viernes, 16 de septiembre de 2016

8067. ¡VIVA MÉXICO!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Viva México!
El divorcio de tío Marcelo y tía Lucha fue muy entretenido, porque en el fragor de la larga batalla que libraron, sin límite de tiempo, sin reglas y a muerte, se ventilaron cosas muy interesantes. Él ejercía de ingeniero y la tía lo metió en un liazo, porque su título era más falso que el cariño de Trump por los mexicanos; ella era muy católica y de vez en vez, se iba de misiones con unas monjitas a la sierra de Durango, a catequizar tepehuanos, pero el tío circuló fotos de ella en Veracruz con un señor que de ninguna manera era de esa etnia y nadie conocía (ella sí, según se apreciaba en algunas tomas). Ya en esas, Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, avivó el ambiente ya bastante caldeado, con un ejemplar de la entonces nada ejemplar revista ‘Vea’ (especializada en vedettes ligeras de ropa), en que con foto sepia a plana completa, anunciaba un cabaret de Tijuana el espectáculo de ‘las caderas cimbreantes de Amalia’, que eran nada menos que las de Luchita, la hija mayor de los tíos que se suponía estaba de monja en Puebla (salía muy guapa). El acabose. Mentir, mentimos todos, pero mentir en todo, tampoco.

Esta noche habrá la ceremonia del ‘Grito’ y el viernes se conmemorará el 206 aniversario del inicio de la gesta que nos dio patria y libertad. Presidencia ya avisó que será austera la cosa y se filtró que la señora esposa de don Peña Nieto, llevará un vestido usado (¡ufff!, en Hacienda se emocionan hasta las lágrimas… de grano en grano la gallina llena el buche y así, de a poquitos, el gobierno nos aligera la carga en estos tiempos de guardar centavos: así marcha México ¡sin miedo, con los ojos en el capitán!).

Se entiende que los países le den su maquilladita a su historia. No es cosa de indignarse porque los EUA no enseñen a los niñitos la real historia de su patria, que les digan, en honor a la verdad, que han machacado medio planeta y que la mitad de su territorio es robado; se entiende. Tampoco es como para reclamarle a los franceses que hayan construido una monumental mentira por su comportamiento durante la Segunda Guerra Mundial, que les sacudían el traje a los militares alemanes y organizaron la primera razia y deportación masiva de judíos en París, sin que nadie se los pidiera y para sorpresa de los oficiales de la ‘Wehrmacht’.

Pero en nuestra risueña patria, sus sucesivos gobernantes fueron construyendo una historia que sólo se parece en algo a la realidad, conforme a sus preferencias, sus ideas y dependiendo de quién les caía gordo. Así, Hernán Cortés es un demonio gachupín, saqueador, despreciable y sifilítico, sin darnos cuenta que escupimos al cielo, negando nuestro general mestizaje. Y los indios (majadero usted que cree que es grosería), fueron idealizados a un extremo que hace increíble el mal trato con que los hemos obsequiado por siglos (y hasta ahora).

Nuestra independencia también fue sometida a un proceso de maquillaje que se acerca mucho a una cirugía plástica general. Si damos por bueno que el iniciador de la revolución de independencia fue Hidalgo, es medio mentira:

En 1808, antes de don Miguel (que sí gritó ¡Viva Fernando VII!, que era el rey de España), nada menos que el virrey José de Iturrigaray se puso nervioso por la ocupación francesa de España y se le ocurrió independizarnos, por lo que uno de sus socios, fray Melchor de Talamantes escribió el 23 de julio de 1808, y dio a conocer, el documento titulado “Congreso Nacional del Reyno de Nueva España”, en que sostenía el derecho de nosotros a mandar a volar la autoridad madrileña, y defendía que “(la soberanía) es un poder que existe siempre radicalmente en la nación y a los Monarcas se ha confiado solamente su ejercicio”. Estos dos y sus compañeritos, todos acabaron en la cárcel.

En 1809 hubo otro inicio de la independencia, en Morelia -entonces, Valladolid-, de parte del capitán Primero José María García Obeso y varios personajes ya olvidados: José María Izazaga, J. Soto Saldaña, José Nicolás Michelena, Mariano Quevedo, algunos curas y militares, entre otros. El 21 de diciembre de ese año, les cayeron en la jugada pero los salvó que el virrey Pedro Garibay se lo tomó a broma y no les hizo nada (los puso quietos, eso sí).

Pero si se trata de encontrar al verdadero precursor de nuestra independencia, el primer aventado fue… un irlandés: William Lamport, quien llegó a acá en 1640 a chambear con el virrey Diego López de Pacheco, y no le gustó nadita lo que vio, por lo que se organizó con los que se dejaron convencer y redactó la ‘Proclama Insurreccional para la Nueva España’, declarando nuestra independencia, pero, lástima, alguien (Felipe Méndez) lo echó de cabeza y el 26 de octubre de 1642 lo metieron preso; se escapó, lo volvieron a detener; se volvió a escapar (el Chapo Lamport), hasta que la tercera vez, el 19 de noviembre de 1659… mejor lo quemaron vivo y, claro, se murió. Ahí lea por su cuenta ‘Don Guillén de Lamport: La Inquisición y la independencia en el siglo XVII’; escrito en 1908 por Luis González Obregón.

Si duda que este Mr. Lamport es el verdadero precursor de nuestra independencia, vaya a la Columna de la Independencia en la Ciudad de México y nomás entrando, se va a topar con su estatua, amarrado al cadalso como cuidando los restos de los otros héroes que no están ahí enterrados… pero eso ya es otro tema.

Nuestra independencia la iniciaron varios (todos los de 1810 gritando ¡Viva Fernando VII!, eso clarito, que la idea era traerlo a él o algún príncipe de su casa, para hacerlo nuestro Rey, que no le digan que no le cuenten…), pero la independencia que tenemos la consiguieron las fuerzas más conservadoras de entre los españoles y sus descendientes nacidos en México (peninsulares y criollos), para separarnos de España y mantenernos a los del peladaje, sujetos nomás a sus órdenes y en su beneficio, que por eso eligieron a un perseguidor muy feroz de los insurgentes como su líder (Agustín de Iturbide), al que luego hicieron Emperador.


En fin… ¡Viva México!

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