lunes, 26 de septiembre de 2016

8095. MACHISMO SIN MADRE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Machismo sin madre. 
El sábado pasado en la CdMancera, capital del país, se realizaron simultáneamente dos marchas que proponían cosas opuestas. ¡En esta esquina!, los que defienden la idea de que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer. ¡En esta otra!, los que defienden que también es familia la compuesta por dos hombres o dos mujeres.

En sistema métrico mexicano: los que se oponen a la iniciativa presidencial de incluir en la Constitución del país el matrimonio igualitario, fueron un bolón (tres kilómetros de gente, desde el Auditorio Nacional hasta el Ángel de la Independencia). Del lado LGBTTTI, fueron nomás muchos (menos de mil personas).

De un lado, básica pero no únicamente, católicos, hablando de la familia de Nazaret (Jesús, María y José), sin darse cuenta que esa familia así como que muy normal no fue, digo, nomás porque el Hijo que tuvieron fue del Espíritu Santo. Del otro lado, la comunidad LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero e intersexual), exigiendo respeto a sus derechos. Unos rezaron rosarios y enarbolaron imágenes religiosas; los otros fueron todo lo irreverentes que les dio la imaginación (la cartulina campeona fue la de: “El Ángel tiene chichis”).

Si no hay intenciones políticas o inconfesables, ambos lados fueron a perder el tiempo. Es cosa juzgada. Ya lo definió la Suprema Corte: la unión de dos personas del mismo sexo, es legal en todo el país, se llama matrimonio y pueden adoptar hijos. Nos guste o no. Punto.

Que el Presidente de la república se haya metido en ese berenjenal, al mandar la iniciativa para que el Congreso la agregue a la Constitución, no tiene mucha explicación, tal vez lo hizo por andar de queda-bien, quién sabe.

Parecería sencillo simplemente definir que toda persona tiene derecho a que se le respete, le guste lo que le guste, pero el asunto se complica mucho porque se relaciona con costumbres y creencias religiosas, pero la respuesta a los dogmas en que unos creen por revelación de Dios, no puede ser con otros dogmas revestidos de un carácter científico que no es tan científico.

Los de la comunidad LGBTTTI y algunos que sin pertenecer a ella son gente seria, como argumento indiscutible, insisten en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la ONU, ya aclaró desde el 17 de mayo de 1990, que la homosexualidad no es una enfermedad mental, al quitarla de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Y refuerzan su argumento, diciendo sin mentir, que la  Asociación Estadounidense de Psiquiatría, desde 1974, borró la homosexualidad de su ‘Manual diagnóstico de los trastornos mentales’.

Lo que no dicen es que las actuales directrices de la OMS, en la lista de enfermedades que aparecen en el CIE, Código 10, Capítulo quinto, lista de códigos de enfermedades mentales y del comportamiento, Sección F, aparecen entre otras, las siguientes:

(F64) Trastornos de la identidad de género; (F64.0) Transexualidad; (F64.1) Travestismo; (F65) Trastornos de orientación sexual; (F65.6) Múltiples trastornos de preferencia sexual; (F65.8) Otros trastornos de preferencia sexual; entre otros, insisto. Nada habla de homosexualismo, desde 1990 y hasta la vigente 10ª edición, pues, en palabras del grupo de expertos que prepara la edición número 11 del CIE, se recomienda  “la eliminación de la homosexualidad de la categoría de trastornos de orientación sexual para evitar que continúe estigmatizando a las personas LGBTI considerándolos enfermos”. ¡Ah!

La misma OMS de la ONU, actualmente afirma que “la orientación sexual por sí misma no debe ser considerada un trastorno”, pero agrega que “Los trastornos psicológicos y del comportamiento están asociados con el desarrollo y la orientación sexual”. Y también dice que sí es un trastorno si una persona casada “cambia de orientación sexual y quiere obtener el divorcio para vivir abiertamente su orientación sexual con personas de su mismo sexo”; y clasifica como trastornados a “Las personas que sienten atracción por otras de su mismo sexo pero que manifiestan su bisexualidad y aquellas que no están seguras de su sexualidad y experimentan remordimientos y problemas psicológicos por no aceptarse tal y como son”. O sea: no es enfermedad pero sí trastorno… y así, sin más gozan ya del derecho a adoptar hijos.

¿Por qué estos enredos de la OMS?... en palabras del grupo de expertos encargado de la revisión de la CIE, porque “Los problemas de salud relacionados con la orientación sexual pueden abordarse mejor mediante otras categorías de la CIE”. Está bien. Si ayuda, está bien: si así se ha conseguido que se deje de encarcelar, torturar o abusar de los homosexuales, está bien. De alguna manera había que detener tanta canallada. Pero no es un hecho científico. Es una decisión de orden social, si quiere usted, ético, pero no  un hecho de laboratorio.

Es parecido -pero al revés-, al debate interno de la OMS cuando se clasificó el alcoholismo como enfermedad, para quitarles la carga de desprecio social a los que hasta entonces eran unos viciosos y ahora son enfermitos.

Por cierto: sabe cómo le hizo la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en 1974... lo votaron. Estuvieron a favor de que la homosexualidad no se considerara como desorden mental, 5,854; frente a 3,810 que votaron por mantenerla. Y votar es el método menos científico que existe. Y no votaron para que adoptaran hijos.

Lo que es exigible es legislar con más seriedad y que en asuntos así de gordos no legisle la Corte: usar la palabra matrimonio para la vida en pareja de personas del mismo sexo, es de un igualitarismo insostenible: ahora es lo mismo padre que madre, qué sigue, qué vamos a hacer ahora con las palabras que derivan de ‘padre’, como patria o compadre, y con los apellidos que terminan en ‘ez’, formados con el nombre del padre, del hombre: López es hijo de Lope, González de Gonzalo, Pérez de Pedro, Benítez de Benito y ahora, por igualitarismo tendríamos que cambiarlos porque tener padre es de un machismo sin madre.

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