jueves, 6 de octubre de 2016

8137. DEL MERCADO Y PARA EL MERCADO.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Del mercado y para el mercado. 
Le consta que al del teclado muy rara vez le da antojo comentar cosas de otros países. Hace poco y por la importancia que tiene para México en el contexto de nuestra guerra contra el narcotráfico, le entró al acuerdo de paz que firmó el gobierno de Colombia con las FARC. Hoy toca turno a las elecciones en los EUA (y sólo por el dale y dale de alguna prensa en ponernos a temblar con el ‘Coco’ Trump).

Ayer, en su portal, ‘El Universal’ puso: ‘BM advierte duro golpe para México si gana Trump’. Entendido que ‘BM’ es el Banco Mundial, es para preocuparse, nomás que al leer la nota, no es el ‘BM’ el que lo dijo, sino Augusto de la Torre, economista en jefe del Banco Mundial para América Latina, lo que es importante, pero mucho menos que si fuera un comunicado oficial del ‘BM’. Como sea, lo cierto es que Trump forma parte de las pre-ocupaciones nacionales.

La pregunta es si de veras puede ganar. La respuesta es sí, aunque sea remota la posibilidad. Para empezar veamos con cuatro brochazos, cómo es el sistema electoral yanqui, que no se parece nada al de acá.

La votación allá es por estado, los votos dan o no el triunfo en cada estado y cada estado tiene un valor electoral, que es la suma del número de diputados y senadores que tiene cada uno; aparte, la capital del país, Washington D.C., tiene un valor electoral de 3. Cada estado tiene dos senadores, pero los representantes son en proporción a la población, por eso los votos electorales están en relación con la población de cada entidad.

Suena disparejo, pero así les gustó allá: si por un solo voto un candidato gana un estado se lleva el valor electoral completo de ese estado (el más poblado, California, vale 55 votos electorales; Texas, 34; Florida 27… y así, hasta otros que valen nomás 3); hay dos excepciones: Main, que vale 4, y Nebraska, que vale 5, en donde reparten proporcionalmente su valor electoral según la votación de cada candidato. El valor electoral del estado cae en manos del ‘elector’ del estado, quien representa al partido que ganó y junto con los electores del resto del país integra el Colegio Electoral, donde se elige al Presidente. Se llama ‘elección indirecta’.

Con este sistema, puede pasar y ha pasado que el candidato con más votos de la gente, no se trepa, porque ganó en estados que valían poco electoralmente. Por ejemplo, George Bush en el 2000, sacó  450 mil votos menos que Al Gore, pero ganó 271 votos electorales, y Gore sólo 266 (le hicieron trampa en Florida, gobernada por Jeb, el hermanito de George, otro día le cuento); y en el siglo XIX pasó tres veces (en 1824, 1876 y 1888, no le digo quiénes porque no tenemos el gusto, pero los tres, perdiendo en votos directos, fueron presidentes por lo que valían electoralmente los estados en que ganaron).

Además, aunque parezca obvio que los electores de cada estado, representan al candidato por el que votó la gente, si les pega la gana, en el Colegio Electoral votan por el candidato del otro partido. La Constitución de ellos no toca el tema. ¿Por qué?... pues porque antes, para llegar a Washington desde California se echaban un mes a caballo y al llegar se encontraban con que su ‘ganador’, había muerto o estaba en la cárcel, ni modo de regresar para que votaran otra vez, así que iba con permiso para hacer lo que mejor le pareciera según viera las cosas. Ha pasado en 10 ocasiones. Muy recientemente, en el año 2000 una electora de Washington D.C., se abstuvo de votar por el que representaba (Al Gore) y al revés, en la misma elección: el elector del partido republicano del estado de West Virginia advirtió que si Bush (su candidato), ganaba, él votaría por el demócrata, Gore (no ganó y no tuvo que hacerlo, pero es que se vale). Ya hay 5 estados que se supone prohíben el chaquetazo legal, pero jamás se ha aplicado pena alguna.

También puede pasar que haya empate de votos electorales. La Constitución de ellos dice que en ese caso, la Cámara de Representantes (los diputados), eligen al Presidente, entre los candidatos con más votos; y la de Senadores, al Vicepresidente; ¿por qué cruzadito?, porque el Presidente cuelga de la voluntad del Senado… y para que no haya arreglos, se los ponen los representantes. Pasó en 1801 y Jefferson se murió de nervios durante 36 votaciones del Congreso, hasta que ganó; y John Quincy Adams en 1825 fue Presidente también así.

Por razones que no vienen al caso (es que no las sé), las elecciones allá son el primer martes después del primer lunes de noviembre.

Votan los mayores de 18 años y se hacen muchas trampas en los comicios de la tierra de la democracia, muchas más que acá. Para empezar no hay registro nacional de electores, ni instituto electoral, ni credencial para votar.

La mapachada de allá es bravísima y no es raro que en algunos estados ande votando de casilla en casilla, porque se registraron en varias listas electorales y tampoco hay una sola boleta para votar en todo el país, hay votos por correo y electrónicos… un despelote. Hay impugnaciones y en casos extremos, como no tienen Tribunal Electoral, le entra la Corte del Estado y a veces la Suprema Corte del país. Aparte de trampas de redistritación y de eliminación de electores válidos de las listas (especialmente afrodescendientes, hispanos, obreros y gente pobre).

A la fecha, Trump no anda muy lejos de doña Hilary en votos directos, pero en votos electorales, al 4 de octubre, la diferencia es enorme: doña Hilaria trae en la bolsa la mayoría de los estados con más peso electoral. En resumen: la señora Clinton en las encuestas de los especialistas de los EUA, tiene el 70% de posibilidades de ganar: está muy cuesta arriba que don Trump la alcance, aunque en teoría no es imposible.

Nos la hacen de emoción los medios, porque en estos tiempos de competencia a muerte por anunciantes, lo que jale clientes es bueno, haciendo de todo negocio y a eso estamos llegando en el mundo, no a la democracia del pueblo y para el pueblo, sino del mercado y para el mercado.

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