lunes, 29 de agosto de 2016

7994. EL NEGRITO EN EL ARROZ.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El negrito en el arroz.
Tía Meche y tío Remi (Remigio, nomás no lo ande contando), en la familia materno-toluqueña de este menda, eran los indiscutibles campeones mundiales de la estupidez. Para que se dé una idea: terminaban clases, Nachito su hijo reprobaba el año y no importaba, pues para ellos la verdad era que “había pasado la mayoría de las materias” y así, de esas, muchas, hasta que les tocó zamparse una de su propio chocolate cuando Mechita, su hija, les salió con su domingo siete (ignora el del teclado porqué se le llamaba así en aquella época al embarazo de las señoritas hijas de familia sin previa realización de los trámites civiles y religiosos que se acostumbraban, pero así se decía y la mente infantil de este López hizo serpentinas con las neuronas tratando de relacionar el día del Señor, el número siete y la barriga de las doncellas); bueno, el caso es que enfrentados a la evidencia abdominal de la nena, le preguntaron si estaba embarazada y les dijo verdaderamente ofendida: -O sea, conmigo, nomás se van a fijar en lo malo –casi le piden perdón.

Ignora este su texto servidor quién o quiénes le han dicho al Presidente de la república que está en un concurso de popularidad o que debe de conseguir la simpatía de los habitantes de esta tierra linda y querida. Si ése es su propósito, como que mejor va cambiando de asesores, porque su índice de popularidad según los que hacen encuestas, es el peor desde que se tiene registro y así como que le caiga bien a la mayoría, pues tampoco.

Ayer dio inicio a una extraña campaña para promocionar su Cuarto Informe de gobierno. Extraña, porque debería estar enterado si habitara en el planeta, que a los mexicanos estándar les importa un reverendo y serenado cacahuate el Informe del estado que guarda la nación que año con año, presentan nuestros presidentes por mandato de ley, en medio del ensordecedor silencio de la indiferencia nacional.

Antes, en la era del pricámbrico clásico, los titulares del Ejecutivo iban a la Cámara de diputados a que su porra oficial, el Congreso de la Unión, les aporreara los tímpanos con prolongados aplausos que en nada alteraban lo que el  tenochca simplex pensaba de sus gobernantes (bueno o malo). Luego se puso de moda ‘interpelar’ al Presidente (y hasta faltarle al respeto), sin que tampoco eso cambiara lo que el mexicano banquetero pensaba del Presidente, de los que lo insultaban ni de los que le aplaudían, sabiendo que al término de la ceremonia todo seguiría exactamente igual que antes. Después, ya de plano nomás mandaban el texto del Informe que nunca ha leído ninguno de nosotros los integrantes del peladaje por varias razones, la más importante, porque no les creemos nada, aunque la verdad sea dicha, tampoco es para tanto, en serio.

Ahora alguien convenció al presidente Peña Nieto de que nos debe convencer de que “lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho”. A partir de ayer empezó esa campaña, con comerciales filmados predicando que sí, que hay problemas, pero que lo bueno no se cuenta y cuenta mucho (nota para su equipo de asesores: de veras, cuídenlo; esos ‘spots’, están mal hechos y peor dirigidos, el Presidente se ve acartonado, con gestos repetidos que revelan los cortes de edición, se nota a la legua que está leyendo lo que dice… de veras, no lo maltraten, nomás con quitarle la corbata no lo acercan a la gente).

No pocas veces ha dicho este junta palabras que una cierta prensa está dedicada a erosionar la imagen y trabajos del gobierno, sí, pero también que no son pocas las pifias de este gobierno en general y este Presidente en particular. Y si en algo se han equivocado de medio a medio, fue en el pregón frívolo, triunfalista y ensoberbecido, de las reformas constitucionales que poca gente ha leído (incluidos los señores legisladores que las aprobaron), y los que las han leído y comprendido se quedan con muchas reservas. Es lo mismo: por lo que sea, pero este gobierno no sin cierta injusticia, bebe a litros el amargo acíbar de la reprobación pública de una campaña de descrédito que de manera abierta y descarada proviene del extranjero (por si no se ha dado cuenta don Peña Nieto… ahora nomás nos falta que hagan los ‘spots’ en inglés y los transmitan en Londres, Nueva York y Washington, ¡Jesucristo-aplaca-tu-ira!, como decía la abuela Virgen cuando había temblor).

Aparte de todo, el Presidente o los que lo asesoran, deberían reflexionar en qué Jefes de Estado en el mundo -de los de a de veras-, han pedido ‘chance’ o han salido a decirle a la gente: ustedes no se dan cuenta pero hay harta cosa a todo dar, no se fijen nomás en nuestras metidas de pata.

Quienes sean los responsables de asesorar en estos asuntos al Presidente deberían repasar qué cosas lo han puesto en esta posición: el ‘manejo de crisis’ de lo de los tres libros (que no ha leído), apostando al olvido; el hacer que quien saliera a dar la cara por lo de la blanca casa, fuera la esposa del Presidente en lugar de él personalmente, plantarle cara a los medios (¡y lo que quieran con mi señora, es conmigo, señores!... nos hubiera caído mejor, seguro); el tratar de administrar la intervención presidencial en lo de Ayotzinapa, del todo ajeno a su responsabilidad sí, pero gracias a la torpeza oficial, hoy, fardo que carga a lomo adonde vaya en el mundo (y que le griten ¡asesino!, nomás a lo tarugo y por lastimar, porque unos tontos le sugirieron que se hiciera el disimulado pues, total, era asunto de un municipio y de unos pelados… y miren a lo que llegó); proponer al Congreso el matrimonio entre personas del mismo sexo, para aparentar quién sabe qué cosa, echándose encima a la iglesia católica, que algo le sabe a eso de apedrear políticos; nombrar a un mal policía al frente del deporte nacional… y ratificarlo a su regreso de una olimpiada de basca.

Y sacar esta campaña el mismo día que Hacienda nos anuncia otro gasolinazo para septiembre, otro de esos que el Presidente nos juró que ya no habría… ¿ve?: nomás vemos el negrito en el arroz.

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