jueves, 29 de septiembre de 2016

8107. “EL LEÓN CREE…”

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

“El león cree…”
Se organizaba la celebración de los primeros 50 años de matrimonio de los abuelos maternos de este menda, don Armando y doña Virgen (Virginia, la de los siete hijos). El evento fue a iniciativa de las hijas, sin tomar en cuenta que la feliz pareja llevaba 43 años de no hablarse (y dormir separados). Compuestos algunos obstáculos menores como la rotunda negativa inicial de los festejados y que a la misa no iría el abuelo (y no fue, ni para casarse entró al templo, donde fue representado por su mejor amigo), y después de preparativos como para el desembarco en Normandía, las señoras del informal comité organizador, cayeron en cuenta de que era necesario encontrar un buen hotel -no caro y no lejos del lugar de la fiesta-, para sugerirlo a los que llegarían de fuera (tío Manuelito vino desde Dallas). Una de las tías -Carmen, que era buenísima regateando-, quedó a cargo de hacer una lista de hoteles con ayuda de la Sección Amarilla del directorio telefónico y de conseguir una buena tarifa. En la siguiente reunión informó a las demás y -por precio y buena ubicación-, sugirió uno, pero otra tía, Tina, brincó: -¡Ese no!, que tiene camas muy chiquitas -… enmudeció el palenque, todas la miraron, a tía Tina se le fue poniendo la cara de color rojo subido y cuando le empezó a crepitar la raíz del pelo, se retiró muy seria. Ni a la fiesta fue.

Ayer, en la inauguración de la Semana Nacional de Transparencia (evento cómico-excéntrico-musical), el Presidente de la república en breve pero sentido discurso, resaltó la trascendencia de haber creado los sistemas nacionales de Transparencia y Anticorrupción, y arrebatado por su republicana epifanía, casi nomás faltando que se abrieran los cielos (el techo), para que se oyera la voz del Altísimo (laico, en este caso, laico y tricolor), diciendo “Este es mi hijo muy amado en quien tengo mi contentamiento”, los presentes atestiguaron la apoteosis de don Peña Nieto, quien en el éxtasis de su conversión, dijo:

-“Hoy en día hay un nuevo paradigma que hace más visible el comportamiento no sólo en el ámbito del sector público, sino también en el privado, porque la corrupción es algo que lastima a la sociedad, pero es un tema que se ha extendido a todos los ámbitos porque no hay nadie que pueda atreverse a arrojar la primer piedra de algo que como sociedad estamos queriendo desterrar” (trompetas, coro celestial, arpas y pífanos).

¡Chin!, desaprovechó, hubiera quedado mejor que dijera: “Un nuevo paradigma os doy, no os robéis los unos a los otros”. De cualquier manera, quede en la memoria nacional y conste que en cosa de corrupción, nadie puede atreverse a arrojar la primera piedra.

Y en ese rapto místico, agregó que “(es) una convicción del Estado mexicano de desterrar prácticas arcaicas que las nuevas generaciones ya no admiten” (sic 1: sobra el “de” en “desterrar”; sic 2: donde dice “prácticas arcaicas”, léase, robadera; sic 3: donde dice “las nuevas generaciones”, espérese posterior definición: ¿los de menos de 30 años?; ¿no incluye a los de más de 60?; ¿obtuvo el dato del cunero del Hospital Infantil?).

Señor Presidente, con el debido respeto: de entre las 93,111 palabras del idioma español, ‘paradigma’ es la única que no encaja con lo que quiso decir. Paradigma es ejemplo o ejemplar, y nomás no pega con lo que dijo (“… hay un nuevo paradigma que hace más visible el comportamiento…”; ¿hay un nuevo ejemplo?; ¿hay un nuevo ejemplar?... de plano, ni con calzador). Y las otras acepciones de ‘paradigma’, menos entran, la segunda es ‘teoría’ (¿la anticorrupción es una ‘teoría’?), la tercera acepción de ‘paradigma’ se refiere a cosas de fonología, morfología y sintaxis (sin comentarios); y la cuarta, corresponde a cómo se organizan las palabras que admiten modificaciones flexivas y derivativas (lo que sea que eso sea, pero no es nada relacionado con un nuevo modo de ver, de  poner atención en el tema de la corrupción, que supone uno fue lo que quiso decir el que lo dijo).

También con el debido respeto, señor Presidente: ¿el estado mexicano tiene la convicción de desterrar la corrupción?... de verdad, sin sorna: no es recomendable tanto candor o creer que la gente vamos a creer tales extremos discursivos: el Estado, entendido como sinónimo de Gobierno, de ninguna manera tiene esa ni ninguna convicción, pues lo forma una numerosa burocracia y ningún connacional en dentición le va a creer que el Gobierno detesta la corrupción (Veracruz, rinconcito de patria… nomás por poner un ejemplo).

Con el debido respeto, señor Presidente, ¿en serio nos dice que se va a combatir la corrupción porque a las nuevas generaciones de plano no les cuadra?; o sea: ¿si no incomodara a la gente la robadera, no la combatirían?

Y por último, señor Presidente, con todo respeto, ¿de verdad, en serio, cree que nadie puede arrojar la primera piedra?... porque si eso piensa, resulta que ahora nos venimos a enterar que usted piensa, señor Presidente, que todos los mexicanos andamos en la danza de los millones, que somos un pueblo corrupto.

No estamos hablando de una señora que va retrasada a dejar a sus hijos a la escuela, se pasó un alto y le coqueteó al de Tránsito; ni del cartero que se roba un mes sí y otro no, el Playboy del viejito del 7 que se suscribió para recordar idas glorias y soñar en imposibles proezas. No, señor Presidente, la corrupción que nos tiene a todos los tenochcas hasta la coronilla es la de alto octano, la inmensa nata de corrupción de falsos empresarios y funcionarios del más alto nivel, la que ejerce un exclusivo club de poderosos e importantes, que no todos, porque aunque a usted, señor Presidente, le parezca increíble, sí hay políticos y funcionarios honestos, que hasta entre perros hay clases y entre combis, rutas. Y aparte, también, la otra corrupción, la de las convicciones, las trampas electorales, por ejemplo.

No fue una feliz idea decir lo de ‘la primera piedra’ porque si eso piensa, sin quererlo nos recordó otra frase, esa de que “el león cree…”

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