don Juan Carlos, aparte de presidir la Comisión de Educación del Senado, fue rector de la Universidad de Guanajuato, director General del CONACYT y gobernador de su estado, Guanajuato, sin escándalos ni sospechas de cochinadas (los malquerientes que tiene -nunca faltan-, lo peor que pudieron decir de él, fue que pagó la compensación correspondiente a los empleados de confianza de su gobierno hacia el final de su administración… lo que es muy correctito y a la vista de las cosas que ahora pasan, es como para iniciar su beatificación).

También ha sido presidente del Consejo Directivo del Consorcio para la Colaboración de la Educación Superior en América del Norte y de la Organización Universitaria Interamericana: Panista serio (sí, todavía hay), con fama de ser señor de luces y buen funcionamiento neuronal que si de algo sabe es de educación, que hace no mucho (apenas el 12 de agosto pasado), le declaró al diario ‘Sun’: “(…) la reforma educativa no está escrita en piedra, por lo que estará sujeta a revisión en el próximo periodo ordinario de sesiones para mejorarla (…) La evaluación docente llegó para quedarse. No puede faltar la evaluación en áreas como educación, seguridad o salud pública”. Tiene razón.

Seguramente con ganas de dar una solución definitiva a los problemas que da al país una organización gremial levantisca y tan echada para adelante como la CNTE, es que se le ocurrió eso de quitarles el derecho de huelga (porque supone uno que esa sería la modificación al Apartado ‘B’ de la ley del trabajo, si no, ¿qué?), pero entonces la CNTE tendría dos motivos para seguir con sus bloqueos, plantones y demás acciones que ya tienen a La Patria (la señora de toga blanca  de la portada de los libros de texto gratuitos), con el extremo inferior de su sistema digestivo, floreado y goteando sangre. Pero, no hay que echarle gasolina a la lumbre: otra ley cambiada, otro problema.

Es la manía de hacer leyes cuando las que hay bastan. El asunto aquí es que hay gato encerrado. Por algo el gobierno no actúa aplicando, por ejemplo, la actual Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, reglamentaria del apartado ‘B’ del artículo 123 constitucional, que manda en su “Artículo 79.- Queda prohibido a los sindicatos (…) IV.- Fomentar actos delictuosos contra personas o propiedades (…)”, y adelantito nomás, en el artículo 83, dispone: “En los casos de violación a lo dispuesto en el Artículo 79, el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje determinará la cancelación del registro de la directiva o del registro del sindicato (…)”

En otras palabras: si nuestro gobierno federal tuviera limpiecita su conciencia y no supiera que ellos mismos empollaron (y financiaron y financian) este asunto a lo largo de más de 30 años, muy quitados de la pena, sin violar la ley ni necesitar una nueva, podrían desaparecer, así nomás, desaparecer a la CNTE, que tantas veces a la vista de todo el país ha cometido actos de los previstos en el artículo 79, contra personas y propiedades. A ver, quiero ver al gobierno aplicando la ley… ¿ya ve?: hay gato encerrado.

Eso, sin mencionar que el artículo 97 de la misma ley que ya existe, dice:

“Los actos de coacción o de violencia física o moral sobre las personas o de fuerza sobre las cosas cometidos por los huelguistas, tendrán como consecuencia, respecto de los responsables, la pérdida de su calidad de trabajador; si no constituyen otro delito cuya pena sea mayor, se sancionarán con prisión hasta de dos años y multa hasta de diez mil pesos, más la reparación del daño”.

Como hay gato encerrado, la ley se queda guardadita y los señores del gobierno, platican y platican con la CNTE, hasta alcanzar un nuevo equilibrio de intereses y mientras, La Patria… al proctólogo. 

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