miércoles, 7 de septiembre de 2016

8033. CONTRA TODA ESPERANZA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Contra toda esperanza.
Contaba sonriente la abuela Elena, la autleco-paterna, que tuvo una prima hermana muy querida, Dina (Armandina… criaturita), que se fue de monja por “la mala suerte que siempre tuvo”, pues siendo “hermosota” tenía un serio problema de salud: si se ponía nerviosa, perdía el control del extremo inferior de su sistema digestivo: se zurraba, pues. Y la bella Dina se zurró al pie del altar en su Primera Comunión; delante de toda la escuela al recibir su diploma de “Excelencia”, al terminar Primaria; en su fiesta de 15 años; el día que fueron a pedir su mano... Se intentó todo remedio de la época (principios del siglo pasado): agua de arroz, bicarbonato con limón, papillas de ajo con azúcar morena, sal en el ombligo, infusiones de canela, manzanilla y cáscara de naranja… nada funcionaba, la niña, si la regañaban, si le preguntaban en clase algo que no sabía, si estaba en exámenes, se zurraba. Para el día de su boda, dejó de comer tres días y al momento de decir “sí, padre”, ¡otra vez!, al pie del altar. Y algo pasó en su noche de bodas que el flamante marido ya no fue visto por Autlán. Así las cosas, no aguantando más, se encerró de carmelita descalza en Puebla, y no se supo si en la paz del claustro siguió pasando penas.

Este sexenio empezó con malos augurios (los tres libros que no ha leído; abucheo general en la Universidad Iberoamericana, al grito de “¡Todos somos Atenco!”; imagen de candidato hecho por Televisa; tarjetas Monex y Soriana); pero ganó su elección, llegó a Presidente y sorprendentemente, los tres partidos mayores firmaron un Pacto por México, más sorprendentemente, se consiguieron reformas constitucionales que parecían imposibles y desde el extranjero, poco a poco, se implantó una imagen de éxito y esperanza: el Presidente estaba “salvando a México”, como puso en su portada la revista Time.

Algo pasó, todo pasó. El Presidente entró sin darse cuenta, en un proceso de degradación de su imagen personal y junto con él, su gobierno. No poco de lo que se le ha echado en cara ha sido falso, nada han sabido responder con veracidad convincente, con prontitud acertada. También no poco de lo que se le ha reprochado es cierto o tiene la apariencia de serlo y tampoco supieron (¿quisieron?), enfrentarlo y aclararlo con datos contundentes, información abierta: el escandalete que se volvió escandalazo de la blanca casa propiedad de la esposa del Presidente y de la propiedad del Secretario de Hacienda; las grabaciones de ejecutivos de empresas de la mayor importancia -OHL-, citando ‘arreglos’ con los más altos funcionarios públicos; lo de grupo Higa ni a melón les supo; los macheteros de Atenco habían quedado en el olvido; y entre nosotros los del peladaje, quedó la impresión de que todo les venía guango… y peor: que no podía con esos ojazos ser paloma. Minimizar todo y apostar al olvido parece que fue la estrategia adoptada.

No se preparó el proyecto de reforma educativa con la suficiente apertura, meter a prisión a la líder del SNTE bastaba y sobraba para asegurar la ovejuna aceptación del gremio entero, atemorizado ante la hazaña del aparato de Estado de haber podido encarcelar a una señora de la tercera edad, avanzadita hacia la cuarta.

La abrupta cancelación del contratado licitado para el tren México-Querétaro. La necia decisión de construir un nuevo aeropuerto internacional para la capital del país. Aceptar y firmar en acto público, la intervención de la OCDE como supervisora de actos soberanos del país (todas sus compras mayores, especialmente todo lo relacionado con el nuevo aeropuerto, Pemex y CFE). Se iban deslizando y no se daban cuenta.

Y luego en rosario, Ayotzinapa, Nochixtlán, escándalos de gobernadores priístas cobijados contra viento y marea; los desencuentros con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; la revuelta de la CNTE; el departamento en que se hospedó como invitada su esposa, en Miami; el no-plagio de su tesis profesional, ya fijado en la opinión pública como tal, sin serlo; aparte del frente abierto, gratuita e inútilmente, con la aún poderosa iglesia católica por mandar al Congreso una iniciativa de ley de matrimonio igualitario que no es reclamo mayoritario. Y el desastre de las elecciones intermedias del 5 de junio de este año: el PRI perdió siete de doce gobiernos estatales en liza, de los que cuatro habían sido del tricolor siempre, bueno, los últimos 86 años (Veracruz, el importantísimo Veracruz, Durango, Quintana Roo y Tamaulipas)… y les seguía viniendo guango todo.

Desde las alturas del poder se entiende que nos vean a los tenochcas simplex como Dios contempla a los conejos: chiquitos y tontitos, se entiende, pero que no hayan identificado que venía del extranjero la campaña en su contra, es increíble, la soberbia debe tener límites. Mire qué pesos pesados están en el ring, todos contra un solo hombre, Peña Nieto, publicando críticas y juicios terribles:

New York Times, Washington Post, The Wall Street Journal, Los Angeles Times, diarios de los EUA. El Financial Times, The Economist, The Guardian, Daily Mail, británicos. La prensa alemana, especialmente dura contra el Presidente: Der Spiegel, Die Zeit, Süddeutsche Zeitung, Frankfurter Allgemeine, Bild. Le Monde, de Francia no se queda atrás. El País, de España le canta hondo. Y también en Latinoamérica le lanzan ataques de calibre misceláneo: El Tiempo, colombiano; O’ Globo, el más leído en Brasil; El Mercurio, de Chile; El Universal, de Venezuela; El Clarín, de Argentina.

Y ayer, post visita de Trump, Forbes, poderoso medio yanqui de finanzas, publica cándidamente un artículo titulado: ‘¿Y si Peña Nieto renuncia…?’. Esta revista afamada por sus listas anuales de empresas, ricos y poderosos, en su lista de los hombres más poderosos del mundo, bajó a Peña Nieto del lugar 37 del año pasado, al número 60 en éste (caída de 23 lugares).

Esto ya así, no le conviene a nadie. Hay que bajarle e intentar un proceso en 2018 lo más sereno posible, esperemos… contra toda esperanza.

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