jueves, 25 de agosto de 2016

7980. RÍOS DE DINERO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ríos de dinero.
De todas las variantes posibles de gobierno que existen, de las monarquías absolutas a las teocracias, de las dictaduras a las juntas militares, del totalitarismo al parlamentarismo, nosotros vivimos oficialmente bajo un régimen democrático; ¡perfecto!

Eso es por nuestra voluntad, según dice el artículo 40 de la Constitución: ‘Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una república representativa, democrática, laica y federal (…). Es nuestra voluntad, no se le olvide.

Sin embargo, en la práctica lo que somos es una cleptocracia controlada por grupos de poder político y económico (antes), y ahora, cada vez más sólo por grupos de poder económico. Una élite que habita allá arriba en el pent house del poder grandote, controla todo, a veces bien, otras regular y a ratos mal, muy mal.

Albert Einstein (que tontito no era), dijo en un artículo titulado ‘¿Por qué socialismo?’ (‘Monthly Review’, Nueva York, mayo de 1949): “El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas y en parte, porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes (…) El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población (…) bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos”. Acuérdese: no lo dice un loco, no lo publicó ayer La Jornada. Lo escribió Albert Einstein, en 1949, en Nueva York.

La democracia directa a nuestro estilo es un sistema casi idiota, a menos que usted considere atinado poner a votación del barrio quién le saca el apéndice a su hijo… y elegir al Jefe de Estado y de Gobierno es también muy delicado.

Los que diseñaron el estado mexicano (y los de otros países), sabían de los defectitos del sistema y por eso, no está a votación ni la gente opina sobre quienes tienen el control de lo que realmente da el poder efectivo: el ejército (y la policía), ni el cuerpo burocrático, que no los puede controlar efectivamente el poder legislativo, porque los que llegan a las cámaras de diputados y senadores, a fin de cuentas están predeterminados (en las candidaturas), por los dueños del dinero y del herramental político (los partidos políticos).

Así que mucha democracia, mucha democracia, pero los que mangonean toda la estructura del gobierno, la alta burocracia, son nombrados sin que nadie diga ni pío; y los que tienen bajo su mando a las fuerzas armadas, tampoco los elige nadie.

La dinámica que está imponiendo la tecnología (computadoras, internet, redes sociales, teléfonos inteligentes, etc.), ha introducido un nuevo elemento en este juego y cada vez es más difícil que los poderosos actúen de espaldas a la gente. Esto es bueno (ahorita hay mucho abuso y frivolidad -‘lores’ y ‘ladies’-, pero ya mejorará, porque la gente no es tonta, aprende pronto), y a la larga esto acabará por impedir arbitrariedades, privilegios y abusos misceláneos, ya lo verá (bueno, dependiendo de su edad, el del teclado, no: son procesos sociales y se dan por generaciones).

Todo eso a la larga, hará posible un sistema de gobierno para nosotros poco conocido: la ‘demarquía’ (del alemán ‘demarchie’), que consiste en un sistema de instituciones oficiales fuertemente estructurado y bien regulado, supervisado por un gobierno elegido por sorteo sin partidos políticos ni elecciones; sobra decir que los ciudadanos que resultan elegidos en cada sorteo deben cumplir con requisitos claramente establecidos, pues no es lo mismo ocupar la jefatura del estado que una alcaldía de pueblo rabón. Como no hay espacio para entrar en detalles ni profundidades, nada más quédese con la idea de que el sistema propone que todo funcione institucionalmente bajo la vigilancia de ciudadanos elegidos al azar por periodos cortos. No es una locura, sino un intento de encontrar solución a algunos de los males inherentes a la democracia como la conocemos, particularmente la corrupción estructural que propicia.  

No es nuevo, ya de esto hablaban en el siglo XVIII, Rousseau y el tal Nicolas de Condorcet, que con el gobierno emergido de la Revolución Francesa, estudió en serio elegir al gobierno por sorteo. Y más para acá se ha probado: en 2001, en la Columbia Británica, Canadá; en 2009 en la provincia Zeguo, China; en 2010 en el Parlamento de Islandia y otros.

Podrá no funcionar eso del sorteo, pero lo que no podemos aceptar que llegó para quedarse es lo que tenemos:

El año que viene, los partidos políticos se van a embolsar (de nuestro dinero) 4,139 millones (INE ‘dixit’: PRI, 1,043.3 millones; PAN, 791; PRD, 477.6; Morena, 400.8; Verde 356; MC, 331.5; Encuentro Social, 245; y PT, 232.6 millones de pesos). Ese dineral se tira a la basura. Nomás piense que el PT que no representa a casi nadie, se mete 637 mil pesos diarios; y en el otro extremo, el PRI, dos millones 858 mil pesos diarios, incluidos domingos y días festivos.

Si igual luego reciben todos dinero del que se los ofrezca, mejor que dejen de recibir dinero del erario (de nosotros): ni un peso y a ver quién tiene vocación para la política partidista sin esos ríos de dinero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: