martes, 20 de septiembre de 2016

8079. SIMPÁTICOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Simpáticos.
Este menda, no por inteligente o despierto, sino por la natural tendencia a considerar como área protegida su sistema glúteo, aprendió desde chiquito a hacerse tarugo: a los grandes había que darles la razón, a más de intuir qué preguntas los podían sacar de quicio (enloquecer). Así, si había que escribir cartita a los Santos Reyes, la escribía, aunque fuera una grandísima babosada eso de que podían leerlas todas -en todos los idiomas- y surtirlas en una noche (sin mencionar que la cosa no era pareja, porque los que no sabían escribir ¿qué culpa tenían?); de esa manera también: si a los niños los traía la cigüeña, pues los traía la cigüeña, aunque jamás haya visto (a la fecha), una sola surcando el cielo patrio (ni con, ni sin bebé). Por razón similar, jamás dijo este menda cuando tía Beatriz le daba besos, que su bigote picaba (y era muy besucona), ni mucho menos, que la comida de tía Minita (que era muy invitadora), era como para provocar un motín de cadetes del Heroico Colegio Militar.

Ignora el del teclado cómo educaron al resto de la población de nuestra risueña nación, pero si no fueron amaestrados de esa manera, alguna explicación debe tener nuestro generalizado deseo perpetuo de quedar bien, darle por su lado a los demás y ser políticamente correctos.

Esta, nuestra suave hipocresía (Altea Gómez ‘dixit’), puede ser interpretada por sociólogos y psicólogos extranjeros -con menos de 27 años residiendo aquí-, como una colorida variante local de la virtud de la caridad, una repulsión a molestar a los demás (cosa -molestar al de junto-, que nos es absolutamente indiferente y si duda, pase frente a una escuela particular a la hora de la entrada o salida de los niños, para que vea a señoras muy educadas estacionadas en triple fila, sin que les importe un pito  causar un embotellamiento modelo CNTE).

No es por tener contento a nadie nuestro comportamiento deferente (que en casos extremos alcanza el ‘huelepedismo’), sino su exacto contrario: aparentamos lo que suponemos debe aparentarse en cada circunstancia de la vida, no para halagar al prójimo, sino por no hacer el ridículo (cosa temidísima por estas tierras) y principalmente, para conseguir la aprobación del otro, lo que resulta ser a fin de cuentas, una variante barroca del egoísmo.

De ahí nuestras célebres frases dichas nomás por costumbre: ‘te busco’, ‘hay que juntarnos’, ‘estás en tu casa’… y otras que se van destilando de la misma actitud, decantadas todas en la respuesta que damos cuando nos presentan a un perfecto desconocido y sin siquiera haber oído bien su nombre, respondemos: -“Mucho gusto” –¿mucho gusto?... ¿de qué?... ¿por qué?, no sabe si es un asesino serial o el ser humano de más fétido aliento del planeta… y ya le soltamos que nos da mucho gusto conocerlo (cosa que se le puede responder, en todo caso, a Sophia Loren).

Ya hemos comentado que por eso en México, es tan difícil confiar en los resultados de las encuestas. No somos sajones que asumen como un deber para con el que los interroga, dar su sincera opinión de lo que les pregunten, para que obtenga resultados confiables de lo que sea que esté estudiando, no, somos mexicanos y de entrada, las encuestas las vemos como un juego; luego, tratamos de adivinar qué quiere oír el que está haciendo el sondeo de opinión sin siquiera plantearnos la importancia de que consiga conclusiones válidas; aparte y todo en automático: no ir a hacer el ridículo mostrándonos ignorantes, ocultar nuestra verdadera preferencia y si se puede, quedar bien dándole gusto (si un encuestador nos pregunta por qué partido pensamos votar, y vemos que es un tipo bien vestido, zapatos boleados y corbata de moño, diremos que por el PAN, pero si tiene pinta de fajador callejero, que por Morena; y en caso de duda, cuando el encuestador es un individuo anodino que lo mismo puede ser hijo de banquero que un recién liberado de las Islas Marías, hay una opción salvadora, el cuadrito que dice: ‘no sabe, no contestó’).

Así las cosas, imagine usted a qué nos podemos atener con nuestros políticos, todos ellos de nuestro mismo corral, todos mexicanos (con las excepciones que siempre hay en todo, ya se sabe). Nos dicen lo que saben que queremos oír, aunque sepan que sabemos que nos están mintiendo, que lo dicen porque eso toca y sin la menor intención de cumplirlo (firmado o no firmado, que hay por ahí un portal de noticias en internet -‘Sin embargo’, si no recuerdo mal-, que lleva el control de los compromisos del actual Presidente, firmados ante Notario durante su campaña y sólo que le ampliaran el sexenio a doce años, podría cumplir con todo lo que nos dijo que nos firmaba y nos cumplía).

Todo esto viene a cuento por la ceremonia de ayer en la capital del país por los fallecidos en los sismos de 1985. Tempranito, rayando el alba, en pleno Zócalo, bandera a media asta, funcionarios con caras de circunstancia -serios, tirando a tristes aunque pensando en qué van a desayunar-, discursos apropiados… y está bien, que sería una imperdonable majadería no ir -o ir chacoteando-, pero como se trata de autoridades, podría uno suponer que después de la inenarrable tragedia sufrida, nos dijeran ya el número real de muertos, jamás aclarado porque sería un atentado al buen ánimo del tenochca simplex aceptar (aunque fuera esta vez), cuál es la realidad, decirnos la verdad (que fue un volumen de edificios que cayeron, equivalente a los de Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial); y también podría uno esperar que cuando menos se hubieran mandado demoler todos los edificios que quedaron en pie por milagro y se sabe que van a fallar cuando haya otro terremoto de ese calibre.

Y la cereza del ‘mega simulacro’, que cada vez más es un  ‘mega fracaso’ (en Tlatelolco la gente nomás no salió), porque a fuerza de ocultar la verdad, lo que hemos conseguido es fomentar la irresponsabilidad colectiva, que por lo ingeniosos que somos  le llamamos ‘importamadrismo’, porque eso sí importa, no caer mal, ser simpáticos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: