martes, 30 de agosto de 2016

8001. LE IMPORTA UN PITO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Le importa un pito.
Tía Fulvia (prima de la abuela Elena, la autleco-paterna), de quien se decía había sido un monumento de mujer (y ya vieja se le notaba), un orgullo tenía: de ella no se burlaba nadie ni la engañaba ni abusaba de ella. Tía Fulvia compraba diario su periódico (el Excélsior) en el mismo puesto y antes de pagarlo, pasaba hoja por hoja, no fuera a faltar una; el cartero la dejaba revisar su bolsón de cuero todos los días (para checar que no olvidara entregarle algo a ella, aunque muy rara vez le llegaba carta): el director de la escuela donde iban sus hijos, por no aguantarle la boca, todos los días la dejaba ir a distintas horas a ver con sus propios ojos a los hijos tomando clase, salón por salón; tenía una báscula en la que pesaba los tanques del gas y la mitad de las marchantas del mercado no le vendían. Sí, a tía Fulvia no le tomaba el pelo nadie y menos el marido, bueno, los maridos, que tuvo siete porque ella no iba a permitir que nadie se burlara de ella, ni la hiciera taruga. Decía tía Fulvia: -Fía, fía, sólo en Dios en Santa María –y la abuela Elena, le respondía: -Quien nunca ha confiado todo ha atrofiado  –y ni con siete divorcios lo aceptaba la tía porque ella no era taruga de nadie.

Ayer, en medios de circulación nacional, algunos de los comentaristas de más lucidor plumaje, retorcieron el dedo en la llaga de las citas no citadas en la tesis con que el estudiante Enrique Peña Nieto optó al título de licenciado en Derecho. El llamado es a no trivializar el asunto, a calibrar que este escándalo llega en el peor momento, con un Presidente de reputación salpicada por otros escándalos. ‘Tá bueno.

Antes de más teclazos este López suplica a usted que no vaya a pensar mal de su señora mamacita (la del López que la de usted no tiene uno ni el gusto), no vaya a creer que lo que sigue es la defensa de un señor que se limpia con esas críticas y se abanica con las cuitas de los tenochcas simplex. No. Se trata de otra cosa:

En América Latina antes se estilaba dar golpes de Estado a lo mero bruto: un grupo de militarotes se metía a la recámara presidencial y despertándolo con la punta de un fusil (Quino lo dibujó hace décadas), le decían: -¿Qué cree señor Presidente?, no nos gustan sus corbatas -y ¡abur! montaban en el poder a quien les salía de la punta de los cañones. El método pasó de moda y de un tiempo acá se tiran gobiernos mediante empujones  legislativos, previo bombardeo de prensa escrita, radio, televisión, ONG’s, comisiones internacionales, etc. Unos ejemplos:

Brasil, 29 de diciembre de 1992, dimite Fernando Collor de Mello, el Senado tenía en marcha el procedimiento para destituirlo. Guatemala, 1 de junio de 1993, Jorge Serrano Elías renuncia por presión del Tribunal Constitucional y entidades internacionales. Venezuela, 31 de agosto de 1993, el Congreso destituye a Carlos Andrés Pérez. Ecuador, 6 de febrero de 1997, el Congreso Nacional destituye a Abdalá Bucaram por ‘incapacidad mental para gobernar’ (se aprobó por 45 votos de los 82 legisladores del país) y acusado por corrupción, juicio que en 2003 anuló la Corte Suprema.

Sigue la mata dando: Paraguay, 28 de marzo de 1999, renuncia Raúl Cubas después de meses de confrontación con los poderes legislativo y judicial (una semana antes le asesinaron al vicepresidente Luis María Argaña). Perú, 19 de noviembre de 2000, Alberto Fujimori renuncia tras meses de protestas del Congreso y manifestaciones azuzadas desde los medios. En  diciembre de 2001 en Argentina, caen cuatro presidentes al hilo (Fernando de la Rúa,  Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Camaño), el 2 de enero de 2002, el Congreso trepa a  Eduardo Duhalde.

No hemos terminado: Bolivia, 17 de octubre de 2003, Gonzalo Sánchez de Lozada renuncia por presión de los legisladores. Ecuador (otra vez), el 20 de abril de 2005, Lucio Gutiérrez es destituido por el Congreso. Bolivia, el 9 de junio de 2005, Carlos Mesa es relevado por el presidente de la Corte Suprema Eduardo Rodríguez Veltzé. Honduras, el 28 de junio de 2009, Manuel Zelaya es destituido por el Congreso y deportado a Costa Rica. Paraguay, el 22 de junio de 2012, el Congreso destituye a Fernando Lugo. Guatemala, el 2 de septiembre de 2015, el Congreso destituye a Otto Pérez Molina, por un asunto de corrupción aún por aclarar, señalado por una comisión internacional aprobada por el mismo Otto (¡ay, Otto!).

Y Brasil: el próximo martes el Senado decide si corre a Dilma Rousseff, el 60% de los legisladores que la juzgan tienen pendientes juicios penales, gordos.

¿Le apetece una probadita de esos guisos?

¿Los que apoyan ahora la revocación de mandato creen que será aplicada por espíritus puros, por políticos cándidos, ajenos a toda injerencia interesada?... ¿sabrán de la influencia de los medios de comunicación en ese rosario de derrocamientos en Latinoamérica? ¿No les parece sospechoso que esa prensa internacional que alabó a Peña Nieto sin pudores, ahora lo persiga?

¿Qué quieren… derrocar al Presidente?... no, no quieren eso y no pueden (el vecinito del Norte no lo permitiría, no le conviene un incendio de ese tamaño en la casa de junto); lo quieren débil porque no digieren el retorno del PRI al poder y se les atora la sola idea de que Peña Nieto ponga a su sucesor; y eso ¡no! (y está bien, nomás faltaba).

Pero hay de otros: los que quieren acotar el poder político en general y conseguir ¡ya! la mayor injerencia legal posible en los asuntos nacionales, de organizaciones independientes de los partidos y las estructuras políticas formales, a sabiendas -o no- de que esas entidades no raramente dependen del inmenso poder del capital global.

Bueno, que sigan pues.

Y de salida: no puede dejar de decirse que el responsable primero y principal de este desorden es él, el mismísimo Presidente, porque son muchas pintas para que no sea tigre, porque ha permitido y permite que no pocos gobernadores actúen como sátrapas, porque a fin de cuentas, la verdad es que nosotros, el peladaje, le importa un pito.

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