lunes, 12 de septiembre de 2016

8051. EL OJO DE AGUJA Y EL CAMELLO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico desde
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El ojo de aguja y el camello.
El sábado pasado hubo marchas en 20 estados de la república. Unos dicen que participaron más de un millón 140 mil personas, otros que no, que nada más fueron 200 mil. Como nunca sabremos cuántos, digamos que marchó un montón de gente (que en sistema métrico mexicano es más que ‘muchos’ pero poco menos que un ‘bolón’).

La marcha fue para repudiar la iniciativa que don Peña Nieto presentó el 17 de mayo pasado, para modificar la definición de matrimonio en la Constitución Política del país, ajustándola a lo ya definido por la Suprema Corte: es inconstitucional en todo el país negar que se unzan al dulce yugo parejas del mismo sexo… y es cosa juzgada, nos guste o no: las parejas del mismo sexo tienen el derecho legal a contraer nupcias y a adoptar hijos, se modifique o no la Constitución, pero… que van a solicitar una Consulta Popular.

Dice la jurisprudencia 43 del año 2015 emitida el 12 de junio: “La Ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”; y ya en esas, agregó la Suprema Corte que es una “enunciación discriminatoria en su mera expresión” (nota de la Redacción del Excélsior del 14 de junio de 2015). ‘Tá bueno.

Fuera de la Ciudad de México, Quintana Roo, Chihuahua, Coahuila, Nayarit, Jalisco, Campeche, Michoacán, Morelos y Colima, en los que ya está legislado el matrimonio entre personas del mismo sexo, en el resto es necesario echarse un juicio de amparo, que los jueces deben conceder, si no quieren oírle la boquita a la Suprema Corte.

Las razones para que don Peña Nieto mandara esa iniciativa pueden ser varias y hasta muy nobles, aunque apeste a un muy inoportuno oportunismo político que ha topado con la iglesia, aunque lo niegue la iglesia (el Quijote dice “dado”, no ‘topado’, pero se oye mejor).

Las razones de los que se oponen a esto del matrimonio igualitario, también pueden ser varias y hasta muy nobles, a condición de que en primer lugar, no se fomente ningún desprecio ni odio por los homosexuales. Y en segundo, que no se quiera imponer la creencia religiosa como ley, por buena y sabía que sea la creencia pues los que sustentan en su religión su postura en contra, deberían andarse con cuidado, que hay otras cosas que no les iban a gustar, por ejemplo que debe ejecutarse al que trabaje el sábado (Éxodo 35:2); que es abominación comer mariscos (Levítico 11:10); y que deberá morir a pedradas la mujer que (se dan casos), llegue sin himen al matrimonio (Deuteronomio 22,20-21). Mejor así nos quedamos… salvo su mejor opinión.
   
Además, como aseguran la filosofía aristotélico-tomista y la teología más rancia: palo dado ni Dios lo quita (lo dicen bonito y en latín suena mejor, pero eso dicen). Otro además: si querían protestar era antes, si no querían que el legislativo de la hoy CdMancera y luego la Corte, lo aprobaran, se durmieron, que el asunto fue el año pasado. Y un tercer además: con marchas no van a arreglar nada (habrían de pedir asesoría a los de la CNTE y al rato ya tienen su mesa de negociación con el mero Secretario de Gobernación dándoles atole con el dedo). Cuarto y último además: la propuesta de colectar firmas para que el Congreso haga una consulta popular, se antoja un poco difícil, pues la iniciativa presidencial es para modificar la Constitución y el contenido de la Constitución no lo pueden modificar las consultas populares, ahí cheque usted el artículo 135, donde se aclara que sólo dos terceras partes del Congreso de la Unión, pueden; o sea: dos terceras partes de las cámaras de diputados de cada estado, más la federal y la de los senadores… y por cierto, que le apuren a las firmas porque se necesitan un millón 643 mil 732 que es el 2% de la lista nominal de electores (y si las juntan los van a mandar a volar, o’verá).

Nadie duda que en democracia manda la mayoría… ¿sí?, pues no: si someten a votación popular este asunto (o referéndum, como le quiera decir), es probable que la mayoría dijera que no tiene nada que objetar a que contraigan nupcias personas del mismo sexo, pero este junta palabras le apuesta los dos ojos a que la mayoría no aceptaría que adopten hijos, con o sin razón.

Es de mal gusto decir que la mayoría no es la manera correcta de decidir nada importante. Por eso hay democracias representativas, en las que unos cuantos -electos- deciden todo; y democracias directas en que todo se decide votando todos (en 1959 en Suiza, por andar haciendo referéndum sobre la ley que permitía votar a las mujeres, tumbaron la ley y hasta 1971 se les concedió). En México ya estamos a caballo entre los dos tipos. A ver qué sale.

De peor gusto es decir que los referéndums (no ‘referenda’, que no hablamos latín), eran el medio favorito de hacer lo que les salía del forro de la voluntad, a señores como Hitler, Stalin, Franco, Duvalier (el infame ‘Papá Doc’ de Haití), porque son fáciles de manipular (nomás acuérdese de que la Constitución de la República Árabe Unida, se aprobó por siete y medio millones de votos a favor y 286 en contra… ni en el pricámbrico clásico, de veras).

Esperemos por bien de todos, que se aquieten las aguas con este asunto del matrimonio igualitario y aceptemos que el sobre-activismo de las personas homosexuales es reacción a muchos abusos y canalladas de los que por mandato divino o de sus reales gónadas los persiguieron, vejaron, torturaron y mataron; tampoco, pues… pero también el respeto es de retache, que no pocas manifestaciones de personas ‘gay’, se hacen para escandalizar y ofender… y, pues, tampoco.

Mejor le propongo algo más útil y que ya está en la ley: quitar la ciudadanía a los políticos, no a todos, pero sí a los que no cumplen con la fracción II, del artículo 34 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde manda que para ser ciudadano, se tenga un modo honesto de vida… y está más fácil lo del ojo de la aguja y el camello.

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