martes, 23 de agosto de 2016

7969. LOS CHAYOTAZOS PERIODÍSTICOS.

Por Everildo González Álvarez.
Ambientalista, periodista, reportero y escritor.
Desde Zamora, Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

Es un hecho que a nivel nacional, la práctica de lo que en el periodismo se conoce como chayote, va en aumento, sabemos que no es otra cosa que un periodista, reportero, articulista etc , reciba dinero por publicar algo de algo o de alguien, una práctica que, ya sea porque los periodistas son mal pagados, o bien porque un dinero extra no les va mal, el caso es que, insisto, a nivel nacional la práctica se tiene y esto, lleva a que una persona del medio de comunicación que sea—prensa escrita, radio, televisión etc—no escriba o mencione la realidad, evitando que las personas lleguen a saber las cosas como son, alabanzas, demeritaciones, todo va según sea el caso, lo bueno se vuelve malo y viceversa, lo feo se convierte en bonito y viceversa, se habla bien o mal de alguien según sea el caso, un discurso es excelente o de lo peor, la actuación de un gobernante o funcionario es buena o mala y así, las cosas cambian porque hubo un chayote. Transcribo lo escrito por Manuel Ajenjo sobre este punto.

Manuel Ajenjo: 
“En mi última colaboración toqué, someramente, el tema del chayote, así se designa en el ambiente periodístico a la dádiva, mayormente económica, que recibe un reportero o un columnista por expresarse bien, de manera escrita, hablada o audiovisual, de un político, de una dependencia gubernamental y hasta de una empresa.

En una ocasión leí que allá por los años 50 o 60, el Gobernador de Tlaxcala (pudo haber sido Felipe Mazarraza 1951-1957; Joaquín Cisneros 1957-1963 o Anselmo Cervantes 1963-1969) invitó a un grupo de reporteros de la ciudad de México a su entidad para que comprobaran el sistema de riego con el que su gobierno había dotado a los agricultores locales para beneficio de sus cosechas. Los chicos de la prensa viajaban todos en el mismo autobús. Transitaban por la parte seca de la región, no veían ningún verdor ni sistema de riego alguno. El Jefe de Prensa del Mandatario recorrió el pasillo del vehículo repartiendo sobres entre los pasajeros.

Enseguida, los viajeros se percataron del contenido de los sobres: dinero en efectivo. “Ya vieron -exclamó el más cínico o ingenioso de los periodistas: ¡qué verdes están los chayotes de aquel sembradío!”. Sí, afirmaron todos mientras contaban la cantidad de dinero contenida en los sobres.

Don Julio Scherer García le pidió a Elías Chávez, reportero que fue de la revista Proceso, pormenores y su opinión sobre esta práctica para incluirla en su libro Los presidentes.

Chávez escribió: “El chayote florece a su máximo esplendor desde que Gustavo Díaz Ordaz institucionalizó su irrigación. Mientras el entonces Presidente de la República pronunciaba un día de 1966 el discurso inaugural de un sistema de riego en el estado de Tlaxcala, entre los reporteros corría la voz: ‘¿Ves aquel chayote? Están echándole agua. Ve allá’. Allá, semioculto por la trepadora herbácea, un funcionario de la Presidencia entregaba el chayote, nombre con el que desde entonces se conoce el embute en las oficinas de prensa. Tan popular se volvió que su entrega dejó de ser oculta”.

Al respecto, supe que en cierta ocasión la mayoría de los reporteros enviados a cubrir un evento estaba al pendiente del momento en que se escenificaría la “operación chayote”, y preguntaban, maliciosos, “¿qué razón me dan de Chayo?”; “¿no ha llegado Chayito?”. Cuando la cantidad de dinero del chayote rebasó las expectativas, exclamaron: “Hoy vino doña Rosario”.

Esta práctica es parte de la corrupción que impera en México, cierto estoy, que en parte, no se avanza en nuestro país porque la verdad de lo que hay, de lo que sucede y de más no está presente, a todos nos debe quedar claro que chayote es corrupción.

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