miércoles, 28 de septiembre de 2016

8103. MAÍZ SAGRADO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Maíz sagrado.

Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo.
Leon Tolstoi (1828-1910)
Escritor ruso.


Recuerdo que hace años con un grupo de amigos, Javier, Nacho y Sergio, nos adentramos en las profundidades de los bosques con la finalidad de llegar a lo más alto del Tancítaro. Salimos de Morelia mucho antes de la alborada, tomamos un camión guajolotero que nos llevó lejos de la ciudad, aún estaba oscuro cuando comenzamos a caminar por las veredas que cuesta arriba nos llevarían a la cima de la montaña.

Después de caminar casi dos horas llegamos a una comunidad llamada La Florecita formada por unas cuantas chozas. Apenas comenzaba a salir el sol. Nos acercamos a una choza, un par de perros nos dieron la bienvenida ladrando ruidosamente,  un anciano salió a nuestro encuentro acompañado de tres niños, todos tenían en la piel del color de la tierra.

Gallinas y algunos cerdos comían en los alrededores. “¡Buen día, Pasen!, dijo el hombre con una sonrisa en el rostro” “¡llegan a tiempo para almorzar!”, era como si nos estuvieran esperando, los niños también sonreían tímidamente, medio ocultos detrás de su abuelo.

Sorprendidos por la hospitalidad del viejo, entramos a la choza en donde una mujer cocinaba cerca de un fogón. Los perros permanecieron afuera. A la entrada de la choza, detrás y a los lados había sembradíos de maíz, entre las plantas de maíz había también plantas de calabaza y otras especies desconocidas, y flores, muchas flores.

El anciano cortó unas cuantas mazorcas de maíz y las colocó entre las brasas, mientras, la mujer nos dio una taza de café y un pedazo de pan: “Es pan de maíz”, dijo. El calor del fuego, el olor del pan, del café y de la leña se esparcía en la choza. La familia parecía feliz de que estuviéramos ahí.

“Muchos jóvenes pasan por aquí de camino a la montaña”, dijo el anciano, “nos alegra que nos visiten”, agregó. “Somos estudiantes y queremos llegar a la cima de la montaña antes de que se meta el sol”, dije yo a modo de explicación. “Si quieren llegar antes del anochecer tendrán que comer bien porque no es fácil caminar 8 horas cuesta arriba”, explicó el hombre.

La mujer nos acercó unas tortillas negras recién hechas, nunca antes ví tortillas de ese color. La mujer notó nuestra sorpresa y dijo: “Son de maíz prieto por eso tienen ese color”, al mismo tiempo nos acercó a cada uno una taza con frijoles de la olla. En el centro de la mesa de madera puso un molcajete de piedra con salsa de chile y jitomate.

Mis amigos ni siquiera hablaban, se veía que disfrutaban del inesperado banquete que esa humilde familia nos compartió, devoraban las tortillas una tras otra ante la mirada sorprendida de los niños que nunca antes habían visto a nadie comer como lo hacían mis amigos. “Coman, coman porque necesitarán mucha energía”, dijo la mujer.

En la entrada de la choza y en otras partes colgaban racimos de mazorcas de maíz de diversos colores, negro, azul, amarillo, rojo, otras mazorcas permanecían con su envoltura natural. En una esquina había mazorcas de un vivo color  rojo: “Ese maíz es especial, lo utilizamos en la fiesta de la divina sangre de Cristo”, dijo el hombre. “Cada color tiene un significado especial, el maíz simboliza la abundancia de la Madre Tierra, por eso lo colocamos en toda la casa, para nosotros el maíz es la vida, es un regalo de Dios”.

Nos despedimos de la familia que no aceptó recibir dinero a cambio de su comida y de su hospitalidad, antes de partir nos regalaron el maíz cocido en sus hojas y un poco de pan de maíz. Nos fuimos llenos de agradecimiento a esa buena gente que tiene muy pocas cosas para vivir, y vive feliz.

Recordé ese viaje al Tancítaro en donde me dí cuenta que la vida de las familias rurales de miles de pueblos perdidos en las montañas giran en torno al maíz, es el grano que alimenta a la familia y a los animales.

Este 29 de septiembre se celebra el Día Nacional del Maíz, que es mucho más que un alimento. A los gobiernos no les importa preservar el maíz, al contrario, éste y a los anteriores gobiernos han sido cómplices de las trasnacionales de la muerte que, como Monsanto, intentan destruir nuestra riqueza agrícola para convertirnos en esclavos. ¡Sin maíz no hay país!

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