miércoles, 5 de octubre de 2016

8131. JÜRGEN HABERMAS: CIENCIA Y TÉCNICA COMO IDEOLOGÍA.

Por el Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez.
Sociólogo, docente universitario, investigador y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

JÜRGEN HABERMAS: CIENCIA Y TÉCNICA COMO IDEOLOGÍA

Este Sociólogo y Filósofo alemán, representante de la denominada “segunda generación” de la Escuela de Frankfurt de 1955 a 1959; publicó en 1981 la Teoría de la acción comunicativa, obra filosófica considerada de las más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Entre múltiples distinciones en el 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Es considerado el teórico alemán más influyente después de Heidegger.

Habermas en ensayo: Ciencia y Técnica como Ideología, trata de interpretar de qué manera el desarrollo y la introducción de los avances científicos y técnicos en la sociedad capitalista, como resultado del proceso de industrialización, se ha convertido en una ideología. Para explicar el avance de este proceso ideológico, Habermas parte del concepto de “racionalización” de Weber, definido como el modo en que las sociedades occidentales y en mayor o menor medida todas las sociedades del planeta, han venido siendo sometidas por esa ideología.

Ideología desde la perspectiva marxista, para Marx, una ideología es un sistema de representaciones del mundo (como la filosofía, el arte, la religión, el derecho, la moral…) que utiliza la clase dominante para legitimar su posición privilegiada frente a las clases oprimidas a un proceso de ordenamiento y sistematización con el objetivo de hacer predecible y controlable la vida del hombre o el sometimiento de los ámbitos sociales a los criterios de la decisión racional, esta racionalización implica una industrialización del trabajo que se va inmiscuyendo en todos los ámbitos de la vida, por ejemplo en los procesos sociales, políticos, económicos y con ello la tecnificación del trabajo y la comunicación (o interacción).

Para Habermas el trabajo viene siendo aquí una acción racional con respecto a fines y esa tecnificación es una manera de implantar una forma de control, que también puede entenderse como dominio, que al ser legitimado adquiere un carácter distinto, pues como apela a que la creciente productividad y dominación de la naturaleza, proporciona a los individuos una vida más confortable, los mismos individuos permiten que se legitime.

Con base en los planteamientos de Marcuse, Habermas plantea que la evolución del capitalismo, implica ese mismo proceso de industrialización y de desarrollo técnico, el sistema implanta la tecnificación a través de incentivos monetarios a los trabajadores, convenciéndoles de la garantía de una mejor calidad de vida, con esto, la sociedad acepta sin reparos esta forma de dominación, lo que Habermas define como comportamiento adaptativo y Marcuse como la función instrumentalizadora de la técnica para legitimar una forma de dominio.

Hay una ausencia de libertad inconsciente que no aparece ni como irracional ni como política sino como sometimiento a un aparato técnico que hace más cómoda la vida y eleva la productividad del trabajo. Entonces la racionalidad tecnológica respalda la legalidad del dominio. La racionalización de la sociedad se genera por la institucionalización del progreso técnico y científico (como fuerza productiva e ideológica).

Ahora con la evolución del capitalismo se puede hablar de un proceso llamado cientifización de la técnica, que resulta del intento de elevar la productividad a partir de la introducción de nuevas técnicas. Este proceso se hace manifiesto en algunos ámbitos de la vida humana: a nivel de las imágenes del mundo en la que se ha venido produciendo lo que Max Weber llamó una “desertificación de la vida”, es decir una creciente secularización de las creencias y los valores: a nivel de la acción colectiva, en donde la política, la economía, el derecho y demás instituciones de la vida personal se orienta de acuerdo a patrones funcionales de producción y consumo.

La primera fuerza productiva trata a base de estímulos más que por normas, que habrá un momento en que desaparezca el ámbito simbólico y sólo se busque la satisfacción de las necesidades y el incremento monetario fomentando sólo el deseo de adquisición de nueva tecnología.

Según Habermas las consecuencias negativas de la tecnocracia son que se le da poder a la ciencia y la técnica de influir en todos los ámbitos sociales, ajustándolos a sus necesidades y garantizando su reproducción; “la vida ahora se vuelve un ejercicio de acumular tecnología y de dejarse llevar por la voz del experto científico. Dejando de lado el ámbito simbólico y cultural.

En síntesis, el significado de la técnica se puede resumir con la siguiente frase (siempre prensando racionalmente)- “Si trabajas duro, podrás alcanzar una estabilidad económica y el bienestar”. El hombre tiene en sus manos la dirección de su progreso.

“El poder, el dinero y más concretamente los mercados y la administración, se apoderaron de funciones integrativas que antes eran desempeñadas por valores y normas consensuales, o incluso, por procesos de construcción de un entendimiento”.

Es que según Habermas es necesario que las masas se despoliticen y dejen de considerar a las cuestiones prácticas o políticas como el ámbito de mejora de la vida. Por lo tanto hace falta que la ciencia y la técnica se conviertan en la nueva ideología.

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