lunes, 5 de septiembre de 2016

8019. ALMA DE MÉXICO.

Por Isabel M. Glez. (Izza Glez)
Escritora, y poeta, desde,
Pto. Vallarta, Jalisco.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Ya de regreso en Vallarta, después de un largo viaje, viendo cada foto y vídeo guardado, recordando anécdotas, disfrutando de los recuerdos, vino a mi mente lo que mencioné el primer día de tour, durante aquel comienzo de una danza prehispánica, “las percusiones puede dirigir tu cuerpo”, si tal vez no son las palabras exactas por mi memoria tan clara, nos llevan a lo mismo.


En la música ancestral, las percusiones trasmitían más que un ritmo, daban un mensaje a los dioses, hacían sonar con su melodía un grito de gracias a la vida. Siempre he sido fanática de la cultura y las diferentes muestras de esta, pero este viaje me creó una adicción por nuestros antepasados.

¿Cómo es posible que dejemos de lado nuestras tradiciones para dar espacio a costumbres extranjeras?, haciéndonos malinchistas, (que con un Cortez como el de Xcaret, comprendo a la Malinche), sin embargo el conocer México y sus tradiciones te hace enamorarte de sus paisajes, cultura, gente, pero aún más de tus raíces.

Creemos conocer todo por solo ser originarios del país, o por gritar cada 16 de septiembre un conmovedor “Viva México”, pero donde dejamos la belleza de la tradicional danza de los viejitos, o probar un platillo digno de ser reconocido a nivel mundial como los tamales, el pozole, el mole que caracteriza a Puebla o las carnitas Michoacanas, y como olvidar los tacos que siempre están presentes en la dieta diaria.

A través de los años cambiamos, buscando las novedades que nos atraen como el tequila y el mariachi a todo primer visitante a nuestro país, pero algo que una vez mencionó mi tío, me ayudó a reflexionar, “No quiero conocer un lugar extranjero, porque México lo tiene todo”, lo cual es cierto y desconocido para muchos.

Encontrar la creatividad y ese toque mitológico en cada leyenda que rige nuestro hogar, nos lleva a admirar la posibilidad de encontrar a dos amantes que conservarán su amor siempre, como lo dice el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, o encontrar lágrimas que han formado lagos de aguas cristalinas como Camécuaro.

Ver las rosadas aguas del lago de Yucatán, las paradisiacas vistas que la huasteca potosina nos brinda, el impactante paisaje a las ruinas mayas de Tulum, la presencia de las Yácatas de Tzinzunzan y cómo olvidar a Teotihuacán, y aun así hay algo que te hace quedar prendado de México y es la calidez que caracteriza a su gente, esa confianza y familiaridad que ya no logras encontrar en las ciudades grandes.

En mi tierra natal aprendí el significado de la familia, el amor y la pasión que llevamos impresos en el alma, esa fuerza que nos impulsa como si la vida se jugara en un volado, o si nuestro destino dependiera de un clavado en la quebrada, incluso nos hace sentir como si el viento de la sierra de Chihuahua alejara nuestros miedos.

Es en cada visita a una región mexicana donde encuentras emoción, amor, arte, cultura y tradiciones que llevaras grabadas en la piel y el alma a lo largo de toda tu vida, cuando escuches ese sonido representativo de la música mexicana y sientas como tu piel se eriza, ese momento en que pises el suelo de nuestro país y te sientas orgulloso de estar aquí, sabrás que has sido cautivado, que eres un integrante de nuestra familia mexicana.

Como bien lo dicen dos de los poemas de Francisco Elizalde García, con el sombrero que portan con gallardía los hombres mexicanos, o ese rebozo que las mujeres oriundas de México vestían como segunda piel, ese manto celestial que nuestra cultura lleva impreso en el alma, esa magia tatuada que se porta llena de gracia y garbo ante el viento que toca su fina estampa mexicana.


Ese orgullo de ser mexicano no se borrará jamás, esa pasión que caracteriza nuestra tierra, seguirá intacta mientras un “Viva México”, se escuché resonar desde el pecho de su gente, cada vez que las manos de nuestro suelo te guíen a probar sus distintos sabores o a deslumbrarte con las imágenes que tus ojos ven con su imponente belleza, harán que lleves el alma de México en ti.

Isabel M. Glez.

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