miércoles, 14 de septiembre de 2016

8060. DULCE AMARGO.

Por Isabel M. Glez. (Izza Glez)
13 septiembre, 2016.
Escritora, y poeta, desde,
Puerto. Vallarta, Jalisco.
México. Para
Tenepal de CACCINI

- ¿Alguna vez estuviste enamorada realmente?

- Solo una vez, cuando te conocí.

Recostada en su cama recordaba cada una de las líneas escritas por mensaje, después de terminada la relación no había dejado de pensar en él, se sentía sola y destrozada, por sus estúpidos celos mandó todo a la basura, dejándolo sin explicación solo la prerrogativa de seguir adelante.

Siguió pensando, mientras daba vueltas en su cama intentando que Morfeo la tomara entre sus brazos y la sacará de ese mundo de pensamientos, pero este seguía ignorándola, cuando al fin se dio por vencida, tomó su celular colocado en el buró junto a su cama y comenzó a revisar sus contactos conectados, hasta que lo vio ahí, con ese pequeño punto verde marcando su presencia, se armó de valor y comenzó a escribir un “hola”, que borró en el instante y dejó su celular asustada.

Él por su parte creía haber superado todo, no tenía caso seguir sufriendo por alguien que no le tenía la suficiente confianza, pero en esos momentos de insomnio seguía extrañando las pláticas con ella, el escuchar su voz al otro lado de la línea, el hacer planes para verse al día siguiente, nostálgico se levantó a encender su computadora, y la vio ahí, conectada.

-Hola-, escribió y presiono enviar.

-Hola, ¿sigues sin poder dormir?

-Al parecer solo desapareció por un tiempo, pero quedaron restos-. Pasó un momento y recibió otro mensaje

-Perdón, llegué a enredar todo haciendo historias inexistentes en mi mente, sé que fue algo complicado.

Lo que creía superado, comenzó a tomar fuerza, trayendo a su mente recuerdos, observó el último mensaje y se quedó estático, sentía que sus manos no podrían escribir una respuesta, hasta hace un minuto habría respondido sin titubear, pero ahora su mente era un caos, al mirar, comenzó a teclear de nuevo.

-Muy complicado diría yo-, sus manos empezaron a temblar, y su respiración se aceleraba poco a poco.

-Aunque me duele aceptarlo, somos complicadas por naturaleza-. Decía resignada.

-Pero son lo que más necesitamos.

-Somos co-dependientes siempre sin saberlo.

-Sí, son como la otra mitad que necesitamos, esa ayuda idónea que está en los momentos indicados, ese huerto de aromas y colores distintos que al probarlo sabe cómo un fruto dulce.

-Que es irresistible probar, pero tienes el miedo que no sea tan dulce como lo piensas.

-Puede que sea dulce en tu boca, pero que se sienta amargo en tu vientre.

-Sin embargo la sensación que tienes al sentir la dulzura en tu boca, te hace querer seguir comiendo, sin importar si lo amargo regresa, porque la dualidad te enseña a valorar ambos sabores, pero a mí me hizo tener miedo a probar de nuevo tu dulzura porque siento que lo amargo no solo será en mi vientre, sino en toda mi vida. Lo arruiné por mi comportamiento infantil-. Las lágrimas que salían de sus ojos comenzaban a recorrer lentamente sus mejillas.

Pasaron minutos sin recibir una respuesta suya a pesar de seguir conectado, se conformó con solo ver una última vez la conversación y se dispuso a terminar con todo aunque le doliera, sus dedos escribieron un mensaje de despedida, hasta que su teléfono sonó, al contestar escuchó la voz que tanto anhelaba sentir junto a ella.

-Tal vez pueda volver a ser dulce, o amargo, pero confiando, solo abre la puerta.

Bajó corriendo las escaleras y al abrir estaba ahí, esperando en la puerta con un chocolate amargo en la mano, se lo entregó y sólo pronunció “Si existe el chocolate amargo, podemos existir nosotros, juntos”, y al terminar su frase la abrazó con fuerzas.


Isabel M. Glez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: