martes, 4 de octubre de 2016

8125. ASÍ NO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Así no.
Tía Meche a los 45 tuvo a Leticia, como santanazo póstumo de su marido. A tía Meche le decían en la familia paterno-autleca, tía Mocha, pues era un poco más católica que el Santo Padre. Leticia se casó a los 18 y se divorció de 22, lo que para tía Meche fue una tragedia que hubiera infartado a Sófocles. La primera providencia que tomó fue llevarla a vivir con ella, para evitar con marcaje personal y de zona, cualquier posibilidad de pecado, pues las prendas anatómicas y el carácter de Leticia, propiciaban todo pensamiento desfavorable a la virtud de la castidad. El detalle era que Leticia llegó con sus dos nenes, que Herodes hubiera querido vivieran en sus tiempos para quedar justificado ante la historia, así de malcriados y berrinchudos, eran. Tía Meche, al año, lucía agotada, de ánimo pesaroso y ya rara vez la visitaba nadie (eran terribles los mocosos). De repente (sorpresas de la vida), empezó a organizar fiestas y cenas, a mandar a Leticia a la capital, con cualquier excusa… hasta que antes que pronto, su niña ya tenía ‘novio’ en la Ciudad de México (¡bendito sea Dios!), un señor divorciado también (¡pelillos a la mar!). El día que se casó nomás por lo Civil, no mandó decir una misa de acción de gracias porque era muy mocha, pero casi.

Ayer se supo el resultado del plebiscito en Colombia. Se consultó a la población si aprobaba el Acuerdo de Paz que firmó su gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-, y la mayoría dijo “NO”. Con un abstencionismo del 63%, el apretadísimo resultado, 51.21%, fue por el NO; 93,894 personas hicieron la diferencia de un padrón de casi 35 millones de electores. Las encuestas decían que iba a arrasar el ‘sí’… ¿sí?, pues NO.

Ayer los principales diarios mexicanos acertaron al redactar el título de la nota en sus primeras planas: “Rechazan colombianos acuerdo de paz” (‘Reforma’); “Colombianos rechazan acuerdo con la Guerrilla” (‘Milenio’); “Colombianos votan NO a una paz sin justicia” (‘La Razón’); “Colombia dice “no” al pacto de paz” (‘El Universal’); “Colombianos rechazan perdón y paz con las FARC” (‘Excélsior’). Porque eso fue lo que hizo el votante: rechazar los términos del acuerdo. ‘La Jornada’, puso: “Colombia dice ‘sí’ a la guerra”; no, con la pena, pero no es cierto: todos los colombianos quieren la paz, pero no esa que pactó su gobierno, no a ese precio.

Las FARC nacieron en los primeros años 60 del siglo pasado, y a consecuencia de la represión bestial de su gobierno al Partido Comunista Colombiano, respondieron combatiendo con valor suicida. Durante más de 50 años le han causado muchos quebraderos de cabeza a su país.

Sin embargo, al paso del tiempo, las FARC fueron evolucionando de tal manera que en la actualidad, 33 países los catalogan como organización terrorista y la ONU señala a las FARC como organización que viola el derecho internacional humanitario y los Convenios de Ginebra, entre otras cosas, porque secuestra y obliga a combatir a menores de edad; secuestra adultos para obtener dinero por su rescate (a algunos los ha retenido más de 10 años); por trato inhumano o ejecución de sus rehenes y violación de mujeres y niñas (ampliamente documentado); por forzar a abortar a las mujeres que retiene y por más de 240 masacres de civiles que ha organizado (entre otras lindezas).

Pero no es lo peor: desde la década de los 80, las FARC empezaron a financiarse con el narcotráfico; primero, cobrando por cada gramo que producían los narcos (de ahí el nombre: ‘impuesto por gramaje’); luego, ya francamente coludidos con las bandas criminales (de 55 líderes de las FARC, 30 tienen solicitud de extradición de los EUA y orden de detención internacional de Interpol). Apenas el 5 de noviembre pasado publicó el diario ‘El País’ de España: “Un informe de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés), publicado este miércoles desvela que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ha aliado con los narcotraficantes de México para traficar cocaína en Estados Unidos (…) Las investigaciones muestran una relación de trabajo entre múltiples frentes de las FARC y organizaciones criminales mexicanas, incluyendo a los Zetas, el cartel de los Beltrán Leyva, el cártel de Jalisco Nueva Generación y el cártel de Sinaloa con el fin de transportar cocaína hacia Estados Unidos (…)”.

Por esto último es el interés de México y los EUA (y casi todos los países de occidente), en que se firme y mantenga ese Acuerdo de Paz, pues otorga apoyo financiero y técnico a los campesinos para que dejen de sembrar coca (159 mil hectáreas), incluye el retiro de las FARC de ese negocio y la entrega de información sobre todas las bandas con que han estado en tratos durante decenios. Será un golpe demoledor a la producción de la droga y a las bandas del narcotráfico, de tal calibre que ya desde ahora se planea su desmantelamiento y se tiene previsto atajar las posibles fuentes alternativas de suministro que buscarán. Si se cambian los términos del Acuerdo, quién sabe qué pase.

El pueblo colombiano no quiere este Acuerdo entre otras cosas, porque otorga el casi absoluto perdón a los integrantes de las FARC, por todo lo que han hecho (que no es poco: 220 mil muertos, 6.9 millones de desplazados, 45 mil desaparecidos y 32,753 secuestrados por dinero), y lo peor de todo: que se les concede el estatus de fuerza política, con 5 curules de senadores y 5 en la Cámara de Representantes, aseguradas por 10 años, ganen o no las elecciones.

Y a eso, a todo eso, es a lo que dijo “NO” la gente que votó por que se busque otro acuerdo.

No es aceptable para tanta gente que las FARC, consideradas por todo país civilizado una organización narco-terrorista, de repente, se transforme en parte del Estado. Hay precios que no se pagan y hay quienes no están dispuestos a eso a ningún precio.

Fueron casi cuatro años de negociaciones. Las discusiones, complicadas. El esfuerzo fue mayúsculo… sí, pero sólo faltó un ingrediente: la ética. Y así, así no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: