viernes, 23 de septiembre de 2016

8086. EL TEATRO DE LA VIDA.

Por Isabel M. Glez.
Articulista y escritora.
Vie. 23/09/2016
01:44 a.m. Desde
Puerto Vallarta,
Jalisco. México. Para
Tenepal de CACCINI

La vida se encuentra llena de arte, rodeada de esos matices que nos hacen saborear cada trago amargo para disfrutar el dulzor de lo bueno, tiene su inicio, su conflicto que dirige tu vida y para cerrar el telón su final, ese que en algunos casos trae a sus espectadores lagrimas o sonrisas de la buena presentación.

Al nacer, atraemos la atención del público con ese primer llanto, dando nuestra gran actuación, y al ver un pequeño rastro de lágrimas en tus padres o sonrisas, sabes que vas en camino por el premio con el que siempre un actor ha soñado, y luego de la gran ovación entramos a la etapa donde una diva se apodera de nosotros, ocupamos cuidado completo veinticuatro por siete, mientras nosotros solo nos preocupamos por ordenar, “tengo hambre”, “no quiero dormir”, entre mil más.

Al ir creciendo cambiamos la escena y nuestra escenografía, ya podemos incluir un lenguaje corporal más amplio, y entramos a un musical, donde vemos volar una mariposa y comienza a sonar una canción de fondo destinada a ser el próximo hit mundial, y en conjunto bailamos siguiendo el bit que recorre nuestro cuerpo haciéndonos salir de un mundo real. Pero todo musical tiene su drama, y este empieza cuando ves que no todos se incluyen en tu obra, hay otros que durante tu musical de Hairspray se aburren porque en su mente resuena como un himno el fantasma de la ópera. Es entonces cuando tus cuerdas vocales emiten su última canción, su despedida de Broadway.

Y ahí estás, vagando por la calle tratando de encontrar el libreto que te guiará en lo que resta de representación, hasta que tropiezas con “La adolescencia”, y el protagónico te atrapa, te presentas en las oficinas de la naturaleza y audiciones para el papel con el que siempre soñaste, al entrar ves las caras de las personas encargadas de observarte, sin darte ánimos para seguir, pero pones todo de tu parte y sientes que es ahora o nunca.

Solo hay pequeños cambios para tener lo que siempre quisiste, modificar un poco tu timbre de voz y, renovar tu imagen personal, lo piensas pero aceptas, no te queda otra opción. Emocionado sales cantando con los recuerdos de aquel musical que un día protagonizaste, tus pasos te llevan por un camino donde te dirige instintivamente como las aves siguen los rayos del sol, y llegas a un punto donde no hay retorno, porque frente a ti, se detiene la obra, encuentras el más grande espectacular anunciando su reciente estreno “El amor”, sabes que debes pertenecer al elenco, pero tienes otro papel que ya has aceptado, así que decides alternar.

Las temporadas de ambas obras cuentan con más temporadas como si de cats habláramos, pero tu ni lo sientes, sigues en tu pasión por representar un papel que es hecho a tu medida, pero el destino se encarga de ir dejando notas para llevarte a tu próximo peldaño, donde encuentras la actuación más difícil que has interpretado, “Monólogos de la madurez”, aunque no la encuentras, te encargas de prepararte para protagonizar nuevamente, hasta que consigues un llamado para audicionar.

Con los bolsillos vacíos, una experiencia nula en idiomas, te armas de valor y entras, como toda obra, necesitas aprender todo sobre tu personaje, no es como la televisión donde un simple corte y post-producción pueden arreglar cualquier error, aquí sigues, si olvidas, improvisas, pero lo importante es llevar la obra por buen camino y conseguir ese aplauso del público antes de que el telón baje.

La primera función te sientes temblando cual gelatina, rezas y bajas a mil santos que ni tú mismo conocías y esperas todos los rituales intentados tengan efecto, al salir, sientes miles de miradas sobre ti, esperando cualquier error para escribir una reseña despectiva acerca de ti. Pero al finalizar y agradecer, observas como era parte de la experiencia, lo verdaderamente importante es que tú lo disfrutaste.

Y así continuas por toda una trayectoria en la que sumas premios, experiencia y aprendizajes que te ayudan a crear nuevos personajes, hasta que llega el momento donde tienes un sueño más que ser actor, y te vuelves el escritor de tu propia obra titulada “Vida”, donde creas tu mundo ideal y expresas tus sueños y dudas, pero por más que buscas actores, no hay nadie interesado en ti como escritor, es por ello que respiras y comienzas con el ensayo a prueba y error, donde tu escribes día a día una nueva escena.

Cada vez que lees una reseña sobre tu presentación magnifica, recuerdas todos los peldaños subidos para llegar a donde te encuentras, feliz, lleno de alegría y con el corazón en la mano, escribes el ultimo de tus capítulos, donde la remembranza de tus representaciones se hace presente y terminas tal como comenzó todo, con el llanto, pero ahora no es el tuyo, sino de tus espectadores que se han convertido en tu familia, y con ese aliento entrando a tu cuerpo, el telón cae y los aplausos ambientando retumban por el teatro.

Salen tus colaboradores para dar las gracias por el cierre de temporada y mencionan las palabras que describían tu opera prima “La vida es como el teatro, el telón marca el inicio y el final, pero no permite ensayar, porque cada capítulo es nuevo incluso para el escritor”.


Isabel M. Glez.

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