martes, 27 de septiembre de 2016

8099. SU PEOR RECUERDO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA


Su peor recuerdo.
‘Macita’ le decíamos todos a Joaquina, mamá del abuelo Armando, el del lado materno. El mote venía de ‘Mamacita’. Doña Joaquina nació en 1860 y murió dormida pasadita de cien, lúcida y dicharachera, sin haber estado jamás enferma de nada (es que vivir tanto no es sano). Pensaba como fue educada y su visión de la vida y el mundo, era divertida. Una vez, enterada que una de sus sobrinas bisnietas se había separado del esposo, sentenció: -Eso pasa por andar dejando a los chamacos escoger con quién se casan, eso es asunto de los mayores –tío Armando, su nieto, que era cuarentón y podía opinar, dijo que ha de haber sido horrible casarse sin estar enamorados y la viejita lo atajó: -¡Vaya!, pues, ahora, se casan porque se enamoran, después se desenamoran y se separan; bonito chiste, en mis tiempos te enamorabas después, o no, que no te casabas para estar enamorada, sino para tener hijos y educarlos… y yo acabé queriendo mucho a mi esposo -bueno, así pensaba. Otra cosa que nunca entendió fue que hubiera elecciones: -Ese mala cabeza de Panchito Madero fue el de la idea y miren nomás cuánta tragedia por andar pidiendo opinión a la gente… ¡qué va a saber la gente! –le digo, pensaba chistoso.


El del teclado escribe esto sin saber el resultado del debate de anoche entre la señora Clinton y el tal Trump. Es lo de menos. Faltan dos debates más y los medios de comunicación yanquis se encargan de tener al mundo con los pelos de punta, por lo que representa una audiencia cercana a los cien millones.

Antes ha dicho este López que le gustaría ver a don Trump sentado en el Despacho Oval de la Casa Blanca, por varias razones, la más importante, porque se va a gastar su fortuna en omeprazol, para aliviar los ardores del reflujo ácido por los berrinches que va a hacer cuando descubra que su poder está más acotado que el de la mayoría de los demás jefes de estado del mundo (ahí que le pregunte a don Obama), pues, básicamente, para todo necesita permiso del Senado y además, allá sí existe el ‘impeachment’, para mandarlo a volar (el Senado también), si se pasa de la raya en el ejercicio del cargo o les cae gordo  (recuerde nomás lo que le pasó a don Nixon). Puede hacer muchas cosas, sí, y buscarle problemas a su país con otros, sí, pero en los EUA los poderes fácticos (inimaginablemente inmensos), funcionan sin piedad para preservar sus intereses (pregúntenle a la familia Kennedy).

En segundo lugar, porque también sería muy divertido ver a nuestros políticos haciendo malabares con la lengua, para referirse a “nuestros primos del norte”, a “nuestros socios”, “nuestros buenos vecinos”, con un Presidente yanqui lenguaraz, maleducado, ignorante e irreverente como don Trump.

En tercer lugar, porque si de verdad hace el muro en la frontera, nos va a hacer un  favor, pues de algo servirá para frenar el tráfico de armas y municiones que le venden de su lado a nuestros delincuentes organizados; además de que le va a dar chamba a muchos trabajadores chicanos (ni modo que los güeros vayan a querer ir a pleno desierto a pasar incomodidades), al construirlo y al derrumbarlo, porque para lo único que no va a servir será para detener el flujo de migrantes indocumentados, que cerca de la mitad entran ya a los EUA por avión, con visa de turista y en cuanto haya muro, va a haber un puente aéreo de ‘charters’, flotillas de turismo marítimo y caravanas de autobuses para ir a ‘pasear’ por allá. Sin mencionar que habrá una gran fuente de empleo en una industria hoy artesanal, que se convertiría en muy floreciente: la Constructora y Habilitadora de Accesos Profundos Ocultos, la CHAPO, S. A. de R. L., que va a dejar como queso gruyere la frontera.

En cuarto lugar, porque cuando nos quiera cobrar el muro con un impuesto del 35% a los autos que acá se hacen y ellos importan, como dijo, va a quebrar a su propia industria automotriz, que nos vende la mayor parte de las piezas de los coches que aquí nomás armamos; aparte de que México se vería obligado a responder con medidas compensatorias y no se ha enterado Trump que en 2015, México le compró a los EUA, más que Alemania, China y Japón juntos (236 mil millones de dólares): somos el segundo país que más le compra a los EUA, después de Canadá, a ver cómo revierte eso sin hundir a su propio país, y no nos aguantaría una guerrita comercial, entrenados nosotros más de 200 años en este deporte extremo de ser mexicanos y vivir a la cuarta pregunta, pero ellos, los ciudadanos yanquis le van a armar un gran alboroto nomás si no les alcanza para su cubeta de palomitas en el cine (dice la Cámara de Comercio de los EUA, que don Trump, con sus cosas, causaría la pérdida de 6 millones de empleos).

En quinto lugar porque si de verdad deportara gente masivamente, tendría que hacer operaciones a una escala que recordaría al mundo las deportaciones de minorías étnicas de Stalin en la entonces URSS, que él mismo, platicando con Churchill, estimó en 10 millones de personas… y luego se va a hincar para que regresen, porque reventaría la economía de estados como California, Texas, Illinois, Nueva York y Florida; quebraría su agricultura y su industria de la construcción, y muchas otras industrias en que la mano de obra de inmigrantes sin documentos, es fundamental (según “BBVA Research”, los trabajadores migrantes, con y sin documentos, aportan el 8% del PIB de los EUA).

De cualquier modo, tenga presente que Hitler llegó al poder a fuerza de votos, igual que Mussolini en Italia, que de diputado pasó a Presidente del Consejo de Ministros por un voto de confianza del Parlamento -316 a favor, 116 en contra y 7 abstenciones-, y a estos igual que a Trump, nadie se los tomaba en serio… luego, ya ve.

Sí parece difícil, pero Trump puede ganar, no sería la primera estupidez decidida por mayoría, y si nuestros gobernantes, sin zalamerías ni sonrisitas de limosnero, nomás dignos y firmes, no ceden nada en cuestión de derechos humanos ni tratados comerciales, su triunfo será su peor recuerdo.

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